miércoles, 14 de abril de 2010

Raúl González Tuñon


La luna con gatillo


Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.

El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.





El Entierro Del Títere

Con narices de trapo
coloradas de frío
y el corazón de estopa
saliéndoles del pecho
condujeron al títere
que en la carpa velaron
envuelto en blanca ropa
a su último lecho
del fondo del baldío
los títeres hermanos.
Detrás con su sombrero
de ceremonia oscuro,
la cara de cabrero
y la espalda encorvada
de inviernos y de apuros,
iba el Titiritero.
Allí quedó el fantoche
al fondo del baldío
entre salvajes rosas
y juguetes perdidos.
Lloverá por la noche
y al alba habrá un charquito
de agua junto a él,
bordeando la fosa.
Vendrá un niño y pondrá
su barco de papel.
Rosas: ¡Lloren por él!




El Poeta Murió Al Amanecer

Sin un céntimo, solo, tal como vino al mundo,
murió al fin en la plaza frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas: la esperanza y la miseria.
Fue un poeta completo de su vida y su obra,
escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera
y como hombre de su tiempo que era
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del Café,
los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.

Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Becquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta
y una antigua fragata dentro de una botella.
Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro:
tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,
y un pájaro en el hombro.


Nota:Raúl González Tuñón (Buenos Aires 29 de marzo de 1905 - 14 de agosto de 1974) fue un poeta, periodista y viajero argentino.Su obra se inicia con "Las puertas de fuego", que publicó en Buenos Aires en 1923, a los 21 años. En esa época, colaboró con la revista Martín Fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Francisco Luis Bernárdez,[1] Leopoldo Marechal, Macedonio Fernández y Eduardo González Lanuza, entre otros.En 1928, y poco antes de embarcarse rumbo a Europa, González Tuñón publicó "Miércoles de ceniza". Ya en París, escribió uno de los libros considerados fundamentales en su obra: "La calle del agujero en la media", publicado en 1930. Poco más tarde, en 1936, publica otro de sus libros claves, "La rosa blindada", inspirado en un levantamiento minero en la provincia española de Asturias.Sus poemas que aludían a viajes, barrios de París y de Buenos Aires, pueblos de la Cordillera de los Andes o de la Patagonia, personajes de circo, lugares lejanos, tugurios extraños, marineros, hampones o contrabandistas, denotan influencias tan disímiles como Villón, Rilke, Evaristo Carriego, o payadores como Bettinotti y Gabino Ezeiza. Juancito Caminador, un personaje inspirado en un artista de circo y en una marca de whisky (Johnny Walker) se convirtió en un álter ego literario del autor.

martes, 13 de abril de 2010

Néstor Perlongher


Corto pero ligero


(Y no habría de ser: esa chupada, ese lambeteo: cebado el mate
junto al fogón de los arrieros, que arden de...
ese descanso de la tropa alzada, en grupas: no
habría de bajarme el chiripá, descendiendo a este
encuentro. Ahora susurra el viento en la ventana
que da al aljibe: hurras blande
no desacordonarme la manea
donde tremolo temblorosa?)

Una historia de sables, de pistolas
De trincheras con flores de sapo y de zarza parrilla
Como hecha a dedo, a pecho
Echada en el camino de Tarija
Por un gendarme ríspido, montés
Trasiego, belicosa?
Belfo y flande
Congoja

Si tuviera que ver este lenguaje
con el terror de esos paisanos
que al ver al General piensan en Hoffman
Si su respiración no moviera las borlas de la cama de Rosas,
de Esmeralda
Y él no se lo encontrase, al regreso de un vado, en la catrera:
en el encame jabonoso, como un lagarto entre los lienzos
aparece con labios de obsidiana y perfume de ajenjo: huele a chipre

(Si no me hubieras dicho qué paso
en esa noche de Cañuelas, la última
- un bolero: si bien -
aún te querría?)

Un general moviendo espadas en la sombra
Cacha y espuela, blonda y nácar
Coro de férulas:

Un general que agita los pendorchos
y se entrega al de enfrente, saltando los tapiales
es más mujer que hombre, es más mujer para ser hombre.
hombre de más para mujer: un general,
un artesano de la muerte '

Chupa, lame esta hinchazón del español





Cadáveres

a Flores

Bajo las matas
En los pajonales
Sobre los puentes
En los canales
Hay Cadáveres

En la trilla de un tren que nunca se detiene
En la estela de un barco que naufraga
En una olilla, que se desvanece
En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones
Hay Cadáveres

En las redes de los pescadores
En el tropiezo de los cangrejales
En la del pelo que se toma
Con un prendedorcito descolgado
Hay Cadáveres

En lo preciso de esta ausencia
En lo que raya esa palabra
En su divina presencia
Comandante, en su raya
Hay Cadáveres

En las mangas acaloradas de la mujer del pasaporte que se arroja
por la ventana del barquillo con un bebito a cuestas
En el barquillero que se obliga a hacer garrapiñada
En el garrapiñiero que se empana
En la pana, en la paja, ahí
Hay Cadáveres

Precisamente ahí, y en esa richa
de la que deshilacha, y
en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y
en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso
en la que no se dice que se sepa...
Hay Cadáveres

Empero, en la lingüita de ese zapato que se lía disimuladamente, al
espejuelo, en la
correíta de esa hebilla que se corre, sin querer, en el techo, patas
arriba de ese monedero que se deshincha, como un buhón, y, sin
embargo, en esa c... que, cómo se escribía? c. .. de qué?, mas, Con
Todo
Sobretodo
Hay Cadáveres

