jueves, 31 de enero de 2013
Carolyn Riquelme
Andamiada IV
Las mujeres conversan después de los quehaceres
preparan mate y roban galletas reservadas a los niños
Se cuentan los nacimientos
las muertes
los enfermos
El inventario es preciso:
no desmerecen detalles ni lástimas por la pobre gente
por nosotras pobres
mirá lo que nos ha tocado
Recuentan las muertes con adjetivos preciosos
Andamiada V
Y así pasan los días
Escandalosas las mujeres
van gritando de una habitación a otra
mientras friegan
Nadie las escucha pero ellas
ponen las leyes en su reino
Dolores oscuros a veces las silencian
ellas cuidan los enfermos
limpian heridas
sacan la mugre
ellas crían los hijos que nadie quiere
los hacen crecer
les vigilan la fiebre y las palabras nuevas
ellas van a los entierros
apenas se enteran planchan el vestido de luto
matan algunas gallinas corren a la huerta
y preparan la comida para los dolientes
consuelan porque de eso saben
Andamiada VI
Las mujeres que viven de negro
a veces mueren
a sus entierros va todo el pueblo
las vecinas llevan flores cortadas de sus propios jardines
¿cuidarán sus flores para cuando mueren ellas?
Los hijos de crianza las llaman tías, mi tiíta dicen
como si dijeran amparo
comida caliente
vueltos de mercado para golosinas
y los enfermos se retuercen en sus catres
perturbados
¿quién velará por nosotros ahora?
Pero los hijos de sus vientres
siempre estamos lejos
las mujeres
nos mandaron a la ciudad
para que no seamos como ellas
El maldito olvidador II
Los símbolos escriben el miedo
pero no se agitan en la oscuridad
La mano que escribe no tiembla
El escribiente no palidece
Una criatura cruje de miedo y no escribe
El símbolo impreciso relata a la criatura tangible
Nadie se limpia la tinta bajo las uñas
Ni cierra el ojo ciego
El maldito olvidador IV
En los hedores de la memoria
ahí es
donde se cuece el símbolo
con el olfato vigilante
a la embarcación que trae y lleva el olor
del grito
de madres trizadas
Bio: nació en 1973, y reside en San Carlos de Bariloche, Río Negro. Es profesora de Matemáticas. Textos suyos fueron publicados en “Marcas en el Tránsito”, antología reunida por Graciela Cros (Ultimo Reino, 1995) y en “Desorbitados: poetas novísimos del Sur de la Argentina” compilación realizada por Cristian Aliaga (Fondo Nacional de las Artes, 2009). En 2001, la editorial Revuelto Magallanes publicó “Andreas y Jardines”
lunes, 14 de enero de 2013
Natalia Molina
Evita
nombre que designa
a todas las hijas que no nacieron
de una unión
asentada ante la ley
sea la religiosa o la jurídica
vos y yo nacimos así
hijas naturales
supimos de la mirada acusadora
ese estigma de ser
hijas del pecado
vos no tenías tiempo
por eso lo viviste de un tirón
chinita de piel blanca
ojos y pelo negro
que se fue de junín
con una valija de cartón
pajaritos en la cabeza
para ser inmortal
para llevarnos a la victoria
evita montonera
eva del pueblo
para ser actriz
estar en tapas de revistas
todavía no sabías que tu búsqueda
te iba a llevar al amor, a la política, a la poesía y a la historia
te escribo con tu foto cerca
gracias, compañera,
por hacerme descubrir que el pueblo siempre fue y será
hija natural, como yo
como si hubiera hijas artificiales en la tierra
nunca entendí esas dos palabras
la palabra y el silencio que nos declaró culpables
de haber nacido
eva pasión
un terremoto acortó el tiempo en que un corazón
se encuentra con su reflejo
juan domingo y maría eva para la revolución
Tierra colorada
Con mirada de niña recorro la tierra colorada. Un sapucay baila en mi sangre -la patria ancestral-.
Abuela María baila descalza un chamamé en algún rincón de Corrientes. La guaraní sonríe. Su pollera balancea sueños.
