domingo, 16 de mayo de 2010

Liliana Celiz


***
devorado por los ojos de mi madre que no come ya ni canta
en la canción del viaje venidero él sirve en su revés la mesa
ella se irá mañanma hacia otro puerto con los hijos de sus hijos
a la cumbre de algún álamo a tornarse mariposa con la frente
coloreada del disturbio de ellos (él no canta, ya ni ríe, ya ni canta
la canción que estorba entre los ojos nuestros) es la luz la que
sostiene la mañana en el pretérito del viaje él ya no vuelve



***
tocando el piano entre muñecos que no cantan ya ni temen
en la noche el resplandor (el agua tiñe de lavanda a los muñecos)
la luz que viene de los muertos (él se ha ido y temblaba tras los
ojos de mi madre) en la estación tomábamos el mate y cantábamos
de a cuatro los pañuelos (él lloró) en plena intensidad de la mañana
ha muerto (él lloraba de la sombra de mi madre, de los hijos de mi
madre) tal vez la sombra ascendía por los bordes (la humedad)
bailaba mi caballo por el patio justo al pliegue de los pastos y la tierra/
la tortuga caminaba en el recuerdo



***
al fin quedábamos nosotros, su sombra iría en ese viaje transversal
a las siluetas del otoño y todo lo que acaba en tornación de pormenores:
el viaje próximo al viraje de los ojos en la fronda (ya nadie iba detrás de
nuestros cuerpos: él volvía) la pura noche en el silencio/ los ojos por
detrás de las veredas arrimados a los cuerpos en la zona del discurso
(la humedad) la boca llena de humedad a la canción que él canta en
otro viaje)

Del libro inédito "Nadie ha vuelto"


Nota: Liliana Celiz Nació en la ciudad de Rosario, Argentina, en 1956.
Escribre poesía desde sus once años de edad.
Editó:“Del Traje de Eva y su manzana”(Ultimo Reino), ¿De dónde vienes de mirar tus ojos padre? (Ediciones del Dock, “Desembocadura”(Tierra Firme), “O elevación de vos o pensamiento”(Ediciones del Dock) y “A los que fueron pájaros”(Ediciones del Dock).

sábado, 15 de mayo de 2010

Francisco Bitar



Todo clima pertenece a las estaciones

también este en que enciendo un cigarrillo
y el humo hace de la habitación
una atmósfera aparte
Pasó ayer la temporada de lluvias
y empujó en dirección a los puentes
las luces de un tráfico falso;
el resto de las líneas de punto
que traban las estaciones al suelo
debió correr por su lado
para unirse más lejos
al movimiento del perímetro
Acá el agua es una música clara
que recorre las paredes
aparecen todavía objetos
de los inquilinos anteriores
encender los quemadores del horno
es cuestión de vida o muerte
Abríamos la casa con las tormentas
y corríamos los muebles
hasta el centro de la habitación
donde más tardaban
las masas de aire fresco
en desplazar los últimos calores
Atrás de la cama apareció la última vez
la estampita de un santo paraguayo
y no supimos si se soltó del colchón
o si bendecía el papagayo del viejo
que murió con esta casa
Respirar y que sea de noche
Después, entre la estampita
y la furiosa necesidad
de devolver los muebles
a su lugar original
es lógico recordar el momento
anterior incluso
a terminar el curso
de la primera comunión
en que se pierde todo diálogo con dios
y se le empieza a rezar a todo
para que no desaparezca
Esta noche está el frío endureciendo
todas las puertas que dan a la calle
Las luces rojas de advertencia aérea
que se encienden en la punta
de los grandes edificios
duran igual que las estrellas
Ahora se apagan
o están enfriándose
hasta desaparecer al mismo tiempo
todo ocurre a una altura parecida:
la cabecera de mi cama
hecha de reja de hospital
Voy a rezarle a todo
que si no, desaparece.

(de el olimpo [primera parte], Ed. Chapita, Buenos Aires, 2009)




La sangre que está en la mano

la circulación manda hacerla correr
y pone otra sangre en su lugar
El pantalón al lado de la cama,
la imagen de un perdido del mundo
que duerme junto a un inmenso campo alambrado
El aire que estaba afuera y después entra, relacionando
Los ruidos del tráfico son los de hoy
aunque parecen recién llegados de un largo viaje
——Hay calles que pueden llevarte lejos
a otras ciudades incluso
pero si se caen del camión unas botellas
habrá olor a cerveza todo a lo largo
Después se callan
y al toque el silencio
vuelve a tener mil años
La idea de generar
un vínculo entre las habitaciones
y la idea de impedirlo
son las dos muy viejas
y ya tienen cada una su propio invento
Una idea es la sangre
en la cabeza que hace un rato
estaba adentro de la mano;
un invento es la misma sangre
que ya dio todo la vuelta.

