lunes, 29 de agosto de 2011

Alberto Muñoz


TREN CRUZANDO EL PUENTE DE HIERRO
Por el río Las Conchas llegábamos a Bella Vista.
Cruzábamos el puente de hierro tragados por un
palacio de canciones y gritos.

Sólo el olor a huevo proveniente de la canasta
de mi madre me devolvía a las ropas: el vagón se movía
como una yegua nerviosa en las murallas del tábano.

Nadie soportaba el olor del río Las Conchas
cambiaron su nombre por el de Reconquista.

El puente de hierro separaba el cuarto de los nenes
de la habitación de la abuela que durante la luna se
levantaba en camisón para rezar y orinar.

La luz exterior vivía de los curiosos
y de las oraciones amarillas flotando como abejas
en la palangana de metal.

Viajábamos los domingos. No había obreros colgados
de la caldera sólo mujeres gordas con crisantemos
arrastrando por los vagones criaturas y periquitos.

Mis padres discutían el arte de Virgina Luque
el derecho del matrimonio a no levantar una roca insólita
la manera en que los días se parecían a los clavos.

Nadie soportaba a Las Conchas.
El olor provenía del río Reconquista.
Yo llevaba mi nombre atado a una hebilla
por temor a que hicieran con él los mismo que habían hecho
en el bautismo del Reconquista.

Que de pronto papá o Lorenzo dijeran Antonio o Ferdinand
y mi cabeza girara llevándome indefenso como un pescado
o como un rey turbado por el acero que le acercan a la garganta.

Oh el olor a huevo crudo de la canasta de Amelia me devolvía
al vagón de madera. “ Comamos”- decía mi madre- improvisando
un mantel de mármol sobre sus rodillas

tomates partidos a la mitad y agua de lluvia
para que los soldados abandonen sus supersticiones:

madre si venimos de Las Conchas
por qué Dios me dijo una vez cruzando el Reconquista:
“ Yo soy el camino”.







CAMIONES

No ha sido el mundo una forma de la fiebre líquida.
hijo mío, estás ahí, tomado a tu tren, al lado de un río
que te dice en su tamaño de agua: camiones.

Camiones junto a la azalea blanca.
has puesto una línea sucesiva de camiones; no tienen
otra ruta que tu mínima mano blanca
entrándolos al mundo.
los quitas del desastre.

Qué otro modo hay de la justicia, sino la forma del camión en la azalea blanca.

Hijo, estás ahí, en el parapeto de la monstruosa evidencia; ¡los grillos han tomado la cabina de tu camión!, engrasan sus patas verdes, apagan la luz, rompen la bahía donde ingresa el vapor de los aceites; están cerca de las azaleas, pero ellos creen que son criaturas del budismo que han llegado a una orilla milagrosa...

Oh, hijo mío, ahí estás jugando con tu pala mecánica; mi tractor de lata está a quince kilómetros de la azalea blanca.

¿Llegarás?




AMANDA DESDESIEMPRE

Asomé el cuello por la ventana del tren para
impregnarme de todo lo que habla de viajes.
Boulogne gira como una nutria congelada de
nocturnos, la llovizna entibia su cuna de plumas
sin aire.

No más que seis vagones atravesando la noche,
en cada uno de ellos viaja un fantasma, una criatura
sola, cada cual con su valija y su cuerpo fuera y
dentro de ella. Los que aman la poesía, los que la
reprimen, los que andan entre socorro y socorro,
los que se vienen de si hasta el lugar de sus
nombres.

Boulogne arde como la gasa de un soldado desertor,
apenas el débil furor momentáneo de las ruedas, la
mano escondida en ese cielo accidental, se muestran
como mudos sordos de la guerra, la guerra distinta,
la del perro paseando al anciano y la mujer descompuesta
en la roca sin océano, la noche imaginaria de Boulogne
no tiene océano, ni velas, ni barca, ni muelle, ni trenes,
ni noche, es el todo en un ojo que encandila hacia
adentro, donde no caben los rieles, ni las marchas
en este ocho de marzo de mil novecientos setenta
y cinco.

Tristeza de trenes, negrura ancha de las máquinas
en desuso que tanto tienen de vapor y sereno.

Comovengas.

Comovengas, fusta del tiempo sin caballo ni jinete,
paso a paso debajo del candil con entreporos en tus
dos manos, y del silencio, nada.

Amanda Desdesiempre, me es intolerable tu
perfume semidios, tu seno extraído de los
gritos del ahorcado, y la playa blanca asomada
en tu cabello.

Han pasado muchos años y muchos años me vuelven,
nada queda que sea mío, y con tanto viento en
las ruedas de la noche, con tanto espejo repartido
por la barba, te siento sobre mis huesos azules
y te reparto en llanto, en una copa de Ovidio,
en una manta de alondras.