Mi madre nació en esta provincia, como mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela.
Ahora nos emparejamos en edad y bailamos una ronda. El río Uruguay sabe de nosotras.
La tierra colorada nos vuelve a parir. La muerte no existe en este instante.
-Abrazame, abuela. Abrazanos a mami y a mí. Las tres descalzas en la tierra colorada somos invencibles. Nos limpiamos el abandono de las manos y las elevamos al sol.
Bailemos juntas, como si el tiempo fuera a nuestro favor.
Volvamos a tu rancho, abuela. Ese de abobe con tinglado de chapa en donde cocinabas locro, mientras nos hablabas del señor del sol. El tipo alto, desgarbado, con sombrero de ala ancha. Nos amenazabas con que nos iba a llevar si salíamos a la hora de la siesta a los naranjos.
Pero esta vez se va a hacer amigo, y va a recorrer los frutales con nosotras.
Hoy la vida es una fiesta. Nos volvemos a encontrar.
-Mami, no llores. Mirá cómo baila la abuela.
Celebremos.
Somos esta tierra brava, festiva y caliente
Bajo la parra
en el puerto de rosario
ella forraba volantes de camiones
y bailaba por las noches
en un cabaret
con el cuerpo pintado de dorado
y su largo pelo negro
suelto hasta la cintura
me lo contó
una noche en el patio de casa
bajo la parra
tomando champagne
sonaban en el grabador
unos valses de strauss
le brillaban los ojos al reírse
después me sacó a bailar
bajo las estrellas
mi mamá
tenía puesta una pollera blanca
hasta media pierna
y yo un vestido con flores chiquititas
la glorieta estaba llena de esas flores
que no me acuerdo el nombre y son
como campanas de color naranja
que les gustan a los colibríes
cuando se fue a dormir
quedaron copas
botellas vacías
algún plato de garrapiñada
sobre la mesa
se escuchaba ese rumor nocturno
de la sierra
algún auto que pasaba
grillos
ranas
perros ladrando
lechuzas chistando
en esa navidad de 1993
muchacha peronista
una tortuga le hace nock out a la palabra
súperman medita en un monasterio de kyoto
batman llora de tristeza
robin se fue a pinamar
la mujer maravilla frega que te refriega
y te recontra
multiplicidad de vidas
fumate un benson and hedges box
haciéndote la linda
ponete el corpiño push up
coloreá tu boca de rojo
escribite un poema mirándote las partes
cuidate querete ojito ojete
sos sola
a mucha honrael horno no está para bollos
que todos los pájaros salgan volando de tus manos
libres, como el sol cuando amanece ellos son libres
como vos
sacate el corpiño
incinéralo mientras subís al cerro
ilumínate en su fuego
hacete unos chori
cantá la marcha peronista
hacé algo por sacudir a la muerte
viví, viví, viví
subite a los tacos aguja charolados
y andá con glamour entre las piedras
y cuando pase el temblor
andá a hacer la plancha
nadá crowl
comprate una bolsa de boxeo
ponela en el bosque
y pegá, pegá, pegá
con estilo, pegá
hasta que los nudillos te digan basta
después, qué importa del después
sublimación permanente
un zorrino pasa por tus recuerdos
ricardo ricardo /ricardo rubén/vos sos una estufa/yo tu kerosén
te despellajaste
hasta cambiar la piel
has recorrido un largo camino, muchacha peronista
es hora de los brindis, la carcajada y el suspiro
ya es hora del alivio
las muchachas peronistas
todas unidas triunfaremos
y como siempre daremos
un grito de corazón!
Viva perón! Viva evita duarte!
1(*)
Abrir, cerrar, los ojos, la boca. La boca que da voz. Como el silencio. La impronta de la voz que calla. La impronta de la voz que dice. La boca del estómago arde. Sin artilugios. 12 mm de lluvia bendicen las hojas de achiras lustrosas. El cielo gris contrasta con el cerco de frutos rojos. Ramas y hojas bailan al son del viento. Un gato negro pasea por el patio. Los zorzales aprovechan la tierra mojada para comer lombrices.