(de el olimpo [segunda parte], en prensa)



HORMIGAS EN LA GUANTERA de una camioneta,
la luna proyecta un azul
de pantalla a la oscuridad

En el pasillo la luz se estira
y se tensa la correa
del perro del vecino

La bocina de una locomotora
suena en la noche:
debe ser el penúltimo llamado
de un tren que lleva enfermos

Nadie sube
pero unos cuantos se bajan a escupir.

El Olimpo segunda parte, (Colección Chapita, 2009).



Sierra al ciervo

Al salir, el ciervo está tirado
al pie de la puerta, lagrimeando.
“No puede más con su cabeza”
piensa el hombre, se mete en su taller
y sale con su sierra de mano
“La trajo arrastrando desde el bosque”.
El hombre aplica sierra al ciervo
que muere bajo su cornamenta;
“Por alguna razón les crece este ramaje,
hasta matarlos a veces, en la cabeza”.
Al primer contactote la sierra
salta el sarro en virutas
luego polvo y hacia el centro
del cuerno un blanco real
[ ]
el hombre está de golpe del otro lado
y detiene la sierra justo delante
del ojo de mujer del ciervo.
El ciervo, conmovido, se levanta. Tiembla.
El hombre entra y sopla el serrín
del trabajo en las mangas de su camisa
arriba de las marcas pegajosas
del desayuno sobre la mesa.
De parado con su taza de café
mira desde la cocina cómo el ciervo
regula su nuevo peso
con movimientos cortos:
es un ciervo joven, los ciervos son viejos
sólo a último momento.
El hombre gira y espanta
las moscas de la mesa –
son más cada mañana,
un día tendrá que hacer algo.
Por el momento
deja la taza en la bacha
vuelve con el trapo
y borra cada marca.

De Negativos, (El niño Staton).

Nota:Santa Fe, 1981. Reside en Santa Fe. Publicó la revista “Humillados y ofendidos” (2000-2001). 2004: Primer premio VI bienal de arte joven, poesía, Universidad Nacional del Litoral. Poemas y ensayos de su autoría aparecieron en distintas publicaciones de la especialidad.. Colabora con el diario “El litoral”. En el año 2009 publicó El olimpo (primera parte) (Ed. Chapita, Buenos Aires, 2009), la segunda parte aparecerá a mediados de 2009.

viernes, 14 de mayo de 2010

Tomás Watkins



YO BEBO

inciertos caminos persigo
alfombra de espinos mis días
vacías estepas mis horas
sin vino

(Roberto Mariani)



yo bebo
así me encuentra la noche
bebiendo
bebo
ya se fue la luz del día
me contenta saber
tu nombre y este miedo
bebo
mi hígado tiene el tamaño del mundo
es el vino
lo que te mata y te hace más fuerte
bebo esta noche sin hielo
esperando
bebo sobre todo
sillas lanas
en cuartos de hotel
para olvidar o recordarte
bebo
el sabor me hace pensar
en el vino de Li Po
que jamás probaré
bebo
placer efímero
con tantas cosas que hacer
bebo porque sí
no golpeo el mentón del creyente
yo bebo
déjenme en la realidad del vaso
bebo
hay una mina de oro
ahora
no mañana
bebo
el vaso tiene miedo a la muerte
que acecha en el piso
bebo
un Gato Negro baila en mi estómago
dejando rastros
bebo
regreso a la plaza Ministro González
el tiempo vela
mis reliquias
bebo mientras orino
el baño asiste al acontecimiento
soy la antena
de un mundo líquido
bebo y pienso
una mujer alojada en la memoria
es un arma celosa
bebo
llegan visitas
dormir es para quienes lo merecen
bebo
revuelven la biblioteca
están despiertos
no saben del infierno
de la vigilia
bebo
bebo y ellos no dejan de venir
están en su derecho
les debo este abismo
bebo tu nombre
tiemblo
me embriago de angustia
contra el pronóstico
no llueve
bebo
el espejo se burla
llamándome
no vengas a verme
siento vergüenza
bebo con Li Po con Bukowski
con los otros que no beben tanto
y se indignan
todos en su sitio
cada uno
con sus fantasmas
bebo con mi colección de poetas altos
–es frívolo
dijiste
no sé qué esperabas de mí
y de lo que fue dejando la noche
bebo
siento el caer de los imperios
no es tan importante
como estas nuevas ganas
de ir al baño
bebo
ahora llueve
pienso en camas que se enfrían
más allá de esta ventana
bebo
hay tormenta
y otra mayor
dentro
bebo
huelo restos de otro vaso nocturno
es un incienso escuálido
propiciando alguna muerte
bebo
escucho el tañido de campanas
no me siento solo
todavía tengo el vaso en la mano
bebo
pero deseo beber la lluvia
gotas de redención
para un domingo olvidado
bebo
nada es permanente en la vida
ahora
esta sensación
del líquido en la boca
bebo
las bestias buscan refugio
otro día empieza
y estoy
vivo
silencio
tengo ganas de gritar
el vino se acabó
voy a dormir
para soñar una bodega
que lleve mi apellido
bebo
luego existo
ésa es
mi única certeza



