lunes, 23 de agosto de 2010

María del Carmen Colombo


Sally La Lunga

felino de ceniza en la cimbreante
piel de labios revueltos
(gimen sus
nalgas
en el maquillaje)
agridulce de los senos
desordena la pena
mil pedazos
frente al espejo
liz
la pelirroja bailará roc an rol
algún vestido de papel glacé
y sus pestañas de velludo sexo
esa mujer a punto de volar





To See I

al compás de ese blues la mujer
se desnuda
le sale de la voz un viejo armiño
turbio
y deshuesado
el sol de algún zapato
brilla
como seno de lava
revolverá la noche con un pubis violáceo
frente al pezón opaco de su espejo





La Montaña

Si fuera segura
como una montaña --las cosas
claras, la palabra
precisa--. Si fuera calma, una
piedra de quietud, mi derrotero
culminaría --seguramente--
en la cima de cordura
y así colmada miraría
desde allí
un ojo de vértigo, el otro
abismo.





******

en las tripas de mi reloj
despuntan
grandes husos de gallo
qui qui ri quí
yo soy el que
recuérdalo
qui qui ri quí
tú la que no
ahora y en la hora



pero mis huesos
blancos y dispersos
en la noche
cantan de pie
no somos del cuerpo

oh mi mano de hojalata sola
cómo brilla
polvo eres pero brilla
un despojo:
—del cuerpo ya no soy



piedra fueron serán ojos?
islas deshechas aspas
en la miseria
a la deriva cuando saltan
del cuerpo ya no son



mira mira las orillas
remos rotos hacia
dónde?
pero la ceja olvida
se levanta del cuerpo:—ya no soy



no tengo el ver
no tengo el verbo
¿hay esperanza para mí?



yo soy el que
tú la que no



doblan campanitas
de cuello amarillo
tú también
por un oído de sombras
escucha
la mañana


(De "La muda encarnación". Último Reino, 1993)


Nota: *María del Carmen Colombo nació en 1950 en Buenos Aires. Ha publicado: La edad necesaria (1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas (1992, reedit. 1998); La muda encarnación (1993), La familia china (2000) y Los sueños del agua (poemas para chicos, 2010); además publicó Santo y Seña (publicación conjunta, 1984) y Folletín (Plaquetas del Herrero, 1998). Tiene un libro inédito: Bestiario sentimental. Ha recibido, en otros, el Primer Gran Premio de Poesía V Centenario (1992) y Mención Especial del Premio Nacional de Poesía, Producción 1996-1999 (2005). Integra antologías de poetas argentinos editadas en el país y en el extranjero -la más reciente Puentes/Pontes (Fondo de Cultura Económica, 2003)-. Colabora en diarios y revistas. Desde 1980 coordina talleres literarios.

Giovanna Recchia


de PLIEGUES ( Ediciones en danza, 2009)

Alguien podrá creer que es ácida
la pena
del despeñado si lo viesen
ahí
en el fondo
tumbado
quebrada la cintura
y la boca
en el sabor
que niega toda razón
todo saber del gusto
Nada tienen de cierto
el paladar
la lengua
No es ácida la pena
Es el abismo.





Huir del mundo sin el mundo a cuestas
si anhelar se puede
que el mundo te abandone
huérfano de mundo





de SED ( inédito)



(mudez)


Colores se desplazan
mareo del minuto en que llega la palabra
La forma de la duda
es un monstruo que se alza
sin rostro que nombrar
sin sombra
noche que le toma el cuerpo desmedido
y se abre
se estrella
se mutila

trizado el poema
fragmentos de la lengua
acobardada

(deseo)


Nocheser
me atrevo a ese deseo
sin luz hacerme y desnudarme
Nocheser
puede en signo
transmutarme
metamorfosis que rompa
capullos de crisálida


(incrédulos)


Hay un ojo abierto
(dentro
de este sueño)
Alerta al movimiento
irracional
de las imágenes
Indefensos
nos dejamos mirar
creyendo
estar despiertos



(señal)


En el reverso de la tarde se instala
el levísimo indicio
de una hoja caída
hacia el poniente
Paradoja de otoño
que señala
dónde la vida
promete