En el tepado de la que se despelmaza, febrilmente, en la
menea de la que se lagarta en esa yedra, inerme en el
despanzurrar de la que no se abriga, apenas, sino con un
saquito, y en potiche de saquitos, y figurines anteriores, modas
pasadas como mejas muertas de las que
Hay Cadáveres

Se ven, se los despanza divisantes flotando en el pantano:
en la colilla de los pantalones que se enchastran, símilmente;
en el ribete de la cola del tapado de seda de la novia, que no se casa
porque su novio ha
….........................!
Hay Cadáveres

En ese golpe bajo, en la bajez
de esa mofleta, en el disfraz
ambiguo de ese buitre, la zeta de
esas azaleas, encendidas, en esa obscuridad
Hay Cadáveres

Está lleno: en los frasquitos de leche de chancho con que las
campesinas
agasajan sus fiolos, en los
fiordos de las portuarias y marítimas que se dejan amanecer, como a
escondidas, con la bombacha llena; en la
humedad de esas bolsitas, bolas, que se apisonan al movimiento de
los de
Hay Cadáveres

Parece remanido: en la manea
de esos gauchos, en el pelaje de
esa tropa alzada, en los cañaverales (paja brava), en el botijo
de ese guacho, el olor a matorra de ese juiz
Hay Cadáveres

Ay, en el quejido de esa corista que vendía "estrellas federales"
Uy, en el pateo de esa arpista que cogía pequeños perros invertidos,
Uau, en el peer de esa carrera cuando rumbea la cascada, con
una botella de whisky "Russo" llena de vidrio en los breteles, en ésos,
tan delgados,
Hay Cadáveres

En la finura de la modistilla que atara cintas do un buraco hubiere
En la delicadeza de las manos que la manicura que electriza
las uñas salitrosas, en las mismas
cutículas que ella abre, como en una toilette; en el tocador, tan
...indeciso..., que
clava preciosamente los alfiles, en las caderas de la Reina y
en los cuadernillos de la princesa, que en el sonido de una realeza
que se derrumba, oui
Hay Cadáveres

Yes, en el estuche de alcanfor del precho de esa
¡bonita profesora!
Ecco, en los tizones con que esa ¡bonita profesora! traza el rescoldo
de ese incienso;
Da, en la garganta de esa ajorca, o en lo mollejo de ese moretón
atravesado por un aro, enagua, en
Ya
Hay Cadáveres

En eso que empuja
lo que se atraganta,
En eso que traga
lo que emputarra,
En eso que amputa
lo que empala,
En eso que ¡puta!
Hay Cadáveres

Ya no se puede sostener: el mango
de la pala que clava en la tierra su rosario de musgos,
el rosario
de la cruz que empala en el muro la tierra de una clava,
la corriente
que sujeta a los juncos el pichido – tin, tin... – del son-
ajero, en el gargajo que se esputa...
Hay Cadáveres

En la mucosidad que se mamosa, además, en la gárgara; en la también
glacial amígdala; en el florete que no se succiona con fruición
porque guarda una orla de caca; en el escupitajo
que se estampa como sobre en un pijo,
en la saliva por donde penetra un elefante, en esos chistes de
la hormiga,
Hay Cadáveres

En la conchita de las pendejas
En el pitín de un gladiador sureño, sueño
En el florín de un perdulario que se emparrala, en unas
brechas, en el sudario del cliente
que paga un precio desmesuradamente alto por el polvo,
en el polvo
Hay Cadáveres

En el desierto de los consultorios
En la polvareda de los divanes "inconcientes"
En lo incesante de ese trámite, de ese "proceso" en hospitales
donde el muerto circula, en los pasillos
donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,
en los huecos
de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos
se travisten de ''hombre drapeado",
laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea)
un paladar, en tornos
Hay Cadáveres


En las canastas de mamá que alternativamente se llenan o vacían de
esmeraldas, canutos, en las alforzas de ese
bies que ciñe – algo demás – esos corpiños, en el azul Iunado del cabe-
llo, gloriamar, en el chupazo de esa teta que se exprime, en el
reclinatorio, contra una mandolina, salamí, pleta de tersos caños...
Hay Cadáveres

En esas circunstancias, cuando la madre se
lava los platos, el hijo los pies, el padre el cinto, la
hermanita la mancha de pus, que, bajo el sobaco, que
va “creciente”, o
Hay Cadáveres

Ya no se puede enumerar: en la pequeña “riela” de ceniza
que deja mi caballo al fumar por los campos (campos, hum…),o por
los haras, eh, harás de cuenta de que no
Hay Cadáveres

Cuando el caballo pisa
los embonchados pólderes,
empenachado se hunde
en los forrajes;
cuando la golondrina, tera tera,
vola en circuitos, como un gallo, o cuando la bondiola
como una sierpe “leche de cobra” se
disipa,
los miradores llegan todos a la siguiente
conclusión:
Hay Cadáveres

Cuando los extranjeros, como crápulas, ("se les ha volado la
papisa, y la manotean a dos cuerpos"), cómplices,
arrodíllanse (de) bajo la estatua de una muerta,
y ella es devaluada!
Hay Cadáveres

Cuando el cansancio de una pistola, la flaccidez de un ano,
ya no pueden, el peso de un carajo, el pis de un
''palo borracho", la estirpe real de una azalea que ha florecido
roja, como un seibo, o un servio, cuando un paje
la troncha, calmamente, a dentelladas, cuando la va embutiendo
contra una parecita, y a horcajadas, chorrea, y
Hay Cadáveres