VENDAS & GASAS

2004,
creo que ahí comienza
todo:
los viajes, el frío,
el vino. Los golpes
a uno mismo
dado
vuelta. Las manos rotas,
temblando, el pie sangra
y la jefa de guardia me grita,
–borracho,
con los casos serios
que hay.
Comienza de pibe
con perros que te muerden,
con laderas rojas de bardas
donde nos tirábamos
sentados en cartones,
la risa desbocada
y la mente haciéndose agua.
Más tarde empecé a robar
nostalgia a las tardes, al cine,
a libros que leía por única vez
y perdía.
Pocos años de vida y se veía venir,
tanta sed de cosas rápidas,
el alcohol esperando
ahí afuera.
Y la plata para las vendas,
y la plata para el cartel
que rompí a trompadas
una noche de whisky.
Entonces el juzgado,
de testigo, de acusado,
víctima siempre
y la doctora que no logra
mi redención.
Ella y sus piernas,
sus pechos enormes,
masticando chicle
jurídicamente.
Me aconsejaron
que no la deje
hasta que todo se calme;
no pude hacerlo.
Debe haber empezado
aquella tarde
cuando no llamé a mi viejo
para el cumpleaños.
Dos días más tarde
lloré.
Por la inclemencia,
el tiempo perdido.
Mi viejo trajo ese libro
con un cuento para cada día del año,
nos leía al Pablito y a mí
[Belcebú lo tenga en la gloria,
se fue a una ciudad colorada
a vender algo
y lo vendió todo];
jugábamos al fútbol y leíamos,
qué magia de pibes.
Salvo el Luigi:
años después
apareció de milico
al que le pesa la camiseta,
nos dijo –qué bueno verlos,
dejen de fumar,
hay chicos.
Ahora que lo pienso
estaba Sofía,
aquella chica implicada
en mis primeros cigarrillos.
Cuando mis viejos me preguntaron
dije
que ya era tarde.
Teníamos viento,
a veces silencio.
15 verdes años:
ella
eligió.
O empezó cuando Aylén dijo
que los poetas somos
un poco más lentos,
aquella tarde lluviosa
que perdí mis palabras
tratando de armarle el corpiño.
Ahora cambió el discurso
y cría a su hija
lejos del pibe que la golpeaba,
que también mordió a Delfina
en la frente y una vez
me gritó –¡no te metas
en mi vida!
Debí romperle la cara,
estábamos justo
enfrente de la farmacia
donde me conocen.
Son cosas que pesan
por no ser santos, por guardar
la intención y el deseo
para un momento ideal.
[En el libro de ese pibe
decía
“matar: quitar la posibilidad
de las miserias y conquistas,
de lidiar con la resaca,
la oportunidad.”
Una mierda, la crónica.]
Cuando pasa tiempo y no veo
a este sujeto fascinante y violento
me siento intranquilo;
pienso en la nueva víctima,
en su casa,
los seres queridos.
No empezó ahí, es cierto,
pero la Biblioteca fue mi faro,
un pararrayos, el manantial.
Las socias se acercaban salvajes
en la escasez de la tarde
y reían.
¿Qué fue de la gordita con trenzas
que batió el récord
de permanencia en sala?
¿y de las otras dos,
en eterna maniobra?
¿De qué se reían?
Ahora las cosas cambiaron
pero ellas siguen frescas,
en estación,
como en un poema
de otro.
Los viajes trajeron
de nuevo el aire fresco
que reinaba en la plaza,
cuando creía que el mundo
era hacer goles.
Viajar es bueno, una vez
miré a una mujer a los ojos
y me vi mirando a otra mujer a los ojos,
en otro lugar, no hace tanto.
Alguna de ellas me dijo
–tenés talento
para los finales. El viaje hace bien,
y olvidar.
Después la vuelta, tener que volver
con frío, calor,
película o baño.
Chatarra,
chatarra en los pueblos del regreso,
chatarra somos