Nota:Giovanna Recchia nació en Trelew, Chubut, el 2 de Julio de 1973. Es animadora socio cultural y estudió letras en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Ha escrito y publicado ensayos y reseñas sobre Literatura Patagónica.
Recibió premios de poesía y ensayo en varios concursos y actuó como jurado en otros.
Se ha desempeñado como bibliotecaria y tallerista. Durante diez años coordinó un programa radial literario producido y conducido por jóvenes estudiantes de secundaria (merecedor en el año 2002 del Premio Nacional Gaviota de Oro).
Actualmente trabaja enseñando Lengua y Literatura en los colegios 761 y Camwy.
Tiene publicados dos libros de poemas: La infinita (Editorial de la UNPSJB, 2001) y Pliegues ( Ediciones en danza, 2009).

Eduardo Mileo


De Mujeres (2ª edición, Ediciones en Danza, 2005)

De la sección “Elena imaginada”

LA PRIMERA vez que fue al zoológico
se quedó sorprendida por las focas.
Los gritos
los aplausos la turbaban
de esos bellos animales de festejo.
Deseó, entonces, ser actriz.

La segunda vez que fue al zoológico
se quedó sorprendida por los tigres.
Los ojos
los omóplatos le daban
ese aire hipnotizado del encierro.
Deseó, entonces, ser mejor.

La última vez que fue al zoológico
fue ayer.
Se quedó sorprendida
por la ausencia de animales
y pensó
que mejor sería
dejar en paz a esa gente
que arrojaba galletitas al aire.



De Poemas sin libro (Ediciones en Danza, 2002)

La raya muerta
a Raúl Mileo


En su ademán inmóvil suspendida,
aparición en el alud de espuma,
esperando ya no,
desesperada,
la raya muerta.

Encadenada a su espejo de arena
como los astros a su elipse, quieta,
cielo de bocas entreabiertas,
la raya muerta.

Muerta sin fin, sin alas, ciega.
Pájaro de tierra.
El mar la cubre y la descubre. Juega
con esa niña sin muñecas.

Para la luz del sol.
Para una catedral de luz desierta.
Para la vida sin la vida. Huella.
Vuelo de hondura de la raya muerta.
Raya no de diálogo.
De fin.
Página suelta.

Rumor de mar.
Amores en América
desaparecen de su puerta.
Brilla el frío solar y apaga el cielo.
Abre los ojos la raya muerta.

No raya de pasión.
No de quimera.
Ni de alegría ni de esperma.
Virtud del agua que en el agua queda.

A su salud postrera,
el ojo del crepúsculo se incendia.

Raya sin alas.
Pájaro de guerra.
Murió de un pescador que vive en pena.
En el fondo del mar
la vida late.
Pero es del aire lo que vuela.





De Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007)

San Cayetano

Es un día de fuego.
Estalla en los ojos
el sol de la cúpula
y es un incendio de odio la campana.

Cantan los fieles una fe que se apaga.
San Cayetano tiene la espiga marchita.

Pero bailan como alambres
las filas de fidedignos,
las columnas encendidas de la grey.

Es un día de fuego
porque hay fuego en los ojos
porque es de fuego el rostro que confía.

Es de fuego y tiene hambre.
La sombra no se come.

Ya no se bendice el agua.
Dios no tiene perdón.

El que está sin amor
o el que está sin trabajo
abandona la fila de creyentes
y camina junto a las paredes
escritas por los herejes.



Inédito

Aullidos
(Edvard Munch, 1863-1944)

Del otro lado de la calle
se escuchan todavía
los gritos.
Una sirena
le pone música
a la distancia.

Casi todos
los días
lo mismo:
el silencio no para
de sonar.

Pero esos gritos
hoy
y la sirena,
el estilete entrando en la garganta.

No es universo
todavía
mi angustia.
Pero siento ya el campo
sembrado.




Nota:Eduardo Mileo nació en Buenos Aires el 4 de julio de 1953. Editó los libros Quítame estas cruces (Ediciones del Escuerzo, 1982), Tiendas de campaña (Trocadero, 1985), Dos épicas (junto a Alberto Muñoz, Filofalsía, 1987), Puerto depuesto (Último Reino, 1987), Mujeres (Último Reino, 1990; 2ª edición: Ediciones en Danza, 2005), Misa negra (Último Reino, 1992), Poema del amor triste (Ediciones en Danza, 2001), Poemas sin libro (Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, Ediciones en Danza, 2002), Muro con lagartos (Ediciones en Danza, 2004) y Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007), y el casete Mujeres (Circe/Último Reino, 1989), donde recita poemas del libro homónimo y otros. Junto a Alberto Muñoz, es autor de la obra de teatro Misa negra. Junto al compositor Raúl Mileo, editó los CD A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista. Fue miembro del Consejo Editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón hasta su último número, en 2001. Junto a Javier Cófreces y Alberto Muñoz, dirige el sello de poesía Ediciones en Danza. Integró la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA).

