martes, 7 de septiembre de 2010

Lucas Soares






de El sueño de ellas (Bajo la luna)


*


el vuelo demorado
en esta isla todo es así, los vuelos
se demoran, lo que puede fallar
falla, salió todo mal en este viaje
los destinos se torcieron
en un avión ínfimo
sobrecargado de gente, algunos locales
pensé en vos, no me preguntes por qué
pensé en vos
en ese avioncito maltrecho
todo viene fallando tanto
en la tierra donde encima perdimos
la capacidad de enojarnos
es que se ha dañao
me dice un isleño
ahá…y cuándo es que se arregla?
(encogiéndose de hombros)
cuando se tenga que arreglar


*


con la mitad del cuerpo hundido
cruzamos un mar entre bandadas
de tábanos, cada tanto algún barco
nos ignoraba y la cabeza de un perro
nadaba convencida hacia la orilla

apenas dimos con una playa dibujaste
con la punta del pie en la arena
la vuelta recorrida que el agua
borró enseguida


*


un infierno sonoro de insectos, los ojos
huecos de los peces en la arena
y esa sombrilla que nos daba
terror abrir porque siempre
salía algún bicho 

últimamente la vegetación
inútil de los sueños
me despierta mal


*


cuando vuelvo al campo
reparto mi tiempo en cuestiones banales
observar cómo pega el sol
en las partículas que flotan en el aire
movidas por la respiración, o tal vez 
las nervaduras que se forman
en los párpados como telón
la siesta que no puedo dormir 


*


íbamos con mi madre al cementerio
quería dejarle unas flores a su padre

años que no escuchaba ese silencio
un cartel enorme
alertando sobre el dengue

por favor no deje sus flores en agua

tiesa, con el ramo entre las manos
mi madre esperó a que robara el florero
de la lápida ilegible de al lado
para acomodarle a mi abuelo que no conocí
las flores en arena


*


Bio: Lucas Soares (Buenos Aires, 1974). Publicó los libros de poesía: El río ebrio (Paradiso, 2005), El sueño de las puertas (Alción, 2006), Mudanza (Paradiso, 2009), Roña (VOX, 2013) y El sueño de ellas (Bajo la luna, 2014). Poemas suyos aparecieron en diversas antologías y publicaciones impresas y virtuales.



lunes, 6 de septiembre de 2010

Jimena Repetto


Tres átomos

Dijo que tenía tres átomos tatuados
y giraban
sobre su piel
sobre su pecho
sobre donde, imagino,
estará su corazón.

Dijo que eran negros
profundos
como serán las estrellas
las moscas de verano
o los autos que recorren las autopistas.

No sé por qué
pero los átomos
me generaron cierta intriga
como si escondieran un mandala.

Le pedí que me mostrara esas partículas
pequeñas cicatrices
y sabía
que podía no haber regreso
en la habitación oscura
la luz amarilla por la ventana
sin frío ni calor.

Dijo que no le había dolido nada
y se desnudó para mostrarme
sus tres heridas.

Apoyé la cabeza, compasiva,
y los escuché
como si le latieran
los átomos
y los sentí girar
quietos
en las órbitas.

No dije nada para no interrumpir
el movimiento
infinito
celeste
de lo dado.

Y lo que sucedió fue por eso
nada más que por eso
porque no quería que me preguntara
qué pensaba de algo tan simple
como la posibilidad de que el universo se detuviera
y nos dejara pasivos.

Y yo le dije,
aunque no debería haber dicho,
que no le temo a nada
salvo
a la contemplación.






Elefante

La cama del hotel
inmensa sucia
un elefante dormido
al costado de la ruta.

Las sábanas revueltas
pliegues de carne gris
que envuelven pesadillas.

Decidimos que lo mejor
era abandonar los planes.

Nos repartimos las fotos en silencio
como un botín de asfalto.






Una línea amarilla


En las rutas
una línea amarilla
fuga y divide
la marca del sol sobre el asfalto
cicatriz del pasto más verde.

Ojalá creyera que por algo
existe cada tallo o instante
el presente ante los ojos
los carteles que sugieren
una civilización mía y lejana.

Mientras, el tiempo recorre
la carga de las revelaciones perfectas.

La ceguera como excusa, siempre,
para sobrevivir al viaje en el que todo
y nada en un punto
a veces estalla.






Camiones

En la estación
son pocos los que evitan
saludar con movimientos de ahogado
a los que se van.

Los que se quedan siempre
guardan un recuerdo
previo a la distancia.

Ayer llegaste
como un conductor de camión
rojo y solemne
bloquea las rutas
a quienes pretenden esquivarlo.

Dormimos juntos y me abrazaste.