aguantando el peso
de la cara oxidada.
Escribo mientras la gente
se va quedando dormida;
los colectivos tienen luces
dentro y fuera.
Escribo porque ahora no tengo
las manos vendadas,
estoy en paz.
No puedo recordar
tantos viajes, tal vez lleve
fragmentos, esquirlas,
dos líneas, el vino inconstante,
las señoras inmortales
leyendo poemitas
para sus nietos, egoístas.
Y el calor, la humedad,
lluvias torrenciales y uno siempre
distinto en los recuerdos,
en las cosas que dejamos
o no tenemos
y el clima de a poco
se mete en las letras.
“Siempre la misma cantinera,
siempre la misma canción”
en el anfiteatro donde aterricé
de cabeza y le dije a una mujer
que no estaba en oferta;
di un paso en falso
desafiando la noche:
el pasto y los vidrios
en mis dedos.
Vendas & gasas,
barata la caída,
un clavado sin agua
para complacer al mareo.
–Cuidate, la garganta es débil
me dijo mi viejo.
Pelado, me hubieras visto,
tan prolijo venía
con los codos morados
de sangre, de vino,
de noche en el piso
y la agüita, el rocío
en la espalda del Seba
con raíz en el pasto.
Vuelvo en forma de prosa, –¡Ja!
dijo ella, –¡vos no podés
volver en forma de prosa!
Pero vine,
vine en forma de prosa
y escribo la sangre de mis amigos
que no puedo traerme;
escribo la muerte de las mujeres
de mis amigos que no puedo traerme;
escribo el recuerdo
de las mujeres muertas
cuyas manos siguen cubriendo
a mis amigos que no puedo traerme;
en Chile o en Bahía Blanca,
de poesía o de cáncer,
la muerte nos muerde los labios
cada vez que amamos
el vino, el vodka, la birra de Ale
y el idiota que dijo –¡porro! bien fuerte
para que no fumemos más,
y callemos.
Debió comenzar
de un momento a otro,
tortura o suerte;
pero debe terminar.
Se cansan las ventanas,
los cordones, las salas de espera
de consultorios blancos.
Hoy no soy más grande, no he cambiado,
me voy a cortar el pelo
y aprendí cuánto tarda
en curar cada herida:
la de los pies
molesta tanto
que no podés escapar;
la de las manos
siente vergüenza.
Hay otra,
más profunda y secreta;
tanto
que ya no duele.


Nota: Tomás Watkins nació en la ciudad de Neuquén en 1978. Integra el grupo de poetas Celebriedades, con el cual ha desarrollado una vasta difusión poética en las Patagonias argentina y chilena mediante el espectáculo poético—musical que los caracteriza.
En 2004 Celebriedades emprende un proyecto editorial denominado El barco ebrio con el cual Watkins edita su primer libro, intitulado 26. En 2007 se publica la versión definitiva en la editorial El Suri Porfiado, de Buenos Aires.

jueves, 13 de mayo de 2010

Dolores Etchecopar



El pozo



mi hijo no hace pie en el alba
tampoco hace pie esa ciudad donde estuvimos
ni el tren que iba a Berlín
ni los muertos que suben y bajan
la ropa de los vivos
nada hace pie ni la pobreza ni la risa
ni los ruidos feroces ni las luciérnagas
bajo el gran país que suelta la noche
digo unas palabras aparto a la extraña mujer
que se prepara en mi sollozo digo unas palabras
antes de que ella me enmudezca con sus fábulas
y su desmemoria
mi hijo no hace pie en el alba
el tren que iba a Berlín
los vivos que suben y bajan
la ropa de los muertos
nada hace pie
en el llamado
nada hace pie
en el silencio ese niño
nunca sabrá
por qué afuera de la luna
golpean a un viejo caballo


del libro “Notas Salvajes”




