domingo, 4 de septiembre de 2016

Roxana Jésica Molinelli



Del libro “las mañanas, el deshielo”,  Ed. El Ojo del Mármol, 2016

Remiserías con dos horas de espera
y ningún colectivo a la redonda.
Sólo queda caminar.

Respiro aire
de chalecitos de tejas
quiero la casa grande con patio
y mesa de piedra
sobre ella un frasco de mermelada
con agua lleno de flores
de esas doradas y púrpuras
que crecen
silvestres al ras del suelo
mate pan casero
olor a pasto recién cortado.
Pero si la tuviera ya
¿sería  el hogar
de chimenea y ventanas abiertas
con caminito
y dos árboles en la vereda?
¿O las flores
 sólo serían yuyos amarillos y violetas
traídos por algún chico
en un domingo familiar
tiradas por ahí
como una ofrenda fingidamente consentida?

Camino
tengo que seguir.

Ahí crían y venden plantas, es un vivero, al fondo hay una casa.
El lugar es un vivero con casa en el fondo.
Eso allá no se ve,
no se huele a palo santo
de hornillos de cobre
colgados en galerías de tardecita.

Media hora caminando
al fin subo a un colectivo.

Tengo miedo de verlo. Si lo cruzo
darle un abrazo agradecido y suave
callar y entendernos
dejarlo ir.
Sé que no podría
si hoy subiera al colectivo
verlo de frente,
el mundo muerto.

Ya pasó
ya pasé por la puerta
y nada pasó.


Cruzo el puente
el verano
no era sólo calor quieto
de las dos de la tarde
era también un vértigo
matar o morir
en el fondo lo sabía
lo supe en un tren bajo tierra
en la constancia sin paisaje
vidrio y aire sin flor

subo

existís.




La única foto que tenemos
de nosotros
la imprimí en casa
en una hoja común,
quedó bien sin marco debajo del potus
y según cómo le da el sol
se trasparenta el jardín de raíces acuáticas.
Es hermosa de papel
todavía.   
(De una serie inédita)




El gran árbol lamenta

No es fácil hacer bonsáis
de baobabs, lo sé.
Quisiera ser bonsái
pero no puedo
crezco abrupto sin remedio, mi corazón
es un planeta diminuto
conquistado
por raíces salvajes.




Desierto

Ahora este mar seco
esta conformidad.
Supe ser
selva, remolinos,
 y a veces una barca
o un aljibe emergen
como una botella lanzada al océano
para que alguien comprenda.

Tempestades marinas
o tormentas de arena, el viento
siempre es el mismo.




Un asteroide entiende

Creí que no era necesario buscar
el calor de otro,
creí en la fuerza
de generar la propia luz.
Pero aunque floten los planetas
todo tiene una raíz,
incluso la pureza
necesita
descomponerse en algo.


Bio: Roxana Jésica Molinelli nació en agosto de 1983 en Quilmes, Provincia de Buenos Aires. Es socióloga y  trabaja en el Ministerio de Trabajo y en la Universidad de Bs. As. en temas de género y  estudios sociolaborales. Desde 2014 participa en talleres de escritura creativa. En junio de 2016 publicó su primer libro “las mañanas, el deshielo” por el Sello Editorial El Ojo del Mármol.
Actualiza el  Blog: medusasolares.blogspot.com

martes, 16 de agosto de 2016

Estefanía Papescu





Carta al aire


Una fuga de responsabilidad interior

borró todo registro tuyo

quizás porque reconocerte es conocerme sintiendo

y todo ese poder incontrolable me desequilibra

prefiero acumular piedras de azúcar

que se muevan como asteroides por todo el cuerpo

Cuando tengo la Antártida dentro mío

siempre

vuelvo a vos.

Si tuviera un hijo le enseñaría, aire,

que sos lo más importante

que el sufrimiento es un vínculo común,

las puertas de la libertad

se abren de tu mano

en esa inversión constante entre lo imaginado y lo real.