Así los astronautas sientan banderas
en desiertos sin dueños
y después
abandonan el espacio.


Nota:Jimena Repetto es Lic. en Letras por la UBA, donde hoy cursa su Doctorado. En el 2005, fue becada para estudiar Dirección de Cine en el CIEVYC. Desde el 2007, dirige la Revista Siamesa (www.revistasiamesa.com.ar). Fue seleccionada en el Ctro. Cultural R. Rojas para realizar clínicas de crónica, narrativa, novela y poesía. Organizó, junto a sus amigos, el ciclo de poesía y música “Ah Um dijo un sapito”. Escribió y co-dirigió la obra teatral “Bypass: que las cosas sean como siempre debieron ser”. Protagonizó el cortometraje “Herida: o la felicidad” de Melisa Brito Aller, que participó de diversos festivales y ganó el “Premio Mención Especial a Mejor Cortometraje” en el “VI Festival Internacional de Cine/Corto de Tapiales”.
Hoy en día, participa de la Escuela de Escritores que se desarrolla en el Ctro. Cultural R. Rojas. Sus textos literarios, crónicas y críticas aparecieron en diversas antologías y medios culturales. Le gusta que le escriban a jimenarepetto@gmail.com

domingo, 5 de septiembre de 2010

Agustín Marcenaro


Papelitos

Estoy quieto
Y sin embargo debo viajar a unos 50 kilómetros por hora.
El 203 va directo a Victoria.
Allí me espera: trabajo.
Llevo mis huesos y el único cerebro que tengo.
Los prestaré y a cambio me darán unos papeles con caras de hombres
que ya prestaron sus huesos y su cerebro.
Con esos papeles puedo vivir sin pedir nada a nadie.
Esos papeles son parte de nuestra libertad.
Dependemos de ellos.
Si, dependemos de papelitos que creamos nosotros o unos nosotros pasados
y que ahora ya casi valen más que nosotros mismos.
Estoy seguro que alguien a cambio de muchos muchos papelitos:
Mataría a otro,
o robaría,
o traicionaría,
o mentiría,
o todas juntas
o haría cualquier maldad.
Muchas personas, incluso personas que amo, me juzgan y me denigran por no interesarme demasiado por esos papelitos.
Yo sé que los necesito para comer,
para viajar en este colectivo,
para vestirme,
para bañarme con agua caliente,
para comprarme esos chocolates que me gustan.
Pero también sé que no los necesito para sonreír,
para amar,
para abrazar,
para soñar,
para cantar,
para hacer el amor,
para hacer poesía.
No preguntaré que es más importante porque tiene mucho sentido, mucho sentir.
El tema es que esos papelitos nos viven a nosotros más de lo que nosotros los vivimos a ellos.
De chico me mandaron a un colegio donde todos tenían muchos papelitos.
Mi familia no tenía tantos papelitos y entonces aprendí por primera vez lo que era la soledad.
No entendí, ni entenderé jamás porque esos papelitos hacen que la gente sea de una forma o de otra. Que se separen en grupos, según la cantidad de papelitos que tengan.
Clase alta es mucho papelitos,
clase media algunos papelitos,
clase baja casi nada de papelitos.
Después fui a un colegio donde ninguno teníamos demasiados papelitos y ahí conocí la amistad. El estar para el otro, como los tres mosqueteros, los papelitos eran sólo ganas de compartir un partido de fútbol o una coca a la salida.
Al poco tiempo entré en el juego, daba tiempo mío para hacer que otros tengan más papelitos por unos pocos que me daban a mí. Aprendí a ser usado por gente que sólo deseaba papelitos sin importar cuánto dolor pueda guardar un corazón.
Llorar es parte de un sentir. Lo escribo porque se llorar, porque lo hago al escribir lo que me duele,
lo hago al entender lo que me duele que nos conquiste un pedacito de árbol procesado de tal manera que salen de todos los colores.
Algunos se ganan papelitos gastando papelitos en alguna cosa que después venden por más papelitos, a otros les dan papelitos por llevar pizza de un lado a otro, a otros le dan papelitos por estar toda la noche cuidando una casa, a otros les dan papelitos por llamar a gente y ofrecerles mentiras.
En el mundo pasan cosas muy feas por papelitos, una cosa fea se llama: política, donde muchos se pelean por tener el poder de todos los papelitos de un país.
Y algunos países que quieren muchos papelitos son capaces de inventar guerras para robar los recursos de otro país y así entonces llenarse de más papelitos para que sus habitantes las gasten en cosas totalmente superficiales.
Gente en el mundo muere porque esos papelitos de mierda se los lleva otra gente que no sabe amar.
Yo sufro por esa gente, por los que no tienen los papelitos y por los que no saben amar.