Buscar sonoridad. Sin repetir y sin soplar. Reírse para no llorar de la pretensión. Leer diarios. Leer. Buscar lo que no se encuentra. Dejar de buscar. Suspenderse. Suspender el pensamiento. La fruición. Palabras que queman en la boca del estómago y enmudecen la garganta.
Buenas noches amarillas y fucsias contra la ventana. Achiras rojas con flores a destiempo.
En las flores no hay estupidez. Tampoco quieren describir su entorno. Las flores son los órganos sexuales de las plantas, escuché por ahí.
La cuestión previa: sería esa recurrente sensación del mal uso, quizá del desgaste, de las propias facultades; la necesidad de readquirir algunos hábitos y horarios; luego algunas percepciones; finalmente, la aptitud para expresarlas. Desde este ángulo, nuevamente en cero, como a los veinte, a los treinta años, cuando me asombraba la distancia entre lo que era capaz de percibir y lo que alcanzaba a decir. Por supuesto, no estoy en cero. He ganado muchas cosas, he perdido unas pocas. Miento. Obscenamente. Descaradamente. El adjetivo cuando no da vida, mata. Miento al enredarme en las palabras. Miento cuando me queman en las bocas, en el pecho y en la garganta. Ninguneada. La.
Entonces aparece, demanda, reclama, camina haciendo ruido. Me molesta su respiración y su mal gusto.
Lo que nos rodea lo percibimos como un amontonamiento genial de estupidez y codicia mezcladas. Deberíamos hacer un catálogo, con la tenacidad de Huxley, de Orwell. Las flores no hacen catálogo. En el lenguaje de las flores. Idealizamos.
Caterva de estupideces. Un amontonamiento en primera, segunda y tercera persona –después vendrán los otros tiempos verbales a amontonarse con sus sujetos-. A golpear el techo y las ventanas, para que el insomnio venga.
A los 20 años buscaba el amor de mi vida, a los 30, también. Casi a los 40 reconozco que el único amor de mi vida tengo que ser yo. Las semillas de achira están por explotar. Yo. Un yo-yo. Un efecto rebote que busca guarecerse en la tierra.
Hemos perdido y ganado, he perdido y he ganado. He lustrado al tiempo, lo he negado. He puesto el cuerpo hasta exponerlo, corroerlo, destrozarlo, he jugado sin trampas, me he olvidado el juego. Ha renacido el cuerpo. Escrito y en blanco –como si fuera posible hacer borrón y cuenta nueva- Como si fuera posible poder hacer a un lado todo eso que odiamos, y sacudirnos la impotencia que nos provoca ese odio. Es como si la insignificancia, la venalidad, la traición, la crueldad formaran una montaña tan impresionante que la sola idea de desgastarla, corroerla, minarla resultara ridícula.
¿Las flores se traicionan?. ¿Existe esa práctica en el lenguaje de las flores?. ¿Existe una praxis de la traición?.
Un hombre camina por la casa con pasos enojados. Interrumpe la respiración de la casa. La idea de corroer su enojo es totalmente ridícula. Qué se le pase solo, pienso. A la vez imagino una pira de diarios y papeles en una acción:
amontonemos todos los diarios, lo que dicen los diarios desde que una se levanta-la mentira irrisoria, la calumnia pagada, la estupidez elevada a virtud, el heroísmo o el sacrificio detractado, el cambio descripto como el demonio, la usurpación defendida, el crimen ocultado, la prepotencia pasada por alto. La palabra violada. Quediceloquedice y ademásmásyotracosa. Amontonemos esas letras y mejor las tiramos al fuego. Quememos las naves. Armemos otras. Pateemos los catálogos, los lugares comunes, los manuales hacia esa pira. No serás mi héroe del güisqui, seré mi heroína on the rocks, piromaníaca que siembra jardines.
-La escritura de la herida, no. Repito, luego de convertirme en silencio.