***

Estuve en la guerra del gas comprimido

el family game

high class

todos rodeando el juego

intentando no sacar

el casette propio

de adentro.

Esa chica no levanta los platos

si el cuchillo

si la cuchara

Mi hermana no sabe lo que es

un aguilucho.


***

Del medio del planeta sale un manto oscuro

que me cubre,

me hace correr

una balanza que pesa un corazón de agua.

Como se  juega se vive

no vale todo

no salís de la tierra y llegás al cielo

sin aprender a saltar con las dos piernas juntas

primero con una

después con las dos.

No puedo darte mi casa,

una casa se llena de objetos

elegidos minuciosamente

para sonreír

No puedo elegir tus objetos

no quiero que desees los míos

hay una tienda en la esquina

en la que podemos comprar un montón.

Me pregunto si la moral

es la religión que me impongo hoy.




***



Las piedras sufren

los objetos nos odian.

La piedra por el peso arquitectónico de la historia

los objetos por ingratos,

se vive para darles un refugio,

para estar con todos ellos

o para dejarlos cómodos mientras nos ocupamos de otras cosas.

Unos indígenas mexicanos dicen que

quienes se rinden o tratan de detenerse

en la peregrinación al árbol sagrado

se convierten en piedras.

Tal vez las piedras que pateamos son personas

que convertimos en piedras

quizás por eso las playas están llenas de ellas,

escapistas intentan llegar a otro puerto para transformarse en humanos

o para que estos, desconocidos, las transformen en objetos

puede ser que por eso los objetos nos odien.

***

No sé a dónde iba

tampoco qué quería armar

se que ahora tengo el cuerpo lleno de aire

y la simpleza de saber que lo puedo todo

como en el juego piedra, papel o tijera

el papel se acostó sobre la piedra y ganó.

Bio: Nació en Chubut en 1985. Estudió periodismo en la Universidad del Salvador. Asistió a diferentes talleres de escritura. Entre el 2012 y el 2014 organizó ciclos de poesía en los espacios Naranja Verde y Una casa. El año pasado, también, realizó una lectura billingüe en simultáneo entre poetas de Buenos Aires y New York. Como periodista condujo el programa El ojo torcido en Radio Sur y fue redactora para la revista de arte Haufen. Actualmente está trabajando en la publicación del último ciclo realizado en 2014, se llamó El movimiento escondido y reunió a más de 30 poetas argentinos de diferentes generaciones. También en su primer libro de próxima aparición.



lunes, 18 de julio de 2016

Manuela R. Fernández




Mujer nueva


mi cuerpo habla
decido escuchar
acallar los ruidos
cerrar los ojos
mirarme muy profundo
mi piel
ya no es una barrera
por la cual luchar
dejo que mi cabeza
solo lleve mi pelo
por un rato

suelto los músculos
cansados de resistir
aflojo la mandíbula
y por una vez
abro las manos
sin miedo a perder nada.


***

Se necesita 
tiempo
para madurar una idea
años
para que se materialice.

Cuando sucede,
ese contacto efímero
entre lo abstracto y lo concreto
todo estalla
y desde el caos
encuentra otro lugar
desértico
pero real.

***

Solo cuando despertás
se levanta el mundo

sigo tu mirada
explorando el suelo
veo la tierra en tus manos
dejo que te nutra

tomo lo que dice
tu índice dictador

tus pasos
crean el camino
contengo mis miedos
te veo caer

solo cuando soñás
se detiene el mundo
todo duerme
y vuelvo a elegirte.


Bio: (Buenos Aires, 1979) Es profesora de Lengua y Literatura y traductora pública de Inglés.
Realizó cursos sobre corrección y edición de textos. Trabajó ejerciendo la docencia y participó en talleres literarios impartidos por Griselda García.
Es mamá y doula. En la actualidad acompaña a otras mujeres en el camino de la maternidad.

martes, 31 de mayo de 2016

Vanesa Álvarez





La memoria es como una cacería en la oscuridad
la intuición se aguza
el oído infinito abarca todo el espacio
cada recoveco
como si pudiésemos palparlo
la visión de los gatos
 y el disparo
la presa es el recuerdo vivo
culpa de los sentidos
no se ve nada hasta que se hace visible
el pensamiento de a poquito despierta
como si la luna llena  que esperábamos encontrar al fin saliera
para iluminar el camino
y sino
 nos encomendamos a la lucidez.