Cuando la entierra levemente, y entusiasmado por el su-
ceso de su pica, más
atornilla esa clava, cuando "mecha"
en el pistilo de esa carroña el peristilo de una carroza
chueca, cuando la va dándola vuelta
para que rase todos.. . los lunares, o
Sitios,
Hay Cadáveres

Verrufas, alforranas (de teflón), macarios muermos: cuando sin...
acribilla, acrisola, ángeles miriados' de peces espadas, mirtas
acneicas, o sólo adolescentes, doloridas del
dedo de un puntapié en las várices, torreja
de ubre, percal crispado, romo clít ...
Hay Cadáveres

En el país donde se yuga el molinero
En el estado donde el carnicero vende sus lomos, al contado,
y donde todas las Ocupaciones tienen nombre….
En las regiones donde una piruja voltèa su zorrito de banlon,
la huelen desde lejos, desde antaño
Hay Cadáveres

En la provincia donde no se dice la verdad
En los locales donde no se cuenta una mentira
–Esto no sale de acá–
En los meaderos de borrachos donde aparece una pústula roja en
la bragueta del que orina-esto no va a parar aquí -, contra los
azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y
Esmeraldas,
Hay Cadáveres

Y se convierte inmediatamente en La Cautiva,
los caciques le hacen un enema,
le abren el c... para sacarle el chico,
el marido se queda con la nena,
pero ella consigue conservar un escapulario con una foto borroneada
de un camarín donde...
Hay Cadáveres

Donde él la traicionó, donde la quiso convencer que ella
era una oveja hecha rabona, donde la perra
lo cagó, donde la puerca
dejó caer por la puntilla de boquilla almibarada unos pelillos
almizclados, lo sedujo,
Hay Cadáveres

Donde ella eyaculó, la bombachita toda blanda, como sobre
un bombachón de muñequera como en
un cáliz borboteante - los retazos
de argolla flotaban en la "Solución Humectante" (método agua por
agua),
ella se lo tenía que contar
Hay Cadáveres

El feto, criándose en un arroyuelo ratonil,
La abuela, afeitándose en un bols de lavandina,
La suegra, jalándose unas pepitas de sarmiento,
La tía, volviéndose loca por unos peines encurvados
Hay Cadáveres

La familia, hurgándolo en los repliegues de las sábanas
La amiga, cosiendo sin parar el desgarrón de una "calada"
El gil, chupándose una yuta por unos papelitos desleídos
Un chongo, cuando intentaba introducirla por el caño de escape de
una Kombi,
Hay Cadáveres

La despeinada, cuyo rodete se ha raído
por culpa de tanto "rayito de sol", tanto "clarito";
La martinera, cuyo corazón prefirió no saberlo;
La desposeída, que se enganchó los dientes al intentar huir de un taxi;
La que deseó, detrás de una mantilla untuosa, desdentarse
para no ver lo que veía:
Hay Cadáveres

La matrona casada, que le hizo el favor a la muchacho pasándole un
buen punto;
la tejedora que no cánsase, que se cansó buscando el punto bien
discreto que no mostrara nada
– y al mismo tiempo diera a entender lo que pasase –;
la dueña de la fábrica, que vio las venas de sus obreras urdirse
táctilmente en los telares-y daba esa textura acompasada...
lila...
La lianera, que procuró enroscarse en los hilambres, las púas
Hay Cadáveres

La que hace años que no ve una pija
La que se la imagina, como aterciopelada, en una cuna (o cuña)
Beba, que se escapó con su marido, ya impotente, a una quinta
donde los
vigilaban, con un naso, o con un martillito, en las rodillas, le
tomaron los pezones, con una tenacilla (Beba era tan bonita como una
profesora…)
Hay Cadáveres

Era ver contra toda evidencia
Era callar contra todo silencio
Era manifestarse contra todo acto
Contra toda lambida era chupar
Hay Cadáveres

Era: "No le digas que lo viste conmigo porque capaz que se dan
cuenta"
O: "No le vayas a contar que lo vimos porque a ver si se lo toma a
pecho"
Acaso: "No te conviene que lo sepa porque te amputan una teta"
Aún: "Hoy asaltaron a una vaca"
"Cuando lo veas hacé de cuenta que no te diste cuenta de nada
...y listo"
Hay Cadáveres

Como una muletilla se le enchufaba en el pezcuello
Como una frase hecha le atornillaba los corsets, las fajas
Como un titilar olvidadizo, eran como resplandores de mangrullo, como
una corbata se avizora, pinche de plata, así
Hay Cadáveres

En el campo
En el campo
En la casa
En la caza
Ahí
Hay Cadáveres

En el decaer de esta escritura
En el borroneo de esas inscripciones
En el difuminar de estas leyendas
En las conversaciones de lesbianas que se muestran la marca de la liga,
En ese puño elástico,
Hay Cadáveres

Decir "en" no es una maravilla?
Una pretensión de centramiento?
Un centramiento de lo céntrico, cuyo forward
muere al amanecer, y descompuesto de
El Túnel
Hay Cadáveres

Un área donde principales fosas?
Un loro donde aristas enjauladas?
Un pabellón de lolas pajareras?
Una pepa, trincada, en el cubismo
de superficie frívola...?