La escritura de las flores. Lo pendiente.
(*)Intertextos en cursiva de Rodolfo Walsh y Vicente Huidobro.
Bio: Natalia Molina nació en 1973 en Bahía Blanca. Vive en Sierra de la Ventana donde se crió. Publicó: Gastronomía amorosa (edición de autora, 2006), Muñeca brava (colectivo semilla, 2007), Menjunje (Hemisferio Derecho ediciones, 2007) y Quién serás (plaqueta, Acción Creativa en Suárez, 2011).
jueves, 20 de diciembre de 2012
Lorena Curruhinca
Jingle Bell Rock
1
La anticipación con la que los negocios arman
sus vidrieras alusivas a navidad
establecen tiempo e inmanencia:
podemos tener una caracterización del rito
-la tele enseñó que hay nieve, felicidad, canciones en coro por nenes,
jingle bells rock por Lindsay Lohan
y los mejores regalos que puedas imaginar-
aún así, cada año la exaltación hará
que la exigencia sea más grande:
los papás se visten de papá noel,
-si tomás la 503 en diciembre, el barrio palihue
se transforma en postal de película americana:
cada casa tiene paredes y árboles de su patio delantero
llenos de luces intermitentes-
hay cds de Christmas chillout
y una saturación de personas cargadas de bolsas con moñito.
2
Mi abuela venía todas las navidades
con dulce de sauco y medias coloridas,
tejidas por ella, para todos los nietos:
nosotros las estrenábamos patinando
en el piso recién encerado por mamá.
A mis hermanos y a mí, nos hacía
pan dulce sólo con nueces y chocolates
porque no nos gustaban las frutas secas;
yo miraba la cadencia con la que amasaba
-en la pieza de atrás, que usábamos de lavadero
donde había una mesa grande de madera-
con uñas rojas y el pelo siempre bello.
3
No recuerdo haber deseado con frenesí
ningún regalo específico.
Vivíamos al lado de un jardín de infantes;
venían todos nuestros tíos y primos
y jugábamos en el arenero y el tobogán
mientras mi papá hacía el asado.
Robábamos los restos de sidra mientras los grandes bailaban.
Atraída por el destello de las brasas
me acerqué tanto que me quemé las rodillas,
mi tío enfermero me curó con pasta dental.
Más que a papá noel, anhelábamos la mística de los Reyes:
dejábamos zapatillas, una palangana naranja llena de agua
para los camellos y pasto que luego desaparecían.
4
¿Habrá que mirarnos, entonces, con la extrañeza del Jack de Tim Burton?:
preguntarse sobre este festejo, decir: ¿qué es, qué es?
Por qué la insistencia en la desproporción y artificio
o el mandato de ser perfectos por un día
cuando la revelación puede ser el instante de autenticidad:
que exista la posibilidad de ser cursi y cantar:
all I want for Christmas is you
y el recuerdo de la felicidad ingenua de cuando éramos chicos
pueda actuar como la latencia de esas semillas
que soportan condiciones límites
y todas esas cosas que podían destruirlas
son las mismas que las hacen germinar.
//
X-men
Nong Youhiu tiene los ojos azules, azules.
Le dicen niño-gato, porque ve en la oscuridad
y sus ojos brillan.
Nong puede cazar grillos
sin necesidad de usar linterna.
Unos médicos lo encerraron en una habitación sin luz
le dieron cartas y una a una él indicó cuáles eran.
¿El fulgor que emite será como la bioluminiscencia
de las luciérnagas
o como el de los peces abisales? ¿Servirá de señal
de apareo o podrá utilizarlo de carnada?
¿Cómo vas a leer historietas de mutantes con un aparato con pilas,
tapado con sábanas de esos mismos seres evolucionados
si ya sos uno de ellos?
¿Tus pupilas se estrechan verticalmente, Nong?
¿Verás insectos, mascotas, parientes con visión infrarroja?
¿Podrás guiarnos según el calor que emitan nuestros cuerpos
hacia otros similares?