Carlos Barbarito


Debe existir un modo, una forma...

Debe existir un modo, una forma
de recoger lo perdido,
de apropiarse de todo aquello
que devino externo, separado.
Pero, cómo superar lo que uno es,
la bruma que uno es,
la vaguedad que a uno lo habita.
Cómo, me pregunto,
tornar sólido lo que el día licua
mientras paso, como tantos otros,
de la luz a la sombra
y de la sombra a la luz
mientras los pájaros anidan
en techos que la lluvia y el viento,
inexorables, desgastan.
A la voz acude una gota que cae,
un párrafo difuso,
un humo que oscurece el vidrio,
un sabor neutro, sin espesor, en la boca.
Debe existir, en tierras lejanas y altas,
otra manera de calzarse,
de abrir la puerta,
de correr la cortina para ver el cielo,
de dormir, soñar y despertar.




Qué somos al final de los días, cuando...


Qué somos al final de los días, cuando
cada cosa enmudece y se encoge.
Nadadores, tal vez, pero en un agua
que se va quedando de a poco sin sustancia.
O, tal vez, lectores del Gran Libro
del que, pese a cuidados y afanes,
nos salteamos párrafos enteros
y de su contenido, que todo lo abarca,
apenas si vemos un perfil, un vislumbre, un recorte.




Si le acercaran un cobertor, un bálsamo...

Si le acercaran un cobertor, un bálsamo,
un capítulo sin dolencia ni crispación,
un vientre de recobrada pubertad,
una espalda blanca capaz de soñar y despertar
sobre el lado celeste de la piedra,
sobre el lado terreno de la lluvia.
A qué nacer con sal en lo lastimado,
con lenta muerte que el dolor devana;
a qué acudir en días de vinagre,
de gusano perforador del pan,
de cuartos rotos, de horas harapientas
en los que la única rueda que gira
es la que mueve el cobayo,
en los que la única visión
es la de escarcha a la que nada raspa ni conjura.
Lo sé, qué lejos, ahora, su mínimo alimento.
Qué cerca, ahora, su hambre infinita.
Si le procuraran una voz repujada,
una sólida viga en su techo,
un renovado despertar
con vista al amor, el alba, los gorjeos...


Nota:Carlos Barbarito nació en Pergamino, Argentina, el 6 de febrero de 1955. Su obra literaria comprende diecisiete libros de poesía y dos de crítica de artes plásticas. Premios y distinciones: Premio Fondo Nacional de las Artes, Premio Dodero de la Fundación Argentina para la Poesía, Premio Bienal de Crítica de Arte Jorge Feinsilber, entre otros. Sus textos sobre arte y literatura y su obra poética están traducidos, en parte, al inglés,al francés, al portugués, al persa, al catalán y al holandés.

domingo, 22 de agosto de 2010

Fogwill


LLAMADO POR LOS MALOS POETAS

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles...)

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web...).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor...)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!





VERSIÓN(de VERSIONES SOBRE EL MAR)

El mismo mar nos pierde: nos encuentra
y nos pierde con su pulso marino.
Y con su eterno nunca nos despierta
del siempre breve sueño de un camino.
Pero no hay mar: el mar es solo ausencia
en la sílaba mar: pasa el sonido
y queda el hombre frente a un mar que inventa
y pierde entre los pulsos del sentido.
Pulsos del mar que intermitentes traman
su recomienzo siempre suspendido.
Fondo que es forma, superficie y pausas
de un deseo en rompientes que reclaman
perderse por partir o estar partido
y aquí quedarse en un hacer sin causas.