Las ventanillas del tren me sorprenden con sus
escenarios diminutos, en cada vidrio un paisaje
y algún veneno emigrando.

Las posiciones del cuerpo me recuerdan el ajedrez
del otoño, los vacíos, el matrimonio de los ojos
cuando pronuncio tu nombre. Boulogne arde como
un tesoro en los talones del explorador, el
buscador de entrañas, el catador de espantos...
Amanda Desdesiempre.


Nota: Nació en Buenos Aires en el año 1951. publicado Floresta-poemas (1979), La compañía mágica del circo (1980), Almagrosa (1981, 2ª ed. 1990), Acordeón a piano (1984), Terra balestra (1985), Dos épicas (con Eduardo Mileo, 1987), Tratado de verdugos (1989), Misa negra (con Eduardo Mileo, 1992), También los jabalíes enloquecen (1998), El deseo en El Pavo Real (2000), Camiones (Ed. En danza, 2001), Venecia negra (con Javier Cófreces, Ed. En danza, 2006), Trenes (Ed. En danza, 2004), Canción de amor vegetal (con J. Cófreces, Ed. En danza, 2006) y Pianoforte (Ed. En danza, 2006).


viernes, 19 de agosto de 2011

Esteban Charpentier


ARTE POÉTICA

Me urge escribir este poema
aunque las palabras no sean por lo común
la mejor manera de decir las cosas
pero la fatiga inconmensurable de cargarlas
cuando se han gestado
avejenta mi espíritu
por eso me jacto de no dominarlas
Digan lo que digan los demás
Espero nunca saber escribir lo que debiera
ponerse oportunamente por escrito

Y así, una vez por mes
salgo a comprar flores de regalo
para poder expresarme de otra forma
digo lo que otros ya han dicho, entrecomillo,
para eximirme de culpas y entreveros

Pero entre urgencias y malabarismos
Alguien debería ponerse un poco severo
Porque la poesía,
es sólo un relieve del silencio.





LA TRECEAVA REVELACIÓN ( Se me cayó la autoestima ) Me dejaste abajo de un farol
Juan
Gilberto

Soy el premio menor,
la equivocación manifiesta,
el príncipe pálido,
la pizza fría de tu pijama party,
Soy el pelotazo en contra,
el problema mismo,
el garrón engangrenado,
el último orejón del tarro sin dulce
la resaca.
Soy el separado, el disgregado, el descosido, el descamado,
el pozo vacante,
la pesadilla hueca,
la regla confirmada,
el metáforo pinchado,
el deprimente, el depresor, el deprimido de pomelo.
Soy de Ferro verdolaga, soy poeta, ave negra, manosanta.
Soy la peor de todas...., el peor de todos,
la peoranza.
Pero aproveche Ud. señora,
cómpreme un número por favor,
me queda el 13 y me gana,
aproveche, ya que el día en que la palabra y el corazón tengan valor,
los poetas naceremos pingüinos,
y nadie, pero nadie, ama a esos bichos.





LAS MUCHACHAS QUE YA NO

Las muchachas que ya no puedo amar
llevan enjambres de peces alborotados en sus mochilas,
tiñen sus cabellos del color de las hojas del ciruelo,
vuelcan collares de almendras en sus camisas,
desvirgan sus orejas
con setas y caracoles hundidos.

Las muchachas que ya no me miran
vuelan con alas de seda de bautismos,
toman lo que quieren de los escaparates
elevándose en un vuelo infinito,
llevan guirnaldas encendidas en la frente,
y una cajita de música por vestido.

Las muchachas que ya no me aman,
me dicen, señor me da permiso ?
tienen un aire tan elemental, tan Blancanieves,
que piden desvestirse con la luz encendida
y muerden las manzanas de a poquito.
Las muchachas que ya no me nada
portan panales pequeños en sus corpiños
y vierten sus primeras mieles escarlatas,
en el trono de un príncipe maldito.

Las muchachas que digo, que ya no conmigo,
llevan entre sus piernas
perlas y animalitos.
Dicen que sí tantas veces,
que enamoran hasta a los grillos
y lanzan por las ventanas
sus desnudos cristalinos.

Las muchachas que ya ni mirar puedo
se sacan el corazón para exhibirlo,
tienen dientes de risa nacarada,
pies de mariposa albina,
boca de azúcar y membrillo.

Las muchachas que ya no puedo amar, ni me aman,
que ya no me miran, ni miro,
las muchachas que ya no me nada,
que ya no conmigo,
traen la muerte blanca en sus caricias
y yo les acerco la mejilla
en una suerte de suicidio.