Hay Cadáveres

Yo no te lo quería comentar, Fernando, pero esa vez que me mandaste
a la oficina, a hacer los trámites, cuando yo
curzaba la calle, una viejita se cayó, por una biela, y los
carruajes que pasaban, con esos crepés tan anticuados (ya preciso,
te dije, de otro pantalón blanco), vos creés que se iban a
dedetener, Fernando? Imaginá…
Hay Cadáveres

Estamos hartas de esta reiteración, y llenas
de esta reiteración estamos.
Las damiselas italianas
pierden la tapita del Luis XV en La Boca!
Las ''modelos" –del partido polaco–
no encuentran los botones (el escote cerraba por atrás) en La Matanza!
Cholas baratas y envidiosas – cuya catinga no compite – en Quilmes!
Monas muy guapas en los corsos de Avellaneda!
Barracas!
Hay Cadáveres

Ay, no le digas nada a doña Marta, ella le cuenta al nieto que es
colimba!
Y si se entera Misia Amalia, que tiene un novio federal!
Y la que paya, si callase!
La que bordona, arpona!
Ni a la vitrolera, que es botona!
Ni al lustrabotas, cachafaz!
Ni a la que hace el género "volante"!
NI
Hay Cadáveres

Féretros alegóricos!
Sótanos metafóricos!
Pocillos metonímicos!
Ex-plícito !
Hay Cadáveres

Ejercicios
Campañas
Consorcios
Condominios
Contractus
Hay Cadáveres

Yermos o Luengos
Pozzis o Westerleys
Rouges o Sombras
Tablas o Pliegues
Hay Cadáveres

– Todo esto no viene así nomás
– Por qué no?
– No me digas que los vas a contar
– No te parece?
– Cuándo te recibiste?
– Militaba?
– Hay Cadáveres?

Saliste Sola
Con el Fresquito de la Noche
Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
No Llevaste un Saquito
Y
Hay Cadáveres

Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres

Yo soy aquél que ayer nomás...
Ella es la que…
Veíase el arpa...
En alfombrada sala...
Villegas o
Hay Cadáveres



No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.


Nota:Néstor Perlongher nació en Avellaneda en 1949. Fue poeta, sociólogo, antropólogo, militante trotskista, luego libertario y uno de los principales referentes del Frente de Liberación Homosexual en la Argentina, en la década del '70. En enero de 1976 fue detenido y procesado penalmente.
En 1981 se recibió de sociólogo en la Universidad de Buenos Aires y se trasladó a San Pablo, Brasil. Allí realizó su maestría en Antropología social en la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP), de la cual también fue profesor.
Fue animador de la literatura neobarroca rioplatense, un estilo que él denominó "neobarroso" ya que, según su explicación, en esa escritura se fundían el barroco con el barro del Río de la Plata.
Falleció a causa del SIDA en 1992.

lunes, 12 de abril de 2010

Graciela Cros



Flor Azteca

Amigas mías
Hay una especie de hombre que no les recomiendo.
Es el hombre que ama a una cabeza
y las propiedades que la caracterizan.
Hay uno
que sólo quiere oirme hablar verme mirar
escuchar cómo escucho
comprobar cómo pienso
mientras mi cabeza completa
con rulos cerebelo y pestañas
con ideas deseos y orejas
luce como un adorno encima de la mesa.

Mirándome a los ojos con ternura
repite día a día
que le hace tanto bien charlar conmigo.

En vano mis tobillos le hacen señas
mientras mis manos intentan algún pequeño roce
o algo nerviosas gesticulan un rápido lenguaje de emergencia
en el que trato de explicarle que estos son otros tiempos
que el antiguo combate entre cuerpos y almas no existe
y no me agrada el rol del Bautista
decapitado en la bandeja:
que debajo de la mesa una segura y cálida prolongación de mi cabeza
es
a la vez
una segura y cálida promesa de bienestar a su cabeza.

Él
Para hacer igualitaria la cosa y porque es considerado
digamos
una persona noble
sólo se permite responder con su cabeza completa
en la que descuento conviven labios neuronas y anhelos
ojos sienes recuerdos y conceptos.

Su voz
acostumbrada a las bellas palabras
me explica que no puede con las culpas
y declara su amor a mi cabeza
pero esconde
celosísima
las líneas de su cuerpo
a los temblores animales del mío
fatalmente impaciente debajo de la mesa.
Como soy obstinada
(mi cabeza lo es)
intento atacarlo por sorpresa
pero es irreductible
su moral es de hierro
entonces pienso
en la seda caliente de mis suaves rincones
y lo odio.
Así ocurre
finalmente
que para darle el gusto y porque me conmueve
su actitud de niño dibujando una casa
yo
me quedo
muy quieta
y cuando ya se ha ido
suelo sacar la lengua.
No puedo ocultarles que planeo venganzas.
Deberán ser acordes a una flor azteca.
Por ejemplo
que un día
cuando él crezca y me busque completa

no encuentre nada debajo de la mesa.





“Aves”

7

Soy una dama asimétrica
que paga con dolor
la sumisión de sus vértebras

Soy una Garza Blanca una Bandurria Mora
una Cachaña en bandada que vuela cara al viento

Hablo en dialecto sudaqués
y la gente me encuentra pintoresca

Soy monolingüe sudaca argentino-patagónica mapuche

En otra vida fui consejera espiritual
luchadora en fango gimnasta olímpica
gata de casa de escritor mujer africana lapidada

En ésta
soy lenta
como semilla da bambú

Los impacientes no me soportan

Ignoro si sembré lo que esperaba cosechar
Ignoro si pretendo cosechar lo que nunca sembré

Soy un personaje de Ficción que escribe una novela
en la que hay un personaje de Ficción que escribe una novela
y así hasta aburrir

Si me lo pide el editor
agrego o quito
un Capítulo

Éste es mi sino.