*


hay palabras preciosas
gemas que se abren misteriosamente
cuyas facetas destellan algo que se quiebra
antes de completarse
así es la palabra aquiescencia
difícil de pronunciar
esquiva como un hilo de agua
que fluye entre las aristas filosas
de la palabra no


del libro inédito “El Comienzo”




*


niña helada en una canción
de cuna y de tumba
con cuánto esmero te envuelven
los cordeles los pasos de tu madre
la tardanza de un amor
que teje tu rostro sin descanso
¿qué alimento es ese que tomaste
en el frío
cuando ya no había nada?

cortaron tu bretel de nubes y de nieve
te sacaron del alma del mundo
ultrajaron el obsequio
de tu rostro huyó un jaguar
a la vista de todos

niña larva
apunada de soledad
te doy asilo en mi aliento
en mi protesta
ábrete
hazte unas manos
para levantar de tu pecho y del mío
una casa
hazte un comienzo
en la música
y el rugido
del animal más lento


del libro inédito “El Comienzo”

Nota:Dolores Etchecopar, nació y vive en Buenos Aires, es poeta y artista plástica. Publicó los siguientes libros de poesía: “Su voz en la mía” ( Corregidor, 1982), “La Tañedora” ( El Imaginero, 1984), “El Atavío” ( El Imaginero, 1985), “Notas salvajes” ( Argonauta, 1989) y “Canción del precipicio” ( Grupo Editor Latinoamericano, 1994). Este año se publicará su libro inédito “El Comienzo”. Entre los años 1999 y 2000 creó junto a otras poetas y artistas el grupo de poesía oral “el pez que habla”.

martes, 11 de mayo de 2010

Mauro Morgan









RESURRECCIÓN

Ahora que tu cara está vacía
de la sopa no sale espuma
Como en el juego de abrir espejos
Como en el juego
antes del llanto, la sombra de tu
Columna
Sobreviene al amado,
no deja huellas ni acaricia
el perfume.
Ahora que se antepone sorda
la habitación del sueño
¿qué Falta?, dime, en los tendidos crucifijos
llamándote  y rezando
Tu calle, la cruz. Una distancia llena de fósforos
Acaso la desgracia ajena rezando.

¿qué faltaría para que el “tengo” de mi nombre,
no huya  impasible
Por una corta cornisa del destino? Una ciudad
No conozco, casas y calles exactas.
Perros custodiando el olor a miedo
Caballos.


Ahora que la palabra se hartó
del deslumbramiento
Y este cuerpo no quiere continuar
el hambre
Que mi voracidad se raja y muerde, que cada clavo
Responde la voz de tu cara más humana que vacía,
¿me dejaré ir?
¿llegará ese polvo que desprecio y que no es mío?







El trabajo de la pesadilla
1
Se deshizo la cama y recuerdo
La última fuerza.
Siempre estuvo vacía.
¿A quién engaño entonces?
Al miedo.
Y si tengo miedo de no engañar
Lo suficiente
a lo que aúlla
puedo caer en una cama.
Dormir
Y  mi última fuerza
fue descubrir
Que la cama
se deshizo.




2
Al despertar no encontré la ayuda
No es fácil estar  sentado.
Si se asomara una araña cargaría de peligro
el vacío.

¿Qué es, exactamente, el cordaje
Si se estira entre las redes?

Trabajo desde la luz un rincón alejado.
Para que venga suave. Pero suave
es caer en una cama. Dormir.
Que mi sombra no sea la nuca.
Igual en secreto había estado reventando
Lo que el mismo silencio no podía decir:

El borde de la ventana es oculto. Mis
Ojos no se abren desde hace años.

¿Puedo pedir ser más hombre?