Un profesor nos dijo que en miles de años
se nos caerá el pelo y que no tendremos más dedos meñiques
en un salto evolutivo. Seguramente no calculó que alguien
vería donde nadie puede, acaso sin temer.
Mis hijos, entonces, ¿podrían desarrollar membranas interdigitales
como las ranas o los patos? Querrán ser como aquaman, o como Nong,
tener adaptaciones inusuales, nadar a una velocidad mayor,
soportar mayor presión acuática o tendrán miedo de ser llamados
por nombres que reverencien sus características y no poder alejarse
jamás de tener ojos azules, azules
y de que el mundo todavía no esté listo para dejar de temer a la oscuridad.
//
Magnitud
Cambio de canal
tapada hasta la nariz.
Escucho a mis hermanos
bajar rápido las escaleras.
Atraviesan la cortina de cuentas
que golpea con el adorno
de piezas de vidrio
-balanceo escalonado
del choque, resuena-.
Nada de fascinación por el tintineo;
tampoco el gesto primitivo de alertar.
Los objetos que colocamos
en las aberturas
son dispositivos
de medición en tiempo
del espacio que se deja.
//
(sin título)
Quiero escribir un poema alegre.
Hablar de cosas pequeñas, delicadas,
diminutas como prendedores,
dedales, hebras de té.
Pero no puedo: lo minúsculo son organelas celulares y su función,
los mecanismos de transporte de energía.
El hilo, finísimo, es el mismo que enhebré para mi abuela
y también, para mi mamá; es el filamento por donde transcurre
mi memoria y me configuro;
se tensa con cada evocación.
¿Cómo quedará tejido, entonces, cuando
termine el relato?
Bio: Lorena Curruhinca, (Viedma 1981). Reside desde pequeña en Carmen de Patagones, por lo que se considera maragata. Vive y estudia Farmacia en Bahía Blanca. Trabaja como correctora literaria.
Junto a Gerónimo Unibaso editan la revista “Esto no es una revista literaria”, la editorial “Colectivo Semilla” y organizan la feria de editoriales autogestionadas de Bahía Blanca.
Blog: principiodeincertidumbre.blogspot.com.
domingo, 16 de diciembre de 2012
Andrés Montenegro
NUEVA BUENOS AYRES
I
Parece apaciguado ese rumor
que traen las olas mansas
a tu orilla de barro y salitre
parece que hasta el cielo
repite esa cosmogonía de celeste suave
y pulcro blanco.
Quizás los restos de tus nombre
puedan volverse mística palabra
quizás los derroteros te guarden para siempre
a pesar de los distintos símbolos del hombre
y así Francisco Albo pueda nombrarte
Bajos de las Corrientes
y Uriarte en su litografía
Baya de los Bajos Anegados
esfuerzos por pertenecer a un mapamundi
bitácoras que el tiempo va borrando
lentamente
como la luna borra lo escrito en la arena
con el devenir de la marea
Después por la estrategia o la necesidad
un Juan Manuel, entonces Comandante
le supo ordenar al Coronel Estomba
la construcción de un fuerte en tu regazo
y ha de dudar cualquiera que ha leído
que el destino ha concebido el nombre
que al presente llega,
Fortaleza Protectora Argentina
promiscua Bahía Blanca.
Yo he visto el documento
que los doctos ignoran
y que conserva un amigo
con implacable recelo
o bien con una duda
que mora en la incertidumbre
de si es veraz que aquel puño
redactó la sentencia
que te ofreció la ambrosía
disfrazada de nombre
sentencia de eternidad
que todo amor necesita
así es que te nombraré
Puerto de la Nueva Buenos Ayres.
II
Aquellos dos hombres se encontraron
una mañana en el fuerte Independencia
quizás porque el destino sea un conjunto
indefinido de azares
o porque así lo ordenó Juan Manuel
y así se haría
Lo cierto es que el pasado
es una alquimia hecha de nombres
y era preciso que el sol alumbrara ese encuentro
como un testigo del pacto de hacer por la patria
lo que la patria demande por duro que sea
-Usted Cabalgará-dijo el Coronel-
con rumbo al sur
por el prudente llano
y ha de observar con cuidado
y astucia
el sitio donde erguir la fortaleza
mañana en las primeras luces
no quiero ver su sombra.