A mi me gusta la parte en la que el Guasón quema todos los billetes, y Batman se quiere matar.

También me duele pensar que un plantita linda que a mi me gusta fumar este prohibida y que para poder tener un poquito de ella también tenga que dar papelitos a cambio.
Hasta la creación de mi Dios que tanto amo está vendida a este sistema que te aleja de lo que hace bien.
Igualmente tengo fe.
En verdad: tengo muchas cosas invisibles que los papelitos no pueden comprar, ni vender, ni tener a cambio de nada.

Papelitos, todos quieren llenarse de ellos, miren acá tienen, disfruten de este renglón lleno de símbolos de papelitos: $$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$$
¿te gustan?
Recortalos de la hoja, o hace copy-paste, llevatelos.

Papelitos, papelitos

Si un día reencarno, quiero ser papelito, uno grande, de mucho valor,
tal vez entonces:
me quieran mucho más.-






Sillón celeste corazón

Se acercan las horas para pedirme perdón.

El tiempo pisa descalzo.

Entre lo espeso del conflicto,
los remolinos de un milagro me arrastran al punto
donde la vida son escenas bohemias-imperfectas
de una película que no quiere director,
que no quiere toma 2, que no quiere funciones,
ni maquillaje, ni post-producción.


Aquí me encuentro,
escenografías naturales, espacios del amor,
entre un árbol que sueña con dar paltas,
en el pulmón de una manzana de edificios domino
de luces desparejas y parejas,
estrellas-canciones
entonando las melodías que desata
...un Sillón Celeste Corazón.

Lugar
con una mesa acuática, y tus idas y venidas,
desprendiendo tu calor.

Aspiro,
divinidad de deja vu, de inexplicable entendimiento,
la cocina sabe callarme pensamientos-

Vos desde un espejo siempre me miras igual.

Surgís desde lo invisible.
Buscándome,
subís
a tus puntitas de pie,
para colorear,
a base de sonrisas,
la naturaleza que nos libera,
que nos canta,
que nos imagina,
que nos pellizca,
que nos
pellizca sueños... que viven para no despertar.

Dice a mis ojos.
Los ojos míos de la calle,
los que ahora aprenden a ser mimados,
los que ahora respiran del vapor que libera tu boca,
como una sopa que deja su humo libre
para hacerse sabor en los sentidos.

Y sin dejar de ser salvajes,
ojos caballeros, los míos,
que te dejan pasar, una y otra vez,
a mis rincones más modestos,
a mis esquinas más incompletas.

Cuando mis manos, que no buscan,
son atraídas por tu cadera,
y el poema no pierde el sentido de sentir,
y gana todo lo que no se ve,
mis manos que son atraídas
por tu cintura
que me festeja las muecas menos movedizas
mientras
tu cuello ejerce su soberano poder sobre mí.

El aire es de nubes cargadas de sol
La casita azul que nos guarda,
nos trae a nosotros,
para que bebamos de nuestros ríos
y comamos de nuestros mares,
para enseñarnos
a esperar juntos

la noche en que las noches,

dejen de ser segundos.






La fotógrafa

La fotógrafa se llama Angela

En la esquina de San Juan y Defensa
la besé y la vi por primera vez -.
También le di la mano
Y caminamos
Y nos miramos
Y nos hablamos hasta callarnos.
La noche sacudía su magia sobre San Telmo
Brillaban celestiales a su paso: las luces del 29.
De fondo, sonaba el canto a coro de veredas y adoquines.
No es culpa de mi imaginación
era el alma de al lado liberando encanto.
La miré cada 3 pasos y la deseé cada medio.

Fuimos al bar “La Resistencia”
entramos y nos tomamos unas cervezas negras.
Fue una gran sesión fotográfica,
yo no llevé cámara, ella no la sacó de su bolso.
pero nos fotografiamos hasta meternos en nuestros flashes-
Claro que eso pasó.
Y pasaron indios de fuego entre cada mirada
gritaban algo así como:
“almas viejas se reencuentran! almas viejas se reencuentran!”
De pronto del pico de la botella
empezaron a salir rayos de crayones de colores
que despegaban con fuerza hacia el cielo razzo como cohetes del amor.
Su sonrisa apareció pidiendo pista entre las hojas verdes de la felicidad
y nos trepamos a los momentos como si fuesen palmeras llenas de cocos.
“Bajé de mi mundo a buscarte” la mujer hermosa confesó.
Yo me dejé los ojos y la miré hasta estallar.
El bar desapareció.
Flotamos por avenidas viejas,
vimos al señor museo muriendo y a doña plaza siendo soñada por la noche.
Me extrañó no ver al viejo de la esquina que le vendía merca a los tacheros,
después me di cuenta de que nadie desaparece.
A mi lado: ella camina y su pelo ondulado tiene doble amortiguación
Pisa con el pie izquierdo, después con el derecho: como yo!
Y sé que es de otro planeta,
como el Diego, como E.T., como Lucky Dube, como King Kong.
Pero lo que nunca imaginé es que podía haber unA extraterrestre
capaz de hacerme sentir en otro universo.
¿vos también sentís que la calle y la vereda se aman?
Al minuto abrió la puerta de su departamento
y al minuto y un segundo: el mundo enloqueció.
El paisaje del ventanal que daba al sillón era:
Un Árbol encontrando libertad-
Risa de magia a punto de ser descubierta,
cada beso fue una copa de vino,
hasta que le vomité la alfombra con un poema enano.
“me fumaría lo que estas pensando” pensé por fuera de mí.
Por dentro, en cambio, me repetía: “que buena que estás”
Y estas muy buena, lo digo en lunfardo
y lo puedo decir en francés: Je veux votre peau-
que quiere decir: Quiero tu piel.