Los verdugos están llenos de buenas intenciones.




El alma inquieta permanece despierta
cuando la oscuridad del cielo impone la duda
en el momento en que despierta la pasión
como un río que desborda y se traga la tierra
en ese instante  las aves se esconden en sus nidos
entonces la libertad es una tragedia
el cuerpo se degrada,
buscando una manera de soportar el dolor
se agota el recuerdo del día
y no hay salida posible
sólo refugiar la soledad
en la miseria de un tiempo.




Antes de despedirnos
suspendamos el tiempo.
Ahora que el deseo nos hace flotar
y no hay gravedad.
Comulguemos con el otoño.
mientras la hierba siga verde en algunos lugares.
Un poco de amor
será suficiente
y una botella de vino tinto para brindar.
Llevemos unas mantas, hará frío.
Mientras hacemos planes
jugaremos a armar palabras
me leerás algún poema
 y  si lloro- lo haré- abrazame
recordame cuánto me gusta mirar la luna
yo voy a acariciarte el pecho hasta calmarnos
mientras nos vamos separando
cuando llegue la primavera todo habrá pasado
lo prometo
el amor volverá.





la belleza es este otoño prematuro
el viento que esparce partículas de polvo
desarmando cada vestigio marcado
en lo mínimo está la intimidad de las cosas
pegaditos los mundos
se frotan
la luz y la oscuridad conviven instintivamente
algo de eso hay en el comienzo del amor
yo quiero descubrir el origen de cada pasión
conocerlas de cerca, palpando su totalidad
la textura de lo que fueron
dejar de ver pequeñas piezas marcadas
deshaciéndose en el aire
como un vidrio astillado a punto de partirse
fragmentos atrapados,
detenidos en un espacio grisáceo
y esas hojas cayendo
delicadamente
la belleza es respirar un poco más profundo
retener el aliento abriendo los ojos
bien grandes, bien fijos
inmovilizar el momento
lo mínimo y singular
antes que, una vez más, se desintegre.




Insomnio 1

El cuerpo es un antro
rojo y constante
la noche más clara que nunca se fija
en  un cielo sin estrellas
provoca que los perros ladren de forma descomunal
cada ladrido podría ser un fragmento, una palabra, un grito
o una oración
que se eleva en sus gargantas
hasta alcanzar a un dios
una plegaria solidaria
les agradezco
debajo de las sábanas se incendian las piernas
 un infierno se esconde
en ese colchón
que lleva la marca de cada demonio
la noche sigue brillando fría
iluminada por las llamas
que se desprenden de la ventana
la mente despacito se deja vencer
hasta caer en un vértigo hipnótico ´
tanto miedo
despertar es apenas el comienzo.



Bio: Vanesa Álvarez nació en Buenos Aires en 1977. Trabaja como redactora de belleza en una empresa cosmética. Actualmente cursa la carrera de Artes de la Escritura en la UNA.

jueves, 19 de mayo de 2016

Carolina Massola





Fui el ciervo rojo en la noche blanca
y hasta la última claridad obscena
pregunté a cada piedra por el pedregal,
por algún sitio que hospedara esta osamenta,
por no yacer allí en círculos erráticos.

Pero sólo los copos intervenían el tiempo,
borrando cada huella    robando cada rastro.

En cada uno de mis helados músculos sólo una pregunta
 temblaba:

¿Por qué abandonaste el bosque?