Bio: Es un poeta argentino nacido en Rosario en 1988. Sus poemas han sido publicados en diversas revistas: Groenlandia (España, 2009); Viva la Palabra (México, 2009); Poesía Viva Rosario (Argentina, 2009); Cinosargo (Chile, 2009) Vieja Lilith (Argentina, 2010). Participó en Breve muestra de Poesía Argentina actual (Foja de Poesía No. 037) de la revista Mexicana “Círculo de Poesía”. Fue galardonado en el concurso de Varadero, Cuba, Poesía de amor Varadero.
Colabora en la revista Analecta Literaria (Argentina)



lunes, 10 de mayo de 2010

Teresa Arijón


De La vida nueva

En el fondo de un pozo
cuya boca ha sido tapada desde afuera
sin un resquicio que permita la entrada de la luz
un hombre, solo, con una botella de agua.
Debe meditar, si puede, sobre la impermanencia de las cosas
pero en cambio elige adivinarse las uñas de los pies.
Ha fracasado en todo: ni el amor,
ni la pura poesía en estado salvaje,
ni el ideal paupérrimo de una vida dedicada al arte.
Tiene cuarenta años y no puede mirar hacia adelante,
tampoco hacia atrás. (El pasado
es una cortina de humo sobre todas las cosas;
su sola noción opaca los usos del presente,
en cierto modo lo desanda.)
En el fondo del pozo, el hombre,
que es chino y está a punto de morir pero no (y él lo sabe),
imagina que enciende un fósforo;
siente en la yema de los dedos la aspereza
de la pólvora: el fulgor repentino que lo fascinó en su infancia
es ahora, en el pozo, un sueño sin dimensión.
(Un fantasma sin cara, él mismo sin su aspecto.)
En el fondo del pozo el hombre podría ser cualquiera,
sumirse en la historia colectiva como quien cava una fosa común.
Ser víctima o verdugo: ha perdido los límites. Desconoce
el peso permanente que arrastra sobre sí.
Él quisiera dejarse deslizar por la vía más fácil:
hacer de sus sentidos afilados un aquí y un ahora.
Pero sólo conoce aquello que lo espera: el hambre, la sed.
Como un monje suicida o destinado a la automomificación,
el hombre —que antes tuvo una esposa, a la que amaba—
querría tener ahora, en el pozo, una campana.
Una campana de tañido minúsculo para anunciar que todavía sigue vivo.
En sus horas de miedo dice palabras sueltas, destajos de un poema
que no sabe o no quiere recordar. Pasa la yema del pulgar por los labios resecos. Supone
que sería más fácil dejar de respirar.
En el fondo del pozo el hombre quisiera ser juez de su propia vida
e inclinar el platillo hacia el lado de los inocentes,
los que sin más que su paciencia resignada esperan
las tramas infinitas.
Pero sabe que de algún modo es culpable
de estar allí sentado, solo,
en la extrema oscuridad.



de Poemas y animales sueltos

Amor
para B.B.

i.
No cabía en sus manos, no cabía en sus pies, no cabía en su alma cuando vino. Como una cebra montaraz, pequeña, como el pelaje de una oveja descarriada. Como escribir un poema en la mañana fría; como no escribirlo y dejar que suceda.

ii.
Deshizo para siempre el emblema de la memoria e incendió las tierras alambradas, buscó el néctar pasado entre el humo, y no encontró nada. Antes de irse, rompió el cántaro y selló la fuente.

iii.
Vino y trajo el mundo nuevo, y hablamos de ciudades como cartas marcadas, de Praga y de Lisboa y del tren que nos llevaría a Cascais mientras leíamos, como si fuéramos un poeta cetrino y su fantasma. Como si fuéramos la piedra y la honda. La taza de plata de la que bebe el ogro y la medalla de oro que luce la ogresa. Lo que oculta y nombra. Lo que nombra y lleva.

iv.
Vino como el tumulto salvaje del corazón salvaje, y me hizo conocer el relámpago y la selva verdadera, y olimos el aire de una gruta donde duermen murciélagos centenarios. Vino para hacerme tocar el río austero, enemigo y reflejo del cielo. Vino para nombrar a Héspero, la mirada del vigía en la tormenta, el filo del cuchillo en la penumbra de una casa ajena. Vino para secar el mar amargo, para que la sagrada espesura del bosque vuelva a cerrarse. Para que el lobo rompa su clausura como quien congela el metal de un candado y lo parte en dos.