Se solicita una gracia


Pidió la guacamaya
La hija fiel
La estrella ética del Pequod
Al enigma fragante de su almohada:

-Quiero que me concedas una gracia

Dame una TIJERA

La quiero leal, filosa

Le contestó la voz que vive oculta en las almohadas:

-Para entregarte lo que pides
Debes decirme lo que harás

Cordelia respondió:

-Recortaré parcelas escogidas de escogidas ánimas

-Las ánimas de quién -interrogó la concedente

-De los tres por quienes rezo y fumo al pie de tres volcanes

-Dime sus nombres, describe las parcelas

-De JUAN DONNE elijo su fruición

De JUAN KEATS sus ojos de mirar

Del CARA DE CABALLO su fuerza de equino


-¿Y qué harás luego con las parcelas escogidas?

-Buscaré aguja e hilo
Y coseré un huipil que heredarán mis hijas
Cuando alcancen la altura de las milpas


Se hizo el silencio en la madrugada
Y quien narra no supo
Si la gracia fue dada
Y la intención del ruego fue cumplida

Nota:Graciela Cros nació en Carlos Casares , provincia de Buenos Aires, en 1945. Publicó, entre otros, los siguientes libros de poesía: Pares Partes (Ediciones de la Flor, 1985); Flor Azteca (Ediciones del Dock, Colección de Poesía "El mono hablador" dirigida por Joaquín O. Giannuzzi, 1991); Decimos (Ediciones Bariloche, co-autoría, 1992); La escena imperfecta (Ediciones Último Reino, 1996); Urca (Editorial Libros de Tierra Firme, Colección de Poesía "Todos bailan" dirigida por José Luis Mangieri,1999); Cordelia en Guatemala (Editorial Siesta, 2001); Libro de Boock (Ediciones en Danza, 2004) y La cuna de Newton (Ediciones en Danza, 2007); como antóloga preparó Marcas en el tránsito, Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche (Selección y prólogo, Ediciones Último Reino,1995). En 1988 obtuvo el premio Beca Externa (Investigación/Cuba) del Fondo Nacional de las Artes. En 1992 ganó el Primer Premio de Poesía en el Concurso de la Fundación del Banco Neuquén y la Subsecretaría de Cultura del Neuquén; en 1994 resultó finalista en el Premio de Poesía de la Casa de las Américas, Cuba, y recibió el Primer Premio del Salón del Poema Ilustrado de Bariloche; en 1995 el Primer Premio de Poesía del XVIII Encuentro de Escritores Patagónicos (Pto. Madryn, Chubut); en 1998 el Primer Premio de Poesía Corona del Eisteddfod del Festival Galés de Arte Eisteddfod del Chubut. En el año 2000 su novela Muere más tarde (Editorial Colihue, 2004) mereció el Primer Premio de la Secretaría de Cultura de la Nación por la Región Patagónica. En marzo del 2004 fue premiada en el Certamen Poesía en Tierra organizado por el Centro Cultural de España en Buenos Aires y el Fondo de Cultura Económica de Argentina. En el 2003 la Compañía de Sonidos Superpatria, discográfica de Bariloche, editó el disco compacto "Cordelia en Guatemala / Poemas leidos por su autora", donde lee poemas del libro homónimo y del entonces inédito Libro de Boock. Son numerosos los recitales de poesía que ha hecho acompañada por músicos y actores. También ha sido invitada a leer sus obras en festivales internacionales de poesía dentro y fuera del país.
En septiembre de 2005 organizó junto al Grupo de Poesía El Diente en el Ojo el Primer Festival Internacional de Poesía Bariloche. Actuó como jurado en diversos certámentes y formó parte de la Primera Comisión Técnica del FER (Fondo Editorial Rionegrino).
Vive en San Carlos de Bariloche desde 1971 y coordina Talleres de Literatura y Escritura Creativa. En el 2009 editó "Mansilla" y "Hacer la de Elvis" por Ediciones en Danza.

sábado, 10 de abril de 2010

osvaldo aguirre


rio de un cardenal

1.
Entre las hojas oscuras
de la enredadera
el cardenal mostró
el color más vivo
del atardecer.

2.
El cardenal anda
lo más tranquilo:
no hay chicos
que lo corran.

3.
Le das maíz,
y viene.
El cardenal
ya entiende:
encuentra,
entre nosotros,
su hogar.

4.
Quién sabe
por dónde,
pero ha entrado
a la pieza.
También yo
me asusto
y golpeo, ciego,
contra los vidrios
y busco salir.

5.
Las gallinas
lo quieren picar.
Y tenés miedo
por el gato,
que finge dormir
cuando campanea
la siesta del cardenal
en la enredadera.

6.
Es lo hermoso,
decís, lo hermoso:
el rojo más vivo
en la cabecita
y el pecho,
como una medalla.
Inmóvil, oculto
tras una chapa,
uno no se cansa
nunca de mirar.