VERSIÓN(de VERSIONES SOBRE EL MAR)

Soy yo al mirarla y ella ya no es ella
sino yo en ella y ella en mí. Al mirarla
soy la mirada y soy lo que por ella
en ella me convierte al reflejarla.
Es como un mar, y como al mar, la huella
de erosión y de azar llama a desearla
allí, donde ficticia es real, y es bella:
tras la verdad de la ficción de amarla.
Hay un pulso marino que me lleva
a perderme en las aguas del abismo
llamado amar por un amor que juega
a convertirme en ella y en mí mismo
hundiéndome en su mar para sumarme
a la que hace nacer de mí al mirarme.

VERSIÓN(de DIALOGOS DEL AIRE)
por Once


Fumar: quemar un tiempo acumulado
por el trabajo humano en el tabaco.
Colmar la nada que parece el aire
con las formas del humo contrololable.
Llenar todo vacío con los sueños
de otros que por ajenos son más nuestros.
Tramar con las imágenes triviales
de los medios, nuestras escenas reales.
Placer pequeño, humano, tolerable.
Social, fiscalizado, numerable.
Fumar: desear que lleva hacia un deseo
de volver a desear buscando el nuevo
desear que nunca cese y siga ardiendo
y en sed que arda insaciada arder viviendo.

VERSIÓN(de DIALOGOS DEL AIRE)
por Catorce


El placer de fumar, el placer de quemar
lo que nos llega sólo para ser consumido
y en eso se consuma. El placer de encontrar
en la nada del aire un sabor conocido
un aroma sin nombre, conocido, habitual.
El placer del colmar el aire, este vacío
con el cuerpo del humo que se disolverá
en la nada del aire cesando, convertido
en deseo de volver a desear y volver
otra vez a desear persiguiendo un deseo
intacto que no cese ni se apague al prender
la brasa y que arda en ella convertido en un fuego
ínfimo y casi interior y casi eterno y lento
como el hombre, aspirado desde un vacío del tiempo.

VERSIÓN (De Fuego de las Imagenes)

Jeinseits Der Lustsprinzip

El poco peso, el paso de la vida
su identidad perdiéndose en el tiempo
volviéndose memoria y disolviendo
tu "hoy" en su ayer, tu "ya" en visión perdida.
La libertad, apenas sostenida
por la escena que traman unos sueños
de libertad: sin peso, en piso incierto
se funda la obra para pasar la vida
que en ella pasa. ¿O pasa por ser ella
y por ser paso no es sino su huella
en la memoria..? Si ya hoy lo que yo era
no es lo que soy: ¿El hoy no es una espera
de alguien hacia quien voy sin saber cuándo
me alcanzará y soy yo y me está llevando..?

VERSIÓN (de Nueve Lieder)
Will will fulfil the treasure of thy love/ Ay, fill it full with wills and my will one... W.S.

Se vuelve hacia la nada y vuelve a mí
y en mí se vuelve nada este deseo
sed de niebla que niega ser allí
para afirmarse en el aquí que creo.
Pensada sed: nombrándola viví
y ví niebla en los signos donde hoy leo
dos nombres en el nombre que de mí
solo nombra un desear no ser deseo.
Ser sed de hacer que al no cesar saciada
sea saciada en mas sed y crezca haciéndose
como la niebla entera ya colmada
de sí y de luz oulta un mundo yéndose.
Desear ser sed: volverse sed deseada
ser toda sed vivida en sed viviéndose.

VERSIÓN(de Sentimiento de Sí)



CONTRA EL CRISTAL DE LA PECERA DE ACUARIO

(1999)



La tibia luz
azul
titila en la pecera

la tibia luz
titila
azul
por la pecera
de nuestra era

tibia
la luz
de la pecera
titila
en nuestra era

en la era
de la pecera
de acuario

en la era titilante
y tibia




*****




¡Somos
los entibiados!

los que en la era
de la pecera
nadando
acariciamos
el cristal
que reproduce
la tibia luz
de nuestras formas
reflejas



*****


Aquí
reflejo
somos

juntos
en la pecera
estamos

puros reflejos
de la pecera
nadando
solos
nos deslizamos
envueltos
en su atenuada
y tibia
luz

luz azulina
no mortecina:

medida
retenida

luz contenida
en el vacío artificial
donde la ínfima materia
repite, contenida
su combustión artificial