Al rato,
Te dije con mis manos: algo sobre el mundo.
Pero vos te quedastes con mis manos.
Entendí feliz que
A nadie le importaba el mundo
esa noche
en ese sillón.

La casita azul que nos transportaba giró toda la noche en círculos,
Sobre su propio eje, invisible a todo: se iluminó.
El ambiente nos exhalaba,
nos enredamos y siendo una partícula de sueño
Parimos hasta dar a luz nuestra luz,
luz
que por la mañana nos vendría a despertar.







Alarde flaco

Dos o tres veces al día
deseo ver en tu poema
un poco de mí.
Después descanso.
Tomó el coraje con las mismas manos que al miedo,
alarde flaco de perfecta escupida que amasa lo que faltas
-pasadas pisadas fuentes de perdón-
mi pensamiento frente al tuyo
desnudos
no se piensan, se muerden.


Seguís tu camino –dibujos para colorear con fuego-
no sabes que me pisas
que llevas mi sangre de glóbulos miel
en tus pies cubiertos de trincheras.

Envuelto en sol
como un chicle masticado al calor de una baldosa
me pegoteo a tus pasos
para que te des vuelta
para que te des cuenta
de que
:
me llevas chorreando huellas
en lo más perdido de tus suelas.



Nota: poeta, artista y realizador audiovisual argentino, nacido el 24 de febrero de 1986 en Buenos Aires. Es también un activo blogger que ha creado dos blogs:
Bubón Bardó (http://bubonbardo.blogspot.com/)
y Escenas de Bohemio (http://escenasdebohemio.blogspot.com/),
sitios donde difunde buena parte de su obra.
Actualmente está reeditando su primer libro “El bardo de bubón (poemas de un pus colorido)” editado por Milena Caserola en el 2010, con pronta presentación.
Además es el creador de Espantapájaros, ciclo de arte y poesía que organiza junto con Jimena Arnolfi (periodista y poeta) y Leandro Gabilondo (escritor); donde se conjugan las artes en un espacio poético independiente. http://espantapajarosarte.blogspot.com/
Asimismo participa como columnista en la revista digital “El caos que te parió”, donde cada mes escribe su columna llamada “Relatos de ratos”.
Publicó sus textos en varios medios latinoamericano y es miembro del Staff internacional de Letra de Cambio. La Nueva Literatura de Analecta Literaria.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Sergio Messing



***

está allí
en todos lados

asoma su cabeza
firma su presencia
con la luz
y la noche

sabe los límites
de puertas y ventanas
donde pisar
o esconderse

somos él
y nosotros

cada uno
en este lado
y todos en aquel



***


saberlo
sería una gran pena
una herida
inoportuna
inútil
gratuita

solo quiero
mas temprano
que tarde
agradecer lo aprendido

poder andar
marcharme
con una deuda menos




***




quedó su tronco
el color ocre
sobre
la falta de piel

víctima del aire
y ausencias
sin la geografía
la ficción deseada

y otras convicciones





***




su esqueleto
desnudez del pasado
mueca de la forma
contraste del infinito

es la espera
de la mano
que lo vista

del cuerpo
que busca
otro espanto





***




volar es hundirse

inspirar hasta raíces
mover el musgo
escribir los tesoros

regresar
regalar el mapa
silbar la despedida




***




se van
uno tras otro
cada tanto

sin cadencia
así
como salen

algunos
es posible
aguardan
por su vocación




***




corre

los cuerpos
mojones
esquiva precisa

frena
cuando la nada
amenaza
su sentido




***




lo intento

me acerco
doy vueltas
busco la esquina
donde no girar

quedo prisionero
a una distancia
insignificante





***





hacen ruido

definitivamente

niegan el sepelio
quieren su lugar

romper el silencio
de la siesta
innecesaria




***




busca busca busca

pasa frente a los huecos
que deberían devolver
alguna insinuación
una pista
los restos del delito

busca busca busca

aprieta la tecla muda
intrusa la esperanza




***



el fluir de la sangre
sabe de diques
y la historia pierde
su hilo
o se despluma

y queda
lo que ya
no somos
suspendido
flotando



***




elige la tela

opaca de sencillez
la que duerme
migas generosas
pasos marcados
en la risa de una noche
repetida
por fortuna