Nota:Teresa Arijón (Buenos Aires, 1960). La escrita (1988), Teoría del cielo (1992; con Arturo Carrera), Alibí (1995), El libro de las criaturas que duermen a nuestro lado (1997), El libro de la luna (1998), Orang-utans (2000; con Bárbara Belloc), Poemas y animales sueltos (2005). Fue integrante de la revista “18 whiskys” y coeditora de “La Rara Argentina”. Entre 2001 y 2002 realizó la edición de Puentes-Pontes, primera antología bilingüe de poesía argentina y brasileña contemporánea.

domingo, 9 de mayo de 2010

María Paula Alzugaray


El trono
a mi padre

La fuerza del toro minoico persiste
drena ligera en la madera epocal
y cuando el rojo brama: paciencia
y capitulas.
Lidia lo que nombras.
Rey, pero no de antorcha y santos,
Rey de arcos
del pensamiento
aguijoneando el miedo
como púa en la rueca.
Tu asiento dicta: -¿Y si venzo?
Porque sabes cómo descortezar lo sagrado,
cómo perdurar el oro, cómo castrar gargantas
cuando las palabras excéntricamente bellas
mienten.
Todavía puedes reír con los ojos,
aún tu voz con algo de amor antiguo
viola el salón.
Tu asiento sigue dictando: -¿Y si venzo?
Porque sabes en un guiño,
que un trono
no es sólo para sentarse.



es mi cuerpo

soma huésped, ignorancia de mí
primer objeto de conocimiento, ¿manito de ustedes?
resero de un animal donante,
gana y recipiente, obediencia y ofertorio
capricho perecedero, producto culinario,
paquete, fogón, rebaño motor, sanatorio,
obrero del espíritu, inquietud del gustar
cara de mi enunciado desnudo
cachorro eterno, corsé del lomo y mi energía
que acalora la dermis para el enamoro y su fuerza.
sólo la forma del alma lo embellece
esa es su oportunidad, su triunfo —para adentro,
me digo— .
Lugar oportuno, nido del tiempo
casa presente del arreo
maleta de mí, playa de mí, gruta
desaguadero, manantial
ahíta pulpa de entierros —para adentro... —
¿Por qué tumoriza esta carne?, si va buscando
convidarse como pan orbital, pan curativo
hasta el último poro, tajo
última borra.



La casa de Luján
(bordaba y cosía vestidos)

Péndulos de hilo
habitaron el patio de la infancia de mi madre.
Máquinas de madera
cruzan el algodón incierto de esos días.
Una mujer indómita
bordaba el terciopelo negro de la espera.
De sus manos
surgía un manojo de formas
para los bastidores que cercaban su anochecido oficio.
Láminas descoloridas de Toulouse Lautrec
un baúl lleno de tiempo
una llave enorme
y miles de costuras eran la casa.
El tálamo de Luján siempre fue el color de las telas.



La visita

a prima Sonia
“…cunde un estupor de ballena varada
un resquemor de tajo en la sandía”
Hugo PADELETTI
Voy por esa fotografía de globos y alfajores
a rellenar la gesta con ansiedad de horizonte.
Nísperos orean la ausencia en el mosaico damero,
iluminado abandono
libre de hijos a la hora de partir.
(Hoy, ante tu sorpresa
te pusiste rubor y pollera para verme,
vulnerando promesas de algunas charlas
desde no sabemos dónde; ...cinco años?
de que te obligara a pintarte para ir los cumpleaños)
Galería esteparia a la que asisto, derecho viejo
cortesía tuya
abundancia de parientes, siestas y balnearios de la niñez
que nos tienen acostumbradas, tan tontas...


Nota:María Paula Alzugaray nació en Rosario en 1974 donde reside actualmente.
Es Licenciada en Letras. Ha recibido varios premios y menciones nacionales en el género poesía. Posee libros inéditos de poesía entre ellos “Inmaculada Cortesana” (1986-1996) y “Eternidad en la Fuga” (1999). Ha dirigido y colaborado junto a otros escritores “Ciclos Literarios” de lectura y escritura (Café del Sol en 1996; Logos en 1997; “Antología Oral V.D.L.U.” en 1998) Ha participado en el “Festival Latinoamericano de Poesía” de Rosario, en sus ediciones: 1997 y 1998, leyendo sus textos y coordinando mesas de escritores. Ha sido jurado en diversos concursos de poesía. Publica en antologías y revistas literarias. Ha intervenido en el CD “Voces de Poetas” de 1999. Ha conducido micros radiales de poesía mediante la revista: “Viajeros de la Underwood” y de reseña de libros. Ha organizado la Página de Cultura del periódico semanal “La Gaceta” (Rosario 1998-1999) y del periódico “La razón de la Tribuna” (2001) de Rosario.