(La respuesta traía calma)


—Yo sólo quería la montaña—




***




Viene hacia mí el invierno
como todo lo ajeno    la montaña
viene hacia mí su gélida presencia
candor níveo que hiere la vista




***




Y qué si eres el mismo centauro que se entrega
 al pequeño tributo del aroma perenne,

si sólo por ser lo que eres
floreces junto a la boca austral,
como si lloraran las estrellas
como si el tránsito supiera de las evasivas:

que sólo somos peregrinos.




***





Que justifique la mirada, en existencia milésima.  Silencio tácito por pleno. Colmado lo que no fue, colmado en postrera posibilidad. Sin orden. Todo es ausente y presente hacia los ojos.  Se pide que diga sin decir:
Poder sembrar semillas posibles en el purgatorio de tus brazos y piernas cansadas.




***




 Cien veces descendí hasta la sonrisa
la palabra o el gesto impoluto
bajando hasta aguas heladas
escalando nómades hombros

Guié las hebras al madero
cepillé al caballo hambriento
al invierno cedí todo espacio:
la primera flor            el primer beso

Hacia ningún sitio resplandor
y  las hebras y el caballo y el agua helada
trayéndome otra vez cada instancia
cada resquemor

Ahora soy este subir a tus aguas
este descender desde tus hombros
y soy la misma sed
y quemo las mismas hebras
y extingo la vida del caballo aquél

Pero te alzo un fanal,
y soy su centinela.
  

A Paulina Vinderman 





Bio: Poeta y traductora. Nació en Buenos Aires, ciudad donde reside. Perfeccionó sus estudios de francés en Francia – Sorbona (París IV). A su regreso cursó estudios de Letras en la Universidad Nacional de Buenos Aires. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Revista de poesía de Madrid El Alambique,  en la revista Prisma N°12 de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y recientemente en la Revista de poesía francesa ARPA Nº115-116. En 2009 publicó Estado de gracia, libro de poesía incluido en la colección “Fénix” de Ediciones del Copista. En 2013 publicó el libro de poesía La mansedumbre del pez en Zindo & Gafuri Ediciones. Ambos libros traducidos al francés por Yves Roullière. Actualmente trabaja en la corrección de su próximo libro de poesía y en traducciones que todavía no han sido dadas a conocer. Dirige los siguientes blogs: http://lacitedesmiroirs.blogspot.com.ar/ y http://esquirlassobreelpuente.blogspot.com.ar/

lunes, 16 de mayo de 2016

Judith Filc






Suplicantes


Le dicen Colo tiene
24 años hace
seis que lo
busco

El filo del
metal contra el
cuello

La cabeza se
inclina bajo el
chorro de
agua bajo el
secamanos busca un
rincón donde
acomodarse

el altavoz anuncia llegadas y
salidas

Me dijeron que estuvo en
Olmos también en la
veinticinco tiene
24 años le dicen
Colo

La punta de la
mesa de
plástico
filosa

Parada frente a la
tierra
removida
ve dos
puñitos contra la
cara

Atraviesa la
cuadra de
ventanas tapiadas
entra por la
puerta del
garage:
tres pisos
oscuros
de escalera

la bolsa de
dormir sobre el
suelo de la
cocina y semillas para el
canario

Toto, las balas no se
sienten. Te juro, Toto.
¿Viste un cigarrillo cuando
traspasa un nylon? Así es,
y después algo caliente.

Nunca más, vieja,
me dijo, te prometo,
por vos y por la
nena

Las cuentas de
plástico pasan una por
una entre los
dedos son los
cinco puntos,
me dice.
El del medio es el
cana.

Alguien me despertó diciéndome
que fuera al hospital.
Cinco policías rodeaban la
cama. Uno la pateó diciéndome:
¿Es su hijo o no, señora? No, dije.