Nota:-puedo decir que nací en Santa Fe en 1956, y vivo aquí desde entonces. Ejercí distintos oficios: auxiliar contable, relator de carreras automovilísticas, vendedor de publicidad, operador de computadoras, entrenador de voleibol, consultor de empresas. Escribo desde que me acuerdo y tengo un libro publicado en el 2000, Poecidio, que fue el premio de un concurso provincial organizado por la Asociación Cultural El Puente y el Colegio de Abogados de la Provincia de Santa Fe.
Por mas datos míos, podés dirigirte al Servicio Penitenciario Federal o a mi suegra, que son más o menos lo mismo.
Un abrazo fuerte y un profundo agradecimiento por tenerme en cuenta

viernes, 3 de septiembre de 2010

Laura Wittner


Balbuceos en una misma dirección


Todo es un poquito raro.
Juan Lima

E tutto è molto strano.
Eugenio Montale


1
Las cosas enrarecen
a la primera de cambio.
Un empujón magnético
–invisible, indoloro– ya desfasa.
Un cambio de jerga que tapa un conducto
abre otro y transfiere
el escenario entero al contexto de al lado.

Y allí, tras las paredes de papel,
queda el sentido, bamboleándose.

2
Se esconden, los sentidos,
unos detrás de otros. Hacen cú-cú
en esa larga fila de metamorfosis,
signos leídos a velocidad
y sonidos que un instante son sutiles
y al siguiente, monstruosos
(como los que entran, de noche,
por un solo lado de la almohada).

3
Además: el pacto de credibilidad.
Todo, un día, es lejano; se piensa
en la especie humana como en “ellos”.
Se les admira la organización,
el ingenio en inventos
como el cochecito de bebé,
el colectivo, la heladería artesanal.

Otro día hasta ese aroma eléctrico
a simulación de pan casero
ennoblece el curso que hemos dado en seguir
(nosotros, los cositos
surgidos en la Tierra).


4
Estos traspiés
entre lo que se esperaba y lo que es.
Ver un momento, solamente,
de la larga vida ajena:
sentados en la puerta de su casa
toman cerveza mientras baja el sol
y por mascota ahí nomás tienen pastando
una vaca, un caballito, un pony.

5
Lo falso siniestro.
Las sombras con perfil de monstruo
remodeladas ante cualquier luz,
las amenazas convertidas en picnics,
el día de pánico en vano
archivado junto a tantos otros.

6
Igual que la burbuja –que es perfecta
cuando surge y sabe equilibrarse
de los labios al aire y ascender
seductora, reflejando el universo
hasta que deja de disimular
su condición de frágil detergente
para, con veleidades de espejismo,
unirse al aire, dejarse tragar
por ese medio graso y agresivo,
pesado hasta la sordidez
que se había ofrecido a sostenerla–
es el impulso, la voluntad.

7
Qué caos.
¡Qué cacho...!
¿Qué catzo...?

El campamento está armado en la frontera
pero también la frontera es imprecisa
y además, claro, es sólo un campamento.


(inédito)



Volviendo de Charlone

Ahora el sol ejerce
su posibilidad aplastante de domingo a las cuatro:
así no hay forma de disfrazar el golpe
de estas ventanas fugaces cuyas escenas,
por congeladas, son peores.
La señora muy vieja de perfil
sentada a la mesa fuera de hora
mirando fijo hacia delante
y eso es todo.
Desde la calle cualquiera da por hecho
que esos ojos tan abiertos son horror
y ese gesto es el de haber abandonado
lo que alguna vez se supo, si se supo;
sólo estar proyectando
contra la caja hueca del televisor
pedazos de pasado (pero ¿qué es? ¿existió?),
presente en picadillo (pero ¿es así?
tal vez esa visión estática y temible
haya logrado componer,
o crea haber logrado componer,
finalmente algún sentido con todas esas partes).
Desconociendo ya
su perfil, el que se muestra.

(de Lluvias. Buenos Aires, Bajo la luna, 2009).