Se lleva a los nativos de Venancio
y veinte coraceros.
Lo alcanzo luego con el regimiento.
IV
Como habrán sido tus ojos Coronel?
Nada me dice la historia de tus facciones
tus gestos
te inventaron tantas veces que solo queda tu nombre
Yo te imagino severo de cejas unidas
y la mirada profunda de ojos acostumbrados
a la noche
a ver el horizonte con viento de frente.
¿Habrá brillado al sol tu sable en una tarde pampa?
¿se habrá saciado de sangre originaria inocente?
VI
Una tranquera separa
dos rostros sombreados por la noche,
pocas y elementales palabras
median sobre sus monturas
el resero ha esperado veinte años
este preciso momento
que inadvertidamente define
su futuro
y mi presente
Y pregunta a Manuel Montenegro
si tiene un lugar para pasar la noche
que mañana hay que entregar el ganado
en la estancia de Herize
El hacendado
pregunta al resero quien es
y como sabe su nombre
del lado del camino, llega el rumor
con el viento:
me lo enseñaron de chico,
soy Fabio, tu hermano menor.
VII
El meñique recostado en el papel
donde la historia espera
la pluma cargada de tinta
apretada por índice y pulgar
lista para disparar futuro agonizante
Balcarce piensa en grande
sueña un destino próspero
y escribe
Nueva Buenos Ayres
VIII
Lo que no se puede medir no se puede controlar/
ell conquistador camufla el pensamiento
le pone una sotana
lo manda a tierra bárbara/
venimos a evangelizar
en son de paz
te cristianizo
dibujo la forma de tu tierra
estudio tu lenguaje
y te mato
si
te mato
y siempre en son de paz
descansa en paz, nativo.
Bio: Bahiense, del 85, aeronáutico, asesor previsional, administrador de ajenas propiedades y sueños propios. Emprendedor con más iniciativa que talento, participó de la antología poética “Los siete magníficos” (Colectivo Semilla 2010, editó “Umbrales”-Narrativa (Rigor Mortis Ediciones 2011), actualmente trabaja en “Otoño en si bemol”, una publicación Neobarriosa, junto al poeta Daniel Martinez y el pintor Sergio Santini.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Marcelo Daniel Díaz

Satélites
Para el ojo del astrónomo
somos pequeñas gotas que caen en la tierra
desde un cielo ladeado en sus extremos.
Y para el ojo de los seres queridos
brillan los paneles de los satélites.
No sé explicarlo: es un candado de luz
ahogando la materia oscura.
El astronauta
En la madrugada las estrellas y las ecuaciones
tejen la red de una araña negra
que mastica los huesos de la noche.
Sobre la escuela volaba un avión comercial
que dejaba una cicatriz de humo en el cielo
y dije: “yo quiero ser Neil Amstrong”.
En el guardapolvo llevaba un mapa de ruta
para salir de la atmósfera
y dibujar otro barrio en el cosmos.
Pero los recuerdos felices funcionan
tan sólo como recuerdos felices:
ahora ensayo pasos de astronauta
para cruzar la calle.
Nosotros
Era verano,
en la superficie de la familia
llovían meteoritos.
Íbamos en auto de vacaciones
y el ruido de una pinchadura
desató el temporal.
No conocía la criptonita
pero aún así era un millón de veces
más débil que Clark Kent.
Papá lloraba por teléfono,
el corazón astillado, polvo lunar
en una playa de estacionamiento.
Newton y yo
La manzana que cayó durante la siesta de Newton
descansa en mis manos
como un agujero negro hambriento de sentidos.
La muerte de los cometas cabe en su núcleo.