*****




La tibia luz
la tibia luz
la tibia luz
titila

o vibra, azulina
entibiando todo




*****


Ay tibios
habitando
la hora interminable
de nuestra flotación interminable

ay peces
envolviéndonos
en esta música
del burbujeo del aire

oyendo
juntos
el ronroneo de la tibieza
el burbujeo del aire
el borboteo del bienestar
la vibración de la pecera

aire insuflado
esferas elevándose
como nosotros,
siempre buscando
la superficie
de la pecera

siempre encontrando
donde estallar
fuera de la pecera

ahí:
alto en el agua
donde termina el agua


Nota:Rodolfo Enrique Fogwill (Buenos Aires, 1941-2010) escritor y sociólogo. Ha escrito poemas, cuentos, novelas, ensayos sobre temas relacionados con la comunicación, literatura y política. El efecto de realidad, 1979 (poesía), Las horas de citas, 1980 (poesía), Mis muertos punk, 1980 (cuentos), Música japonesa, 1982 (cuentos), Los Pichiciegos, 1983 (novela), Ejércitos imaginarios, 1983 (cuentos), Pájaros de la cabeza, 1985 (cuentos) ,Partes del todo, 1990 (poesía), La buena nueva, 1990 (novela) ,Una pálida historia de amor, 1991 (novela), Muchacha punk, 1992 (cuentos) ,Restos diurnos, 1993 (cuentos), Cantos de marineros en las pampas, 1998, Vivir Afuera, 1998 (novela), La experiencia sensible, 2001 (novela) ,Lo dado, 2001 (poesía), En otro orden de cosas, 2002 (novela), Urbana, 2003 (novela),1 Runa, 2003 (novela) ,Canción de paz, 2003 (poesía), Últimos movimientos, 2004 (poesía).

sábado, 21 de agosto de 2010

Liliana Piñeiro


medida



quién calcula
mi pecho, mi pie?

de tal suerte, aguda longitud:
un metro de traición
dos de desprecio


****


(la medida de quien mide)







fugit amor


corrida del eje
enmudecida

prenda de intercambio

huyendo
sin la cara de mi madre
he amado


****


(desvestida ante la ley
nada puede justificarme)




camille


tu cuerpo frío me dispara
nena te vas?
madre te vas?
qué hacer ahora
propia y ajena
enhebrando

músculo y nervio
nudo de manos
curva y pezón

sola te tiemblo

mediodía
el silencio ha caído
vertical
en cada dedo
en cada uña

vena por vena
te lloro amorosamente
un escultor se despide
de su obra


****



(lo que sobreviene cuando
apartamos lo que sobra)








amniótica


es la hora
tu abrazo es implacable
y no hay virtud
cada talón en su arco
designio cervical
un talle, dos columnas

no me desnudes, madre
no me desnudes

por la frente sufro
mi sien impar
tenso la cuerda en su vocal
el pulso se alborota en orfandad

abierta la membrana
flanco abajo
miseria de las ingles
frontal
quedo con mis poros
y sin causa

nada calmará esta sed
de extremidades

no me desnudes, madre
no me desnudes

abandonas en la orilla?

desamparas tu hija
bajo una estrella
hostil?


****


(nacer está lleno de voces)

Nota:Liliana Piñeiro nació en Buenos Aires. Es poeta y psicoanalista.
Publicó en el año 2000 Algo sobra en las delicadas patas de los insectos (Editorial La Letra Muerta) y es coautora del poemario Moebius (Meridiana poesía, 2008).
Colabora con el blog y Revista La Otra, donde ha publicado diversos artículos sobre cine y participa, con otras poetas, del blog de poesía Meridiana.
Recibió el Primer Premio Iniciación Poesía otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación (1988) y el Primer Premio Poesía en el segundo certamen literario organizado por Lugar de Mujer (1992).

jueves, 19 de agosto de 2010

Arturo Carrera


La tardecita

Se acerca la primavera,

Marcia me odia, tanto
como yo amo a Lesbia, y
Catulo la amaba…

Ella dice que es obscena
la manera de referirme a mis amigos;
que soy, en resumidas cuentas de collar,
una máscara ya obscena y amenamente
indeseable

Una máscara del teatro de la infelicidad.

Pero estamos en el campo.

El sol alto y tardío.
El sexo en los cogollos del almendro.
La luna por despuntar…

…el durazno japonés relampagueante,
brillante rosado como nunca ví. Vacío,

vacío vertiginoso como tu voz brillante
contra el viento iluminado y el infierno musical
de tus estupideces.