La tomadora de café


1

Con el segundo trago vuelve todo: los deseos.
Mesa baja de madera, taza blanca
con marca de café en su interior y plato blanco,
con restos de galleta de avena, vaso blanco
de cartón, con agua fría. Una señora camina por París,
toma vino tinto y seduce a sus alumnas.
Otra señora, sencillamente, se refleja sin querer
en un espejito rectangular y entre biseles
ve su propia barbilla, el cachete pecoso
y unas hebras de pelo. ¿Qué es esto?,
se pregunta. ¿La cara de una madre, o la de una señora
que pasea por París, toma vino tinto, etcétera?

2

Ilustración de la teoría del esfuerzo.
La necesidad del merodeo y la confinación,
de la queja, mirar la tele y aceptar que llueva
durante días. El aroma, la escalera que lleva al ventanal en L
y a la mesa con mantel azul serán una elección y no un refugio.
A esto lo llamaremos “proceso de mejoramiento”:
con pocos trazos se compone una imagen
por la que hasta es posible caminar.
Una curva en la costa, tejados rojos,
un potrillito cómico que apura el tranco
para no perder de vista a su mamá. A la noche
veremos una estrella fugaz en el momento esperado.
Durante tres segundos se caerá del cielo,
y nos dejará en penumbras, en ascuas
bajo el resto de la vía láctea.

3

Humedad: que en la tormenta píen pájaros
tener el pelo hecho una espuma y adornarlo
o apaciguarlo con una cinta verde
goznes que crujen sobre los mosquiteros
tazas abandonadas que sin embargo
gustamos de incluir en construcciones de ocasión
reconfortantes escenografías
pensadas así nomás, al sobrevuelo.

4

Otra vez sólida y eterna
en la oscuridad del microcine.
Cuántas películas sirven para que una mujer
vaya volviéndose linda: si tiene tacos, si no,
si tiene la nariz medio ganchuda pero esa
esa sonrisa a medio armar
y esos miedos poéticos que un buen director
sabe enmarañar con uno o dos
mechones sueltos cuando se trata de su actriz
o de su espectadora, a quien sin conocer
ilumina y maquilla,
dejando que se entregue
a voluntad
al deleite, en la oscuridad.

5

A dos metros: mujer con bolsa de tela
de la que sobresale una planta de aloe
mediana, sana (sana, mediana).
Enfrente: chica tocando las telas que mira
mientras se pasea entre pasillos
flanqueados por largos tubos de cartón
envueltos en lunares, lonas, zarazas, lanas a rayas.
Y arriba, en un balcón puesto a la venta:
señora que fuma sentada, vuelta al tráfico entrante,
observando el esforzado serpenteo de la avenida.
Tres maneras de enfocar a una muchacha.

6

Toda la mañana hasta las 3
el cielo fue de gris a negro, de negro a blanco, a gris.
Tragos cortos acompañan la lectura. Un mordisco, una palabra
en inglés: substitution. A las 11 un llamado telefónico
de cierta trascendencia. Verdulería. A las 12 traducir,
a la 1 tomar nota: ¿qué me pongo? ¿lentes de contacto,
o anteojos? Es decir, ¿cómo se encauza
un día lleno de nubes, tan maleable, dispuesto a todo?

7

Se despertó el mundo. Se despertó la percepción.
Hicieron facturas en la panadería
antes del amanecer, y al kinoto le salieron cosas blancas.
Todo emana un perfume repleto y activo:
no se le puede dar más tratamiento
(un tratamiento mejor) que percibirlo.

(de La tomadora de café. Bahía Blanca, Vox, 2005).