Escribo el poema
con lo que tarda un rayo de luz
en aparecer en el mundo.
trabajan a la inversa de la gravedad,
lo leyó debajo de sus píes:
en cada hombre, comprimida,
hay una descarga universal
del tamaño de un planeta.
Los textos pertenecen al libro de poemas Newton y yo. (Editorial Nudista. 2011)
Bio: Marcelo Daniel Díaz nació en 1981. Vive en Río Cuarto, Provincia de Córdoba, Argentina. Es profesor y Licenciado en Letras egresado de la Universidad Nacional de esa ciudad, colabora con la cátedra "Análisis del discurso". Participó en la antología “Es lo que hay”. Ese mismo año publicó el libro de poemas “La sombrilla de Wittgenstein” y un conjunto de relatos que se llamó “Los límites de Tlön” (Ambos premiados en el concurso provincial de Editorial Cartografías). En 2010 participó de las residencias literarias del Centro de Arte Contemporáneo de Córdoba a cargo de Silvio Mattoni, María Teresa Andruetto y Alejo Carbonell. En 2011 publicó el libro de poemas “Newton y yo” con Editorial Nudista. Y hace unos meses publicó el texto de lingüística “La palabra y la acción: la máquina de enunciación K” con el sello de EDUVIM. Premio Bienal de Arte Joven UNL y Premio Universidad Nacional de Río Cuarto en poesía. Mención de honor en el certamen de poesía de Ruinas Circulares. Integra el consejo editorial de la revista de estudios literarios Borradores de la Universidad Nacional de Río IV y ha colaborado con reseñas y textos críticos en No retornable, Axxón, La guacha, Bitácora de Vuelo y El lince miope. Contacto: marceloddiaz@hotmail.com
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Elba Serafini
LOS DÍAS APARENTES
Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.
Circe Maia
En algunas playas de la Riviera
unos pájaros negros como cuervos
caminan la arena fría,
lanzan gritos afilados,
se aferran a los parasoles y planean
atacar a los turistas.
Una fotógrafa avezada se acerca sigilosa,
les da de comer pequeñas migas
que antes moldea con sus dedos,
ellos se aquietan
y caminamos con tranquilidad
hacia la envoltura turquesa
del océano.
II
Los que viven en la playa dicen
que está haciendo demasiado calor
en este otoño.
El huracán dejó secuelas
y hoy el cielo amaneció tan colmado de nubes
que la humedad me vence
bajo la sombra de una palapa.
Tres mariachis cantan una y otra vez
“…y llorar y llorar…”
acompañados por parrandeados hombres
con guardaespaldas y mujeres
divertidas entre sí.
Súbitamente los meseros nos invitan
a entrar al comedor.
Parece que la lluvia va a arreciar
en este día de muertos.
III
Lejos de la tristeza del mundo
y cerca de la blanca arena
la vida semeja un paréntesis
hecho de papel de diario.
Escribo sobre él, bastardeo,
no recuerdo las tardes penitentes.
Algunos mares cristalinos emergieron
para ser disciplinados por muelles
que se pudren mansamente
ante la indiferencia de varias generaciones.
La condena es tener que salir de la perfección
para volver a casa.
Bio: Elba Serafini vive en Buenos Aires, es Psicoanalista y profesora universitaria. Publicó “Dinamarca” 2007, edit. Sigamos enamoradas, antología “Hotel Quequén-Submarino” 2011, edit. Sigamos enamoradas; sus poemas fueron traducidos al portugués, inglés e italiano y publicados en blogs de poesía de Brasil y Portugal entre otros. Realiza reseñas de libros de poesía argentina para el Periódico de Poesía de la UNAM, México, desde 2011. Colabora en revistas de actualidad de argentina, asesorando en temas de psicología como VIVA y Ohlalá, ha incursionado además en la pintura y el teatro.
martes, 6 de noviembre de 2012
Noelia Vera
Los últimos años
¿qué vamos a hacer con nuestra inocencia? ¿qué con nuestra culpa?
nadie está a salvo en este cuadro
si lo pensamos bien, dice Moore, todos desnudos.