Tu voz brillante. Tu voz ¡poética!

¿Recuerdas que dijiste que la prioridad del artista
estaba en hacerse reventar por los chongos
de Floresta y después “narrarlo” mientras
se posa, ante un pintor, como una mariposa
americana?

El cielo es una lámina que finge un color,
una desgracia, unos dibujos maravillosos para el feliz

embaucamiento de unos niños que involuntariamente
suspenden la credulidad; coléricos.

Oh poeta,
el pequeño vestigio de una tormenta atormentadora
te alimenta con su rayo

Te arrimás a los pies de un fulgor que quema como aquel
caballo blanco que veo, ahora, pegado a su destello

Estúpido caballo criollo del lenguaje.

Una mujer entrevé tu Vacío en su boca estrepitosa

Oh inebriante perrito faldero
llorando aún por la pérdida de su mamá
en las letrinas de Roma en una época cruel, en una época
de niños Heligábalos tan putos como él,
tan degenerados superiores como él. ¿Debí decir que
citaba a Pessoa (mucho más, mucho más inteligente que
yo. Más claro y menos oscuro en las razones de la amistad
obscena con la tierra y el aire y el sol y la eternidad)?

¿se acerca la primavera?

Sí, se acerca la revolución
de las florecillas de la amable locura
con sus sospechas escarlatas, con su Rimbaud, con sus
mejores mujeres y sus lolitas en flor también
a la sombra de un despertar anaranjado del verano
en medio de cada insoportable estación.

De todas maneras,
una carcajada embrujada por la dicha “engama” los
colores;
unas manos frágiles precipitan la luz que sostiene
las formas de unas serranías y unos árboles amarillos,

¿Vendrá?

Todas las formas en todas las formas y la cabeza en la
pica de la certidumbre,

la angustiosa serenidad momentánea de la certidumbre,

Una cierta sombra en las fantasías del amor. Unas
sombrías

siluetas en la cabeza abigarrada y pulsante,
la cabeza, la cabeza del amante

sea quien sea. La primavera.
El cielo como una lámpara en la mesita de luz y
el día como una noche dispuesta para el obsceno Dolor
y siempre unos niños bailando en un claro de mi sangre:
un arco iris del deseo en mis venas.

El cuerpo estratificado en el lecho ácido del pino,
las semillas turgentes bajo sus madres arraigadas;
el silbo de unas perdices mientras avanzo hacia la casa
cerrada y el galgo y las tunas mordidas por los toros.

El secreto en el aura de Alicia, la casera, que espanta
las vacas con su Citroën amarillo y sus alaridos
expertos.

El celo. Tres rojas muchachas y yo. El celo sereno,
el celo en la cabellera solar de la mujer

¿El hombre de mármol
quejumbroso?

¿Vendrá?

Todas las parteras oirían su nacimiento
si se decidiera a verse nacer,
estímulo de la pintura. Estímulo de las
estéticas anarquistas de la pasión…
Confuso esclavo de la maldad evaporando en la sombra
toda la Literatura y todo el Mal.

-Pero no pronuncies esa palabra obscena, por favor,
Arturito…

Ni dispongas puntos suspensivos donde políticamente
no hay suspenso.
Estamos en el campo y aquí me quedaría hasta ver
amanecer y que la vaca me dé la teta con sus innumerables
pezones…

Terco poeta como la luna en el agua que se agita,
el día se agita como yo.
Estamos en el campo.

-¿Qué somos?
-A-mi-gui-tos…

Sonrisa en el coral de las sonrisas que miradas
difícilmente se disuelven en el aire obsceno.
Obsceno el tacto del pico de los patos.
Obscena la algarabía de la quietud.
Obscena la tarde con sus mates lavados.
Obscena la invitación a la pintura en caballete.
Obsceno el caballete en el desván del campo.

Obsceno el diálogo más que el monólogo y más obsceno
que este coloquio entre perros de interior…

Obscena la mirada a la leña y el hacha,
obsceno el conejo con sus orejas enterradas en el barro;
obsceno el juego de repetir
la hartura de la pintura…
Del campo.

¿Vendrá?