Vals


Altas ventanas reciben el
sol de la
mañana que
proyecta

sombras

en las paredes
descascaradas

Al otro lado de la
sala
las escaleras dan a un
corredor
bordeado de
puertas

Las valijas están en el
último
cuarto

amontonadas en
desorden

gastadas

No es la primera
vez
Siempre elegís la
misma

El cuero
suave
resiste
ileso

Tus dedos
rozan
apenas las
hebillas

Sabés qué vas a
encontrar:

el costurero

el camisón
(tus dedos
acarician la
seda)

el frasco de
perfume

las flores de
tela que ocultan la
pistola de
juguete

El dedo en el
gatillo
contra tu
sien

Los discos de
pasta

El diario: "Italia se rinde"

La caja de
agujas (la botellita
todavía casi
llena)

Música
invade el
cuarto

Ella baila en su
camisón de
seda con los ojos
cerrados

Ponés la
mano en su
cintura y
girás con el

sol en los
ojos


de "Vida en la tierra" - Ediciones Barnacle (2015)







Dafne


                 Encerrado  en  Saint  Pélagie Courbet  quiso (...)  representar
                 París  vista  desde  las bóvedas de la prisión. Escribe a uno de
sus amigos: "La hubiera pintado en el estilo de mis marinas,
con un cielo de una profundidad inmensa, con sus movi- mientos, sus casas,
sus cúpulas simulando las ondas tumul- tuosas del océano”.
                                                                                      G. Bachelard


Bailar sobre las
olas

bailar el goteo
tenaz contra la
loza

si estoy contenta bailo
rápido,
si estoy
triste,
despacio

bailar
la asfixia

el viento
sordo

el estallido del
metal

            si estoy irritada,
            de las dos formas

bailar la
luz
vacía

las grietas

el rictus

las bocas de
tormenta

la rama
deshojada


Recordás, y al recordar entrás en el mundo evocado, un mundo donde lo que sucedió vuelve a suceder una y otra vez pero cada vez sucede de una manera algo diferente. Un mundo que no es el que te rodea; los sonidos son otros, la lengua es otra y, sin embargo, está teñida de tu nueva lengua. Sus habitantes no hablan como los habitantes del mundo que evocás ni como los dueños de las voces que se cuelan por las ventanas abiertas del verano. En ese mundo no es verano y las palabras se pronuncian en silencio y el grito de dolor que perfora tu cabeza no invade el aire. Ese mundo no es pasado ni presente ni futuro, no ocupa espacio. Y cuando el silencio desaparece y las voces de la calle recuperan la nitidez, oís el característico ruido de la puerta del costado que se abre y sabés que deben de ser las cuatro de la tarde.


Camino por Broadway hacia el subte, abriéndome paso entre la multitud. Los carteles luminosos, llenos de imágenes cambiantes, se ciernen sobre mí, y el calor es agobiante. Pienso en mis caminatas por la misma ciudad hace casi treinta años: la vivencia de exceso, de desesperanza, de la infinita posibilidad del acontecimiento. Las jeringas en la vereda, las carpas en Tompkins Park y las largas colas frente a los teatros.

La ciudad más cosmopolita, donde escuchás un idioma diferente en cada esquina; la ciudad más hostil, donde la tromba arrasa sin ver, las agujas de los campanarios perforan el cielo y los rascacielos se extienden por tu cuerpo atravesándote. Nueva York es la metáfora de lo extraño en donde habito: abrumadora, avasallante, seductora, inalcanzable, ajena en su exhibición de riqueza y avidez, de miseria y dolor. Una meca inhóspita.

Inéditos




Bio: nació en Buenos Aires, Argentina en 1962. Es traductora y editora. Recibió su doctorado en literatura comparada y teoría literaria de la Universidad de Pennsylvania, y trabajó como docente investigadora en la Universidad Nacional de General Sarmiento. En 2002 viajó a Nueva York para hacer investigación y, por esas vueltas de la vida, terminó instalándose en el valle del río Hudson, donde vive con su marido y su hijo. Publicó los poemarios Vida en la tierra (2015), Resquicios (2010), El otro lado (1998) y Transducciones (1985). Administra el blog Word Creation/Crear con palabras, donde publica sus traducciones al inglés de poesía hispanoamericana. Actualmente está trabajando en un libro sobre lengua y extranjería, del que provienen los dos últimos poemas.