Cada cual con su toquecito
yendo y viniendo con los guantes de box y la guardia alta.
Veo el fondo ahí tan lejos, sos frío, me congelo
al final de toda esta historieta que venías a contarme.
La ternura desfila y pasa rápido
no sabés controlarte, te gusta soltarme justo antes del borde
lo resuelto travestido en duda,
escuchar a las mariposas cortajear el estómago.
El viento aplaude cerca de mí, ningún saco cubre mis hombros
podríamos haber tomado desde el principio
un ritmo de paseo, medirnos con la vara
del presente y la simpleza
conseguirnos un paquete ahora que el verano
se acerca codicioso. Pero pienso en la calma del paisaje:
el cielo celeste, las nubes quietas
y solo veo en el agua una inmensidad
convertida en charco que trata de ser libre
incapaz de ser tan negro como el lugar de donde vengo,
como todo este surrealismo
que encuentro y continúa.
Quisiera pedirte, mundo, que no des más vueltas
la compasión es una fiera que hiberna rigurosa
nadie debería estar moviendo un pelo cuando no puedo
salir de la cama y el rayo de sol a la mañana
es un puñal hilando filo en apenas dos párpados.
Soy consciente de que afuera, el muy pájaro crece y sube
tan alto como canta. Lo escucho desde acá, lo mataría
pero aun cuando mi mano lo capture va a seguir igual
cantándome con insolencia “ la satisfacción es una cosa lenta,
pura como una joya; estoy viciado de mortalidad
estoy viciado, sobre todo, de eternidad”.
Muñecos
Venimos de la plaza de los ponys salvajes,
una isla inquieta en el medio del fluir de los camiones.
Ya no siento ni pizca de lo que traía
de mi propio privado patrimonio continental:
complot para el vacío, primavera de un solo día,
mis ataques de pánico, tus ataques de arte
Por allá veo algunas piedras , dos caballos enfermos
que podríamos lograr sanar, pintar sobre el plateado de esas chapas,
usar la hora del sol para leernos sentados en una hamaca.
Este es un lugar muy antiguo para mí,
anterior a estos dos muñecos, que por suerte me manejan
como a uno de sus títeres.
Podríamos, veo, descansar en este pasto, levantar algo acá
dejarlo todo, quedarnos.
Sol de frente
Nadie saca de su bolsillo la ruina como si nada
Fer le imprime a todo un molde clasista precursor
del miedo. Anita toma pastillas, yo leo desde y hasta
los cánones de mi intuición, Pol acaricia lo estriado
Luis ve oportunidad. Tengo diálogos en la vigilia
que no voy a tener, con personas que me importan,
en esos diálogos fumo y uso un tapado
de piel verdadera ¿me separé de un novio
o de una enfermedad? tomo el volante
y el resumen pasa
en una pantalla mínima
miro el espejo retrovisor
y tengo pensamientos en los que la mayor parte del tiempo
clarea el día. Me gustaría obligarte
a que lo veas conmigo
que te sientes frente a un programa
de esos en los que una enferma
traza el delineado mental de su cuerpo
y erra por centímetros, por un montón.
¿Lo entenderás? ¿Quiero que seas
un esqueleto que llora?
Quizás quiero que puedas verte y decir
sé mi espejo, esto es un pedido
de auxilio y un peligro.
Vamos a veinte, adelante hay fuego
es nuestra hoja de ruta al interior.
Bio: Noelia Vera nació en Buenos Aires en 1980. Poemas suyos flotan en la web o se encuentran en antologías como Poetas Argentinas 1968-1980 compilada por Andy Nachón o Poesía Manuscrita, libro-objeto a cargo de Germán Weissi y Laura Manzini. Publicó Discontinuos (Editorial La propia cartonera, Montevideo, Uruguay), la plaqueta Nosotros quiere decir un montón de cosas (Color Pastel) y el libro digital Cuatro Paredes (Ed. Determinado Rumor: www.determinadorumor.com.ar ). Forma parte del colectivo de poesía Máquina de Lavar. En twitter es @noemas
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