Su caballito volvió solo al lugar

Espacio perfumado
no importa con qué
Estiércol de la atención humeante y perfumada

La mirada bosta circular de las vacas
como un cráter lunar en el aire
en el verde del aire-césped

Sangre en la pared.

Sangre en la nariz de la niñita que sale del agua,

Sangre escondida en los hilillos equidistantes
de las venas poéticas

Y es todo lo que no nos debería faltar.






Carpe diem

sólo el misterio busca compañía.
Busca... su alianza cruel con la ignorancia real
del deseo,





y de las cosas que por únicas
repite el carpe diem del deseo,





yo hablé
yo soñé





algo que no quiere adherirse
ni al secreto de sí mismo,
ni a la comparación que se rehúsa a cada forma todavía





Cree que el bigote del gato egipcio
es la comparación.





sus bigotes de alcanfor que saben del equilibrio
más que su distante armonía.
Cuando yo balbucía y eras un hombre más pequeño,
tu voz más disonante más fiel a su secreto,





y la alegría de las formas se ofrecía a su indistinción.





Pero líbrame de las injurias fáciles,
de los fáciles fantasmas que confunden todavía
mi inocencia con mi frivolidad,
mi sexualidad ambigua y contenida
con un modo excesivo del impudor.





...descontentos con mi apuesta a volver
al murmullo de las ranas, a querer oír otra vez
el impulso de las ranas en su verdad,
en su mensaje de reclamo al viento,
a la insinuación.





Y que me libere de los que descreen
de mi creencia en ese grillo, en ese bazar,





abierto no sobre el lenguaje sino
sobre su vestigio en mí.





Que el deseo de los cuerpos hermosos
entrevistos en la calle Stegmann
no se duerma todavía,





ni el derecho a la blasfemia incoherente
amenaza indecente a quienes miran.





Al misterio.
Otra vez al misterio
de la dolorosa insistencia
del misterio.





Inocente





carpe diem






El Principito

...llegó, llegó el Principito. Su color, su dibujo.
Ese azul que no querías pesar
y ahora está en tus pesadillas;



ese amarillo de saturno y los planetas y las lunas
y los cráteres de mazapán de pastillaje de espuma.
Y tu sonrisa y la de él al decirme
que sólo leyeron “eso” —y tienen 20 años—:
El Principito.



Qué orgullo. Qué dichosa vanidad.
Qué inocencia sinuosa, dentada,
como explicó el poema mismo
William Carlos Williams:



una estructura de dentadas sicigias
¿qué?



¿pero qué son las sicigias?



¿el lugar donde toda palabra se evade
y se extravía? ¿Consonancias que nos buscan?
¿Un sitio, un refugio de inseguridad
aquí en el campo?



¿Las soñó Lewis Carroll también para
el secreto juego de sus niñas?
¿Las traemos cambiadas en tenuidad
para embaucar el tiempo desesperado
de cada interrogación?



roncas en voces —del agua de la pena.



Tentativas de adormecimiento del dolor
por la imitación veloz que encaran
en la apariencia,



por cierta armonía escondida aún
y cierta simetría de lo aparente.



...y dentro de ellas la espuma del secreto.
Todo parece juegos del amor, y angustias
sin tristeza, sin memoria siquiera…



El movimiento y la más pura vida
con todas las impurezas de un lenguaje.



El ajetreo de un plumón enemigo
haciendo sombras falsas en el hablado teatrillo
callejero: y allí,
la belleza custodiada
por niños.



Retenida en las palmas rosadas
como cadenas mínimas de destino;
abiertas al tokonoma de unas marcadas líneas,
a pesar de la corta edad;



¿por qué ese anhelo entonces,



por qué ese insomnio?




Son bellos como la lluvia



Y sus palabras nos llegan apenas
a pesar de los llamados distraídos y ajenos
como el del horno microondas al alba,
cuando adentro quedó olvidado un plato
de comida...



y llama y llama con un silbido práctico
pero molesto en su pregnancia maternal
desde la materia que parece decirnos
técnicamente todavía: “...vengan chicos…
vengan a tomar
la leche, que se enfría...”



como único librito que uno pudiera soñar
con suerte



Dado que ellos no leen por hambre
por obstinación



Dado que buscan sólo el azar
de una inocente (encerrada) mentira:



el amor, la ciencia perdida...



