miércoles, 7 de febrero de 2018

María Malusardi





(de la música)

qué sabe la música cuando una puerta al
cerrarse y los dedos de la mañana doliendo
su rebelión de gatos sobre el labio vos no
estás y el violín es de los muertos


algún golpe alguna caída han dejado en
tu mirada la opacidad de los destierros
solitario en tu traje negro zapatos de
arena y yo mi vestido sin fiesta deslucido
sin joyas dispuesta a desnudarme y bailar


escribo para salvarme de los sueños a
los que nunca llega la luz qué música
será ese tono rugoso y ocre que no te
encuentra desnudo en mi compasión en
mi soldadura

 (Buenos Aires, 1966).
Publicó los libros de poesía El accidente (2001), la carta de vermeer (2002), variaciones en la niebla (2005), diálogo con pescadores (2007), museo de postales (2008), trilogía de la tristeza (2009), el orfanato (2010), la música (2013), el sastre (2015), artista del trapecio (2014) y el desvío y el daño (2017).

lunes, 29 de enero de 2018

Marcelo Rizzi




Foto: Héctor Rio

(de El libro de los helechos)

que una cara de la moneda aloje lo cierto,
que la otra el error; que quien para fortuna
o desdicha una de las dos obtenga
—ese pequeño libro sin letras que cargará
para siempre en su morral—, como artesano
de Beocia, deje que hablen desde ese momento
sus herramientas; que una vez colmado
el impluvio salga a la puerta, de tal suerte
que al regalar collares para las hijas
del que siempre parte, done semillas
de su huerta para el que está por llegar


como quien ve la noche
por primera vez y considera
a todos los hombres
sus hermanos;
o como el pájaro que revolotea
buscando posarse en errónea
precisión del intento;
construyan ustedes el mortero
donde triturar los granos,
revivan ahora la sorpresa
en la rotura del dique
—semejante origen
no requiere más pruebas


Bio:  (Rosario, 1961)
Estudió Historia y Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario.
Es poeta, traductor y diseñador gráfico. Ha sido traducido al inglés y al italiano. Le fueron publicados poemas en revistas de España, Inglaterra, Chile y México. Recibió el Segundo Premio del Concurso Felipe Aldana de la Editorial Municipal de Rosario, en 2007.
Publicó: El libro de los helechos (2018), La destrucción (libro digital, epub, poesíaargentina.com 2014), La isla de los perros (2009), Casa incompleta (2007), Sinopie (2003) y El comienzo oblicuo de todo desorden (2001).

miércoles, 24 de enero de 2018

Gerardo Curiá



(de Música del límite)

Dos

La huella desune
su travesía
                       el horizonte
                      no está quieto


Ocho

En el jardín de la palabra
la fruta imposible
se hace cuerpo.


La luz
         deshace la tierra
hasta el céfiro
                          mínimo eclipse
que abre un hilo de cautela
           sobre el cuerpo del aire

desnuda latitud de toda huella

Bio: (San Pedro, Buenos Aires, 1968)
Publicó los poemarios: Sol, iris, sueño (1990), Quebrado azul (2004), Serie los suicidas (2005), Caldén (2008) y Música del límite (2010).

jueves, 18 de enero de 2018

Susana Cella



(de El fondo)

Hay que verla con templada mente


En la amarillada de las calles huecas
En el verde seco de llanura domada
En el azul negro de los cielos sin recua
En el vaivén gris de olas achatadas
Como se contemplan las estrellas muertas,
                                  /el mar hundido o un paisaje vacío


Estación


De una puerta marrón bruñido
sale respirando polvo
asiste con el trapo blanco
y se le mezcla, en la nariz,
la tierra, la sangre evaporada,
la sangre húmeda, la sal.
Concurre a la luz tambaleante del día
en la que habría de ser, más tarde,
la hora anterior a
la hora señalada.
Quiere limpiar o fue mentira
Quiere grabar o fue milagro.
La hora, la mujer, la tela blanca
el polvo, la sangre salada, la luz recia
el sagrado horror, la irreverencia
en el trapo quedan
para siempre impresos
sin que más pueda decirse
del inmedible lapso
en que acontece esa mirada.