7.
Ya entendemos:
en el cardenal,
en el rojo solar
para siempre
encendido,
late
el hogar.




La persecución

El gran error del Negro
fue pasar la noche
en el pueblo. No dijo
una palabra, nada,
pero lo afligido.
¿Cómo?
Los galgos lo siguieron
y aunque extrañaban
dejaron sin guardia
la casa. A la mañana
esperaba una desgracia:
alguna gallina menos,
la comadreja adentro
con pichones, el almácigo
dañado, pero jamás
de los jamases el padrillo
perdido ni las chanchas
en un charco de sangre.
Los perros que crecían
salvajes en las taperas
las habían liquidado
-las crías se salvaron
porque los maíces
y Dios es grande.

Furioso por la carnicería
que hacían de las hembras
el padrillo destrozó
a uno de los cimarrones
-y el Negro encontró
la cabeza por un lado
y las patas y el resto-
pero estaba herido
y lo superaban en número.
Los vecinos vieron
que salía como escupida
por el campo: nada
del otro mundo, ojo,
porque era costumbre
que los animales del Negro
buscaran la comida
sueltos en el camino.

Ese padrillo era,
decían, más malo
que la peste: una bestia
de 200 kilos, y para peor
enardecida por el chillido
de las chanchas, su sangre,
y para peor que desconocía
más allá de la chacra.
La voz de alarma corrió
con el Negro, que quería
seguir el rastro y de paso,
con la escopeta y los galgos,
barrer con los perros salvajes
que se le pusieran delante.

Así andaba del camino
del Consejo a la escuela
de Campo Albornoz
y en ese radio no pasaba
un día sin noticias
del padrillo: hacía
un desquicio en la soja,
llegaba medio muerto
al molino de una casa,
una señora lo topaba
cuando colgaba la ropa.
Pero siempre tenía
la forma de escapar
antes que el Negro
y la gente que ayudaba,
porque a esa altura,
después de una semana
de martes 13, desastres
y sustos, esa bestia
suelta era un peligro
para cualquiera.

Había que ver: iban
y venían con una jaula,
maíces para invitarlo,
palos y perros de todo
tamaño. Al final
lo rodearon en una laguna,
tan rendido de cansancio
que se dejó llevar
de lo más manso.

Nota:Osvaldo Aguirre (1964) estudió Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Publicó los libros de poemas Las vueltas del camino (1992), Al fuego (1994), Narraciones extraordinarias (1999), El General (2000), Ningún nombre (2005) y Lengua natal (2007); las novelas La deriva (1996), Estrella del Norte (1998) y Graffiti Ninja (en colaboración, 2007); los libros de cuentos La noche del gato de angora (2006) y Rocanrol (2006, premio Fondo Nacional de las Artes); las investigaciones periodísticas Historias de la mafia en la Argentina (2000), Enemigos públicos. Los más buscados en la historia criminal argentina (2003; Finalista del premio Rodolfo Walsh. Semana Negra de Gijón) y La pandilla salvaje. Butch Cassidy en la Patagonia (2004); los libros de crónicas Los pasos de la memoria (1996) y La Chicago argentina (2006); un volumen de notas y entrevistas sobre la literatura de Jujuy, El margen, el centro (2006) y un libro de relatos de no ficción, Notas en un diario (2006, premio Ciudad de Rosario). Editó las obras poéticas de Arturo Fruttero y Felipe Aldana. Desde 1993 trabaja como periodista en el diario La Capital, de Rosario. Colabora en diversos medios periodísticos y publicaciones culturales.

viernes, 9 de abril de 2010

Marcelo Cutró



La mujer de la foto-

No hay pájaros
hay huellas o impostores
atraídos por la sombra de las mujeres
Como en el sueño
toda palabra está en peligro
-
Una voz invisible mujeres que esperan
mujeres que se van con sus ventanas pálidas
los párpados al alba en una luz que demora
la fiebre de los pájaros
El fuego de un presagio en la estacón del tren
-
Llueve intensamente El cielo es rosa
Entramos a un bar enfrente de una plaza oscura
al lado del hotel
Esto sucede en otro lado
-
La tormenta se oculta en la noche equivocada
La sombra de un cuchillo en la mano de un ángel
-
Fumaba en un sillón con el cabello mojado
Se quitó el corpiño en silencio
con esa maldita suavidad que tiene
las canciones abandonada
-
Esa mujer desnuda entre las luces negras de otro idioma
habla de su extensa luna
-
Lleva esa luz de iglesia por el monte
caminando arrepentida
La mañana
naranja todavía
descalza
en un vapor o una nube de arena
levanta la ropa de la noche
-
Allá en la orilla invisible
una rama sostiene cosas ausentes
Nadie mira a la mujer de ojos grises
cuando abre la puerta
-
Lejos del río tu nombre es una espina de agua
-
La mujer de la foto que abandona
en la puerta un grito para despertar
a esos gatos de papel se llama Margarita
-
De la escalera
cae la ropa de colores rápidos
Una gran tormenta sobre el río
se lleva las fotos




1


Otoño


El día cerrado en la mirada orquídea.
La virgen del campo recibe la brasa.
Al norte otro viento. El llanto pendiente.



2


El agua bendita tiene palabras
dichas hace mucho tiempo
imaginadas como sombra o sueño
de las voces que llevan en secreto
un horizonte salado con sangre de rocío.
Lágrimas de luz.



3


La noche enrojecida. Una voz invisible. Palabras de la luna.
El fuego de un presagio en la estación de tren. Mujeres que esperan
mujeres que se van, con sus ventanas pálidas, los párpados al alba
esa luz que demora la fiebre de los pájaros. Llegando al limonero
la sombra es amarilla, las abejas desnudas, semillas de madera.
Los confines del vino. Los jinetes que brillan. El sudor de la tela.