La pantalla

Como flechas en dirección opuesta
cruzaremos el aire. Pero eso
no significa nada.
Vamos y venimos, y vamos,
y venimos. Un día es negro,
sólo quiero alquilar una película
y volver a la nevada geografía nórdica
sentada en almohadones.
Otro día es tan ardiente
que hasta viven escarabajitos
entre las flores artificiales.
Descripción de una lámpara redonda, china
de papel con fondo celeste
que es un globo terráqueo.
Bolivia mantuvo el color del fondo
por ser país mediterráneo.
Así con ironía trabaja
el fabricante. Un territorio sin agua
a la vista, ahora
podría ser un lago.
Hay líneas meridianas, cada cuatro
la línea gruesa del papel
empastado, y en una coincidencia genial
los paralelos son los aros de alambre que
aseguran la tensión de la lámpara abierta.
Llorar en verano: con calor y con tiempo.
Sin fragmento. El verano es ancho
y largo. Por suerte
hace mucho que no pasa.
Uno va y reacciona igual que todos.
Por ejemplo en el subte: pero bueno.
Todas las ideas que se me ocurren
no sólo se le ocurrieron a alguien antes:
también fueron llevadas al cine.
El riesgo de vivir
en la misma casa mucho tiempo
es que ya pasó el verano en que
al volver en mitad de la noche
se sorprendía en el comedor a una
colonia de insectos, liderada
por una gigantesca langosta
que bajo la luz del velador
se daba la cabeza
contra la pared
una vez y otra, repelente y lenta,
enarbolando el poste
de la desazón y el movimiento.
Se dice de los insectos que son duros
y opacos, se dice: “en los caminos del bosque
hay mariposas que flotan a
siete metros de altura”. Pero yo y una chica
que había salido vestida en camisón
vimos que todas esas especies juntas
formaban un vapor, y a la langosta
la tuvimos que sacar a escobazos.
Descripción de un cuarto cuadrado
cuyas paredes ya fueron pintadas
cuatro veces porque con el tiempo,
se sabe, se agrisan. Se sabe que
se agrisan, con el tiempo.
Vos por ejemplo:
dejaste la mirada
en un punto incierto
entre la tele y yo. Allí no hay lo que hay
aquí. Aquí no hay lo que hay allí.
La tele era la intersección.
¿Cuántas veces en la vida
se puede estar en un planetario?
Y sin embargo la sensación planetario
te acompaña para siempre.
La tensión mínima necesaria
para la música de las esferas,
los cúmulos, los cirros, la danza
de las constelaciones, la droga ligera,
el primer amor, el chico arrodillado
junto a la butaca, siseándote al oído.
Se puede hacer
una de estas listas
durante la noche, mientras
hora tras hora se agitan en el patio
hojas de las plantas silvestres, del laurel
y las agujas del pino brasilero, en la calle vibra el polen
de los plátanos, el aire va bajando, se apoya,
se prepara para la
primera luz, y con la última palabra de la lista
comienza un día de lluvia, uno duerme,
o hace listas.

(de Las últimas mudanzas. Bahía Blanca, Vox, 2001).


Nota:Laura Wittner nació en Buenos Aires en 1967. Publicó El pasillo del tren (Trompa de Falopo, 1997), Los cosacos (Del Diego, 1999), Las últimas mudanzas (Vox, 2001), La tomadora de café (Vox, 2005) y Lluvias (Bajo la luna, 2009).
Su blog: http://selodicononlofaccio.blogspot.com/

jueves, 2 de septiembre de 2010

Fabián Iriarte



se contempla el mito en la tristeza de adriano
ante la muerte de antínoo



la nuit résout en moi l'énigme qui m'obsède
marguerite yourcenar



un dios vano que tuvo la esperanza
de descifrar sus signos invisibles
quedó con el enigma indescriptible
de su cuerpo, nocturna adivinanza.

dulce monstruo, como una rosa inerte,
su lecho se ha tornado trampa (espina
escondida tras pétalos). su fina
piel aguarda el mordisco de la muerte.

en la metamorfosis se ha disuelto
su corazón y es un harapo su alma.
su amante dios no encuentra ya la calma
del tiempo, que se ha ido y que no ha vuelto.

abandonado y solo en su amargura,
abrió su desnudez de luna oscura.






du bon usage de la photographie


ce qui ne s'apprend pas, je vais vous le dire:
c'est le sentiment de la lumière
(félix nadar, 1857)



tratar de capturarte dormido desnudo sentado
en el sillón / estar al acecho de lo fugitivo
convertirse en lo fugaz
ser el observador asombrado perplejo
proponerse la búsqueda de la semejanza
lo más sutil lo más vulgar

los objetos en movimiento no dejan ninguna huella

ser una felicidad ver / ser una felicidad
soñar / el ojo no trae al espíritu
sino lo que es necesario que perciba / esta copia imperfecta
esta soterrada ilusión de tenerte
en una huella de lo quieto






dichtung und warheit


quise hacer una lista para el supermercado
tan lista y original como para que resultara poema
(aquel poeta lo hizo, por qué no, de cuyo nombre
no puedo acordarme) / pero
me di cuenta de que no podría
comprar esos artículos de lujo: faisán o caviar beluga
o pétalos de orquídea piel de tigre
solamente pan de nuez
quizás y almendras ahumadas y galletitas de trigo partido
y mostaza a la miel / ¿ves?
no alcanza para un poema






canoa

(tribu klamath, fotografía de edward s. curtis, 1923)


inquieta pero inmóvil
esa canoa y esa mujer en la canoa
(persona, sombra, un hombre cadáver)
en el medio del agua sin horizonte

es la cosecha de nenúfares
el alimento de mi tribu
para esta noche y otras tantas noches

como si no hubiera
otras flores que comer / otras plantas
otros días
como si fuéramos a desaparecer