Bio: (Buenos Aires, 1954) Autora de los libros de poemas El fondo (Barnacle, 2017)Entrevero (Sigamos Enamoradas, 2008) , Tirante (Paradiso, 2001), Río de la Plata (La Bohemia, 2001), Eclipse (Zorra Poesía, 2005) y De Amor (dientes, paredes arrugadas) (Zorra Poesía, 2006); las novelas El Inglés (Paradiso, 2000) y Presagio (Santiago Arcos, 2007), el ensayo El saber poético (Fac. de Filosofía y Letras UBA/ Nueva Generación, 2003), entre otros.
Publicó poemas y ensayos en revistas, capítulos de libros, antologías o ediciones en Argentina, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, México y Uruguay. Traduce literatura en lengua inglesa. Fue becaria de la Universidad de Buenos Aires (1990-1998), y obtuvo la beca de ILE (Ireland Literature Exchange), Dublin, 2007.
Colabora en revistas y periódicos. Es doctora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde trabaja como profesora e investigadora.
Coordina el Espacio Literatura y sociedad del Centro Cultural de la Cooperación.

lunes, 15 de enero de 2018

Ricardo Ruiz




(de Huesos de otros vientos)

en este día
tirando piedras
contra el silencio
dejando
en signo
un ala
del corazón
entre las sombras
¿ha otra luz?


mira
sus pies
volar
y no espera
de voz
alguna
mirada
que vigile su caída
del vacío al vacío
solo un cuerpo
el eco de un amor
colgado
en propia sombra
o raíz del sueño

¿rota la cabeza de pensar
sin poder verse?
¿a jornal de nuestra pena
darse de comer¿
¿cuidar de nos?

así
solo
sin poder verse
en su caída
mira su cuerpo
volar
del eco de su voz
al vacío del sueño
de su amor
raíz de nos
darse de comer
su sombra
en propia pena
cuelga del vacío
sus pies
y no espera



 Bio: (Buenos Aires, 1953)

Ha publicado los libros: Racimo (1980),Poemas (1982), otros gallos cantan (1989), tristes ruidos furias (1990) y Huesos de otros vientos (2015).

jueves, 28 de septiembre de 2017

Carolina Kibudi





Tránsito


Siempre existe el riesgo.
¿Qué es,
entonces,
lo hermoso
entre tantas murallas que se alzan?

Vamos como en naves
en vidriadas barcarolas
avanzando sobre aguas
de un asfalto desigual.

El tiempo
se deshace lento.
Lo eterno
se construye en lo fugaz.

Cuando caigan
de tus manos caracoles,
un espacio

se convertirá en lugar.







Andar


Va
mi pensamiento
por caminos
pedregosos
donde sólo hay
estatuas cansadas
de ser estatuas.

Si despedir
es ya no pedir:
¿qué es la esperanza?
¿Dónde queda el vestigio
del contacto con las cosas,
del gesto de una mano
en el aire?

Lo que escribo
nace un día
y queda abierto
para siempre.

Hoy
todo en mis pasos
es pregunta,
pero ahora voy lento
mirando a las estatuas
a los ojos.
Ellas toman
de mi mirada
lo que dejo,
lo deshacen
entre las hojas caídas
del otoño.

Lo desarman
para entender.
Necesitan hacerlo:
desarmar,
digo,
entender.

Esta es la hora
más linda:
la de la vejez del día,
la del fondo de las cosas.

Los locos
son puertas
hacia
lo no contemplado.

En ese sentido
son,
también,
una esperanza.


Hay un nido
de pájaros
en la casa
donde alguna vez
hubo abierta
una ventana.

Ahora
sólo el tiempo
se detiene
a verla.

La ausencia ocupa
un lugar en el aire,
la ausencia
de ventana abierta.

Pero hay
un nido de pájaros.

En ese sentido
es,
también,
una esperanza.





Punto de partida


Habilitar el cuerpo.
Sentir la levedad en el agua.
Habitar una casa.

Visitar los lugares que nos vieron crecer
donde las horas eran cortas
o largas
o el tiempo era
una vuelta manzana en bicicleta.

Todo se revela en los sueños,
todo lo que durante la vigilia
permanece oculto.

La ciudad guarda tesoros sumergidos.

Existen calles azules,
y calles naranjas,
calles elegidas diariamente por el sol.

Nacemos atravesados por el tiempo.
Ocupamos un lugar,
desde antes de nacer.