Nota:Marcelo Cutró nació en Santa Isabel (provincia de Santa Fe) en 1967. Desde 1975 vive en Rosario. Publicó en 1993 ” Los Lugares con Noche.”poemas. En 2001 integró la antología” Los que siguen “ 21 poetas rosarinos. En 2003 publicó “ Santa Isabel” poemas. En 2005 participa en la antología “Felicidades también” 18 poetas resultante de un taller dictado por la poeta Diana Bellesi en la Casa de la Poesía de la ciudad de Buenos Aires.En el año 2008 publicó "Espina de agua" en Ediciones en danza.

jueves, 8 de abril de 2010

Silvia López


Hasta no equivocarse mi color

Bosque del silencio. Bosque
donde el fuego se haga madera
y chispa, y la chispa el instante
a detener en el silencio. Bosque
donde se enhebren los pétalos
al botón amarillo de la margarita
en que me deshojé y la bordadora
rehíle pacientemente la madeja
hasta no equivocarse mi color.


Y si yo
me duermo hiel
a las caricias
emparedo las valvas
me escondo madreperla
perla que se desgrana grano de arena
sola----a oscuras----sola
vientre de nácar
almohada donde pensar
me digo y pienso
me pienso
me ahondo
en un paisaje de otrora
un sueño prenatal casi
libre casi
de mí-----hasta el atavismo
semilla ingerminada
impensable ahora
despertar tan pequeña
abrirme madreflor.



Girar en torno a mí
girar y dónde
corazón, mi carrusel
espiralando a tumbos
yo,
la pasajera unívoca
ganando cada vuelta
irremediable
la sortija.

¿Si desterraran
al señor calesitero
en que acontezco?


Fuera Picasso
al suspenderlo
en su inmanencia
o Medusa
que condenara
su curiosidad,
lo cierto es que así
vengo a encontrarlo
en un museo de París
al gato azul
que vivía
en mi primer cuaderno,
azul y atigrado
como la audacia.



Tal vez acecha
en torno al muro
a ese color elemental
que yo también perdí,
a las rayas
que fugaron de su piel
dejando en la mía
un tatuaje de dudas.



Como si quisiera concederme
un último suspiro.




Plaza de Mayo,
20 de diciembre de 2001

Esta plaza tiene algo irreal
lo sospeché desde mi infancia
como si los autores
de los manuales escolares
se hubieran puesto de acuerdo
en la lluvia y el barro
en la moda de 1810
o en French y Beruti
como Batman y Robin.
Lo crucial no era más
que esa lluviosa figurita
comprada por centavos
al librero de la esquina
calcada torpemente
del Kapelusz
recortada del Billiken
a golpe de tijera
y pólvora de tiza.
Pero ¿qué había de fundamental?
¿Qué significaba la palabra revolución?

Mayo era fácil, porque gris
era un color y otoño
el frío que empezaba por las piernas
el cumpleaños de mi padre
olor a chocolate igual a fiesta patria.
En cuanto a revolución
algo tenía que ver
con las interminables alas del Cabildo
pero en lo más ciego de mis ojos
yace el primer encuentro
con los muñones brutales del edificio.
De esa mutilación, como de una costilla
no sé qué fe maltrecha
nacería.

La misma plaza, hoy
a punto de verano
pisoteados sus arriates
en lugar de aquel barro
gente con no sé qué
comunión en su diversidad
la ciudadanía en los hombros
curiosa y asombrada
como niño a babucha

y cuentas de festejos
del tanto mirar para otro lado
del sírvete que hay más.
Qué hago aquí, me pregunto.
Pantalón corto y claro
sandalias cómodas, por si hay que correr
sándwich a dos cincuenta por mazamorra de negra
mochila al hombro roja, anteojos de sol…
Pero qué instinto me llama a atestiguar
para volverme otra mancha incomprensible
de futuros manuales escolares
entre la multitud que la montada
y los hidrantes amenazan.
Y no lo sé:
he venido
como a una catedral
a tratar de creer en Dios.

El gas quema la garganta
me uno al éxodo
con lágrimas de bautismo
y apenas comprendo
que no se trata de huir:

es una romería que me arrastra
en su silencio embrionario
lo interrumpen las toses
como una plegaria
pero el ruego no sabe
dónde confiar su fe.
Entonces
la avenida de Mayo
se vuelve una visión
torpe de nitidez, como los sueños
mi silueta me abandona
se suma a la procesión como una peregrina más
entregada a ese sueño sin constancia
deambula entre lapidaciones y disparos
y humo y grito
a paso lento, lento
como si no fuera dueña
de los propios contornos
y sus músculos desdibujados
no tuvieran miedo a la emboscada
en cada bocacalle.

Fue en Hipólito Yrigoyen o en Alsina
donde una pareja le ofreció vinagre
para calmar el ardor en los ojos
le regalaban incluso el pañuelo, pero ella

(podía pensar en ese momento cosas así)
no quería ser la extraña que se llevara algo
que jamás recuperarían.
Siguió caminando
tuvo tiempo para volver sobre sus pasos
y recoger unas monedas
que se le habían caído, y en ese ruido
de las monedas contra el piso
oyó también el plomo que (después se supo)
eran los muertos multiplicándose
en distintos puntos de la ciudad y del país.
Poco más tarde experimentó algo increíble
cruzar la 9 de Julio fue pasar a otra dimensión
tuvo que ser así de metafísico
porque ahí nomás un tipo le dijo: ¡Lindas piernas!
porque no demasiado lejos
frente a la Facultad de Medicina
esos matasanos festejaban sus títulos
extraterrestres en carnaval de harina
como cerrar los ojos
como tirar el pan.