Nota:(Laprida, 1963)
Reside en Mar del Plata. PhD en Humanidades (University of Texas at Dallas, 1999), enseña Literatura Inglesa y Norteamericana y Literatura Comparada en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Estilística y Estudios de la Traducción en la Universidad CAECE. Ha coordinado talleres de escritura desde 1990. Recibió el Premio Alfonsina de literatura (2004) y el segundo premio del Concurso Osvaldo Soriano de Poesía (2006).
Como ensayista, ha publicado trabajos en CEAL: Capítulos para una historia (2006) y La pequeña voz del mundo y otros ensayos (2007). Sus traducciones aparecen en las antologías Usos de la imaginación: Poesía de los latinos en EE.UU. (2009) y De la nieve, los pájaros: Poesía de mujeres norteamericanas contemporáneas (2010).
Sus poemas aparecieron en revistas nacionales y extranjeras (Hablar de Poesía, Diario de Poesía, Francachela, Phatitude Magazine, Chiron Review, entre otras), en la antología Poesía erótica argentina (2002) y en los blogs La infancia del procedimiento, Las afinidades electivas y Poesía de Acá.
Entre sus libros de poesía se hallan guaridas de huir el mundo (2000), la intemperie sin fin (2001) y la mudanza (2010) y las plaquettes doble sentido (2003), con sutiles artimañas (2004), re:signado (2008) y maldita equis (2009). La editorial Bajo la Luna publicará próximamente devoción por el azar.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Estela Figueroa


Pequeños asesinatos

Una noche en que volví tarde a casa
la vi disparar rauda y oscura
desde el canasto de papas que está en un extremo de la cocina
hasta el otro
al costado de la heladera
donde acumulamos botellas vacías de vino y gaseosas
que en gloriosas jornadas de limpieza
sacamos a la calle.
- : Tenemos una laucha -dije a mi hija Florencia-.
Es gorda. Vive detrás de la heladera.
Habrá que matarla -me contestó ella.
Habrá que poner triguillo fuera del alcance de Toto.
(Toto es nuestro perro)
Pero pasaron los días
y ninguna de las dos iba a la ferretería
en busca del triguillo.
Y la laucha seguía corriendo rauda y oscura de un extremo a otro
-en la cocina-
ante la mirada curiosa de Toto
y ya sin importarle si estábamos nosotras o no.
- : Esta laucha se está tomando mucha confianza
recuerdo que dijo mi hija.
Bueno.
De manera que a la mañana siguiente me encaminé a la ferretería
y compré el triguillo Drumolive
hecho con glándulas disecadas de roedores
lo cual- según decía el prospecto-
ejerce una poderosa atracción sexual sobre sus iguales.
La caja estuvo envuelta varios días sobre la mesa de la cocina
hasta que Florencia
-que es más expeditiva que yo para estas cosas-
abrió el paquete una noche
llenó potes con buena parte de su contenido
y acomodó estos potes estratégicamente.
Durante varias mañanas
mientras yo tomaba té leyendo a Carver
la sentí comer ávidamente.
Es cierto. Nadie
nada escapa
de lo que implica una atracción sexual.
Los ruiditos terminaron
y Carver y yo quedamos solos.
Charlando sobre la proximidad de una jornada de limpieza de la casa dijo mi hija
- : Parece que la laucha se murió. Ya no se la oye.
- : Es cierto-respondí-. Yo tampoco la oigo. La matamos.



Florencia se va de casa

Lloré en silencio.
Luego en voz alta
pero sin lágrimas.
Grave error: ante los abandonos
no hay que mendigar
hay que mostrarse magnánimo.
Cuando la pequeña terminó de acomodar su ropa
y deslizó el cierre del bolso
sentí que me cerraba la garganta
y que todas mis acciones serían vanas
estúpidas.




Esta noche
"A José Luis Pagés"

Esta noche va a helar
-pensé-
con una inexplicable congoja.

Miré las plantas del patio
que amagaron con florecer
después del “veranillo de San Juan”.

Esta noche va a helar.
Sí.
Pero ya heló sobre los que fueron
nuestros sentimientos de antaño
aquellas pasiones.

Va a helar.
Ya heló
-me dije-.

Quisiera extender
al menos mi mirada
aún tibia como una manta
sobre las plantas del patio
y protegerlas.

Comienzo a envejecer.

Nota: Estela Figueroa nació el 12 de agosto de 1946 en la ciudad de Santa Fe, donde reside. Publicó Máscaras sueltas (poesía, 1985; edición italiana: Maschere Mobile, Florencia, 1987), El libro rojo de Tito (reportaje, 1988) y A capella (poesía, 1991), y compiló un volumen de ensayos, Un libro sobre Bioy Casares (2006).