El recordar es un acto creativo.

De la palabra siempre,
sólo puedo decir
el calor de unas manos.

Los puentes nombran la distancia,
la hacen visible.
Detenerse puede ser tan necesario,
como ir corriendo a ver el mar.
Explicar cansa.

El cuerpo crea el espacio
en el que una palabra
es
entre todas las palabras.

Nada hay más triste
que una ventana clausurada.
Ni nada más hermoso
que la verdad de la piel al tacto.
Sin embargo,
hay una infinidad de cosas
salvajemente tristes y hermosas.

Perdemos el tiempo
intentando no perder el tiempo.

Ella subió al colectivo y dijo:
"hasta el fin del recorrido".

Y esa fue belleza suficiente.


Bio: (Buenos Aires, 1982)
Desde edad temprana la poesía y la música fueron para ella un medio de expresión y un espacio de placer donde poder jugar libremente tanto con la belleza del lenguaje como con los sonidos de cada instrumento que fue explorando.
Estudió música y ejerció como docente durante algunos años.
Actualmente se encuentra cursando la carrera de Psicología en la Universidad de Buenos Aires.
Lumbre es su primer libro publicado.



sábado, 5 de agosto de 2017

Pablo Seguí




Navegación solar 


A pesar de que nadie funge ya de censor
y de que las palabras, alguna vez heridas
por el morbo, regresan liviana, mansamente
a su seno; a pesar de que en la noche absorta
pueda hablar sin temer que cruja el corazón;
o tal vez justamente porque ahora dispongo
de dulce libertad y un horizonte abierto,
es que callo y evito, vanidad que me hundía,
aquel ritmo salaz que medía desmanes.
Fiebres en que abjuré, desordenado, injusto,
del sentido, de la posible, rechazada
por años, sucesión de pasos en la ruta
del que ve que las cosas, más allá del probable
desatino, son sólo múltiples ocurrencias
del tiempo, y que las olas de ese río invencible
acomodan y pulen el lecho, las arenas,
y que es idiota, inútil querer otros destinos
para la roca, para la desembocadura.
Que en adelante sea lo mejor navegar
en busca de más sanas provisiones, y hacer
del día y de la luz un emblema que nutra
versos que deberían mirar con más frecuencia
ese grácil cardumen, esa playa, estos remos.




Babía 


Todo un día de libros.
Rueda la madrugada,
jadea. Te ausentaste
ya sin palabras en
la mente en la pared.
Perentorio durar,
definitivo. (Duerme
tu pareja.) Cegado,
tu impavidez registra
una espera de nadie,
un alma que se fue. 





Ahora que todo nos deslumbra 


Tiempo para mi madre.
Y los vasos se ensañan
en los manteles últimos.
Y ella ya no comprende
que comienzo a entreverla.
Muñeco de hilos dulces
que destripamos pronto.

   Tiempo para mi madre.
Acompañarla ahora
que todo nos deslumbra.
Conciso testimonio
el temblor de sus manos
de aljibe. Ya se aleja:
destrozada, menor. 





Vereda de mi hogar 
                                                                    

Yo tengo que colgar un ataúd
(el yo: los otros) de las flores, dichas
por los que ya no están (aún se escuchan)
porque pasaron y, a la vez, reír
o sonreír, quizá porque el renuevo,
esto es, la primavera ¡rotación!
hizo que de ramitas varias nuevas
hojitas (yemas, brotes) se formasen:
señal de actividad. "¡Cinco minutos!",
canta Marisa Monte: ¡la delicia
de ir viendo la pezuña (ése, su nombre)
de vaca cómo crece...! Se aminora
de nuevo la mirada: cuando riego
en la vereda. Hacerlo. Renacer.


Bio: Entre los 8 y los 17 años estudió violín, para luego volcarse hacia la poesía. Ha publicado tres libros: Los nombres de la amada (Alción, 1999), Claves y armaduras (Foja/Cero, 2005) y Naturaleza muerta (El Copista, 2011).
Desde hace varios años ya publica sus poemas en sucesivos blogs, entre los cuales figuran: El tren y la mujer que llena el cieloLa lección de pianoEl bakelitaPor el jornalCrocante de seco y el actual, Voces en La Babía. Los poemas que componen Otro verano y éste han sido seleccionados de algunos de dichos blogs.