Nota:Nació en Buenos Aires en 1964. Es autora de dos novelas inéditas "Dios juega a los palitos chinos" y "Museo de arte amoroso".Por su trbajo de ficción en cuentos recibió, entre otras distinciones, la terecera mención en el Concurso de Literatura Joven de la Fundación Fortabat (1994) y el tercer premio Letras de Oro (2004).Participó de la antología poética "Detenerse en el tiempo" (Botella al mar 2004).En el 2008 publicó "Cartografías" (Huesos de Jibia).

miércoles, 7 de abril de 2010

Osvaldo Bossi



Aviso a los navegantes

No pondré un cerrojo en mi puerta,
pero habrá una puerta.

No comeré del mismo plato.

No saldré a caminar de noche
por más devastadora y hermosa que sea
la noche de junio al lado tuyo
cuando en mi corazón aún sea de día
y una pequeña llama
arda en la íntima cocina: apacible.

No caminaré sobre el agua
No buscaré desconsolado, a cualquier hora
un parque de diversiones.

Cuando la primera insidia llegue
o el deseo surja como un abejorro punzante
no los cubriré.

Como no hay salvación posible
ni castigo compensatorio
no voy a pedirte que me escuches ni me deslumbres
con el chasquido de tu látigo

Que seas justo o bello, o que no lo seas
correrá por tu cuenta.
A cada cual su alvéolo, su santuario y su ración de escoria.

Que en nombre del amor no te calme
ni me perdone ni te justifique.
Que llegada la hora del descanso, descanse
No me ataree en la secreta construcción de un puente
pavoroso o magnífico.

Ningún efecto, ninguna causa
será completamente tuya ni de nadie: no serás responsable.
A cada cual su monstruo ¿no es suficiente?

No me llames por teléfono para que lo vigile
por favor esta noche, cambie su agua o le dé de comer.
No soy una excepción, y voy hacia lo mismo
como todo el mundo.

No te olvides de mí, pero sobre todo no te acuerdes
únicamente cuando las cosas andan mal.
Mi sabiduría no es tan sabia ni tan tonta:
empieza con mi corazón y por él se termina.

Llegado el momento, no pagues mi excarcelación.
Sea o no inocente, no me impidas
la retórica del mal. (No es tan difícil.)

El mundo, es cierto, y las cosas que hay en el cielo
se han modificado con tu presencia,
pero no me quieras engañar. No me digas:
La soledad, a partir de ahora, ya no será una preocupación.
Aunque pueda, yo no quiero perder
ese vértigo, el fondo sobre el cual bulle una copa
a veces sumamente amarga y a veces... dulce.

Que yo no diga
--y si lo digo no me escuches: No soy nadie sin ti.
Y si soy nadie fatalmente, que yo comprenda
que sólo ha sido por mí mismo.



Como ese árbol

que agita su fronda
cuando un pájaro se le acerca
y gira (más que alado, tornasolado)
alrededor suyo, sin atreverse
a posar una sola de sus patas,
como si fuera un río congelado
y no un árbol
que la naturaleza ha puesto
delante de sí, o fuera a derrumbarse:
como si un pájaro
pudiera hacer que un árbol se derrumbe
o el árbol no quisiera, en el fondo
perder por un segundo su estabilidad,
como si no se oyera un silbido
entre las hojas, un largo llamado
de apareamiento, y el pájaro
que se conoce, pensara una vez más
que es su propio deseo de amor
girando entre las hojas,
como si el árbol
viviera en una jaula autosuficiente
y tronco y trino
no provinieran de una misma raíz,
como si un pájaro
pudiera ser un pájaro de verdad,
lejos de su árbol, y a la inversa...



El muchacho contorsionista

No tengo amigos, pero me llevo bien con los /
relámpagos.
De dónde quiero salir, adónde quiero llegar,
no lo sé. De la mañana hasta la noche
doy vueltas a lo mismo, como si poner un brazo /
aquí,
una pierna allá, me impidieran caer en el dolor...
No hay dolor para mí. Es importante que sepan
esto: no hay dolor. Y no entiendo a la gente que /
sigue quieta,
aferrada a lo mismo, o deja que las cosas /
continúen
en su lugar. Yo sueño con un cuerpo distinto
cada vez, y no me importa que sea el mío:
puedo pasar de lobo a niño, de elefante a cangrejo
en pocos segundos, haciendo pequeños arreglos.
Algunos piensan que lo mío no es flexibilidad
sino un error de base, como si me faltara un eje,
un punto de apoyo... Puede ser. Mi madre se /
horroriza
al verme, y mi padre se ríe, se divierte conmigo
como si dijera: Este muchacho... Sin ir más lejos
anoche tuve una pesadilla. Dormido y desnudo
en mi cama, cualquiera (¿se dan cuenta?) /
cualquiera
podía verme. Mi novia, incluso, que es muy /
posesiva
podía encerrarme en una cajita de fósforos
o esconderme tranquilamente en un dedal.


Nota:Nació en la provincia de Buenos Aires el 8 de marzo de 1963. Entre los libros de poemas que publicó se encuentran estos títulos: Tres (Bajo la luna, 1997), Fiel a una sombra (Siesta, 2001), El muchacho de los helados y otros poemas (Bajo la luna, 2006) y Ruego por el tornado (Sigamos enamoradas, 2006).