Dado que aquí y allá su alegría rebota;
su movimiento de botones alineados
disipa en nubes hermosas el paso del cielo,
el paso de sus propios cuerpos
abultados y perfectos.



Y de pie sobre la luna,
con una espadita,
aunque la escala no es Uno en Uno,



vestido de marinero como solían vestirte a veces
cuando la Moda visitaba tu casa,



o cuando asediaba en casa de tía Marta Espezel.



¿Y cuántos principitos éramos?



Pero había esos azules como trazados de un pincel
solitario y gomoso...
En cualquier lugar y en cualquier extremo
aunque éramos nosotros niños,
nosotros marineritos estúpidos
en la marea de la Moda
abrazada a la Muerte.



Y algo había colgado en el balcón: un libro
de geometría



hechizado de error



hasta que se desarmara totalmente y poco a poco
hasta que quedara desmantelado como
el corazón de la abuela del César
y nadie lo pudiera descifrar
ni leer.



Y aunque en Arles en el Espace Van Gogh
vendan miles y miles de principitos
en valijas diminutas y mochilas para niños,
pintados en lápices, en cuadernos, en libretitas,
en bolitas, en gomas de borrar,
en jabones pequeños con calcomanías
y hasta que lleguen ya vencidos a otros mundos y
hasta que el agua y las pequeñas manos y la piel
de unos ángeles famélicos los borren.



Yo no sé leer poesía.
Yo no leí más que El Principito.



Soñando escuálidos príncipes de abdomen de sapo
por hambre, por insolación.



Oh,
Van Gogh,
tus niños todavía no huyen.
Soldaditos como son.
¿Para qué?



Son colores sedentarios



Están acá entre pastos lila
y pajas entre minas
que no estallaron todavía.



Moral del Principito.
Visible estolidez de los principios reales.
Los ojos.



La noche del Principito
aquí entre las golondrinas silbonas
que no se quieren acostar



y el silencio,



las nebulosas en enjambres,
las gigantas azules en el cielo paciente.



¿Para qué?



Lo esencial es invisible a este mundo.



la gracia de unas formas vendemos en el venero
de las carcajadas



El libro que ellos ya no miran.
El único que leemos



el que no mirarán:
el dolor del firmamento donde grita el Principito
amoral como un bebé



...entre cigarras de una cajita china
que también cantan muy roncas con la luz
y se activan con la alegría sin límites de la luz
como cigarras verdaderas que no paran de cantar,
que cimbalizan más y más en la clara sordera,
y más que todas las ranas
en una noche de Pringles...



Esta noche.



Una alegría
que no es también un gran temor
sino cosquillas de usura. Esta noche.



El Principito —el Principito llegó
pintado por Kuitca
al bazar de Librería Corujo:



entre tractores para cortar el césped,
cocinas Longvie e inteligentes lavarropas
y unas agendas Palm, y unas compu Compak,
y las Singer de liquidación
por la quiebra que sufrieron;



“…pero las guitarras eléctricas siguen caras igual.”



Había entre tanto
—pero ¿lo vi, yo?—,
un acordeón de juguete que me encantaba,
forrado en metálico papel de bombón
y el fuelle rojo. “¡Estaba acá!”



Estuvo entre los tarros de lechero de juguete
hasta que alguien lo compró.



¡Parecía tan estruendoso y trágico!



—¿y El Principi...?



—“No sé... pero... aún es amarillo el borde
del cuello del capote...
¿Ves?”






Nota:nació el 27 de marzo de 1948 en Buenos Aires. su infancia y adolescencia transcurrieron en la ciudad de Coronel Pringles. Junto a César Aira, en 1966, viajan juntos a Buenos Aires y fundan la revista literaria El cielo. Es uno de los referentes latinoamericanos del neobarroco.
Recibió la Beca Antorchas, trayectoria en las artes (1990), el Primer Premio Municipal de Poesía de la Ciudad de Buenos Aires, por su libro La banda oscura de Alejandro (1998), la Beca John Simon Guggenheim (1995) y el Premio Konex de Poesía (2004.Algunos de sus libros en poesía son: Escrito con un nictógrafo, Momento de simetría, Oro, Arturo y yo, La banda oscura de Alejandro, La construcción del espejo, El Coco, Potlatch, Carpe diem, • Noche y Día, La inocencia, Las cuatro estaciones y Fotos imaginarias con nieve de verdad.