PARÍS - PARÍS

Yo te saludo París,
cuando una rebelión de gárgolas
ebrias levanta el vuelo,
llevándose la catedral a los barrios pérfidos,
donde los jorobados por la vida,
ven cumplirse sus sueños jodidos de locura.
Y una tormenta venérea,
ahuyenta las baladas de los inválidos
que encendieron sus barcazas
en la Isle de la Cité,
para morirse putrefactos o buenos.
Ahí va, toma la ballesta, apunta,
el ángel de los pelos rubios
vuela con los dos corazones galos
y el mismo hábito de ausencia, macabro,
y otra vez errás el disparo,
que mata al gorrión parisino,
que escupe miserias en el pont d’alma.
Y otros también disparan,
con poderosos flashes amarillos
al ángel, a las gárgolas, a los títeres de los claustros,
a los miserables que ahora, roban el pan.
Y mientras corro por las calles
mirando como vuela Notredam,
con sus alas de oro, dorado,
una mujer me patea un penal con una estrella,
en el arco donde se escondió tantas veces el sol
y que le da el tanto del triunfo
entre mis piernas agotadas por el espanto.
Yo te saludo París,
porque tu belleza tiene hedores del infierno,
porque tanta sangre ha corrido por el Sena,
porque eres el alma enamorada de un pintor enano,
porque cobijas a Chopin y hueles a cebolla,
porque de allí vinieron mis ancestros
sin saber que además traían el tango.
Y porque mi corazón sagrado,
volverá un día en una cigüeña negra,
a devolverte aquél pan que me traje,
y así me condenes para siempre a tu milagro .

Nota:nació en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina en 1958. Es abogado. Preside la FUNDACION PIBES. Dirige la EDITORIAL ECHARPER. Condujo MALDITA GINEBRA con Urrupuru entre el 98/05. Fundó con Urruspuru y Perrotta la CONTRAFERIA DEL LIBRO en 1997. Conduce ESTA VEZ ES DENSERIO programa de radio dedicado a la difusión poética desde 2008.
Libros Publicados:

Taller de Memorias
La otra Luna
EL jinete de tu galope de risas
Queridos Poetas
Final Poético
Me lo pedía el corazón
Me Alejo Charpentier
El Marinero Bengalí
Reversible
No seré marido pero tengo un remís
La poesía es un alma cansada de futuro





sábado, 13 de agosto de 2011

Lucio L. Madariaga



Mujer Aliada Verde
A Paulina

Tú mi límite radical pendiente
inclinada hacia mi terror
Trama que un velo no arriesga
ocultar ni develar

Batalla que he de perder vencerás
iras que repliegan y no estallan

A tientas andamos el borde secreto
Certera constante
Amantes errantes
Tanto es esperanza como riesgo

Te rechazo en mi desesperación
derrota del escape eterno
Blasfema de mis convicciones
anhelo morir por tu mirada

Incéndiame redúceme a cenizas
Mujer total mujer aliada verde




Diluvia bacchanalia

Llueven pájaros;
¡esto es una fiesta!
El camino de la sangre se acelera
Hierve,
contagia las moléculas del aire
Se resquebraja la meseta y urgen-surgen
picos desde las profundidades

Todo se transforma:
repiquetean tonalidades nuevas, brillan
sonidos auténticos,
hasta el óxido embelesa

Danzan un vals los arrayanes con rítmico
escándalo de tormenta

Alas al diluvio; levito entre plumas
azules, púrpuras, magentas

Las doncellas
con aromas robados a la belleza
nos incitan a la fiesta

Llueven pájaros
y yo
renazco
en estas bacanales




Barriletes rurales

Cualquier lluvia cae muriendo y recordando
Rodolfo Alonso


Voces de chicharras
-como agujas chinas-
penetran la ventana improvisada del rancho

Los alguaciles de la ropa tendida
a la intemperie
alertan

La lluvia de invierno duele en la cara
del abandono

Me retuerzo en la lona helada del catre
y sueño:

fósforos móviles
para sazonar melodías internas
de pájaros que condenan al resguardo de la lluvia

el desierto

de los hombres





Ganbaru

Agujas de sal alilan
el muelle blanco
donde dieron el salto,
en otro tiempo,
las hermosas suicidas.

Soplo de alelí en las venas
a b i e r t a s
de dios:
tejiendo la humedad,

almanaciente del mar.






El canto reo


Un camposanto cobijó nuestros muertos.

Ahora es tiempo de retomar lo bárbaro,
componer la herejía de la herejía.

La poesía es una gran pregunta que acciona.

Certificados de función a la vuelta de la esquina.
A girar la página con un remanso bajo el brazo,
ventajeándole pasos al verano.

Cumpliendo designios
del sol,
con el fervor de criaturas sinceras,
sirenas,
del canto reo.





La cama siempre es París

Primer acto:

La transitada historia de la piel,
el sudor del sol, las sábanas mojadas
y su memoria a prueba de balas.
El aroma libertad,
la brisa por la ventana cosquilleando
espaldas,
los gemidos como propuestas,
el horizonte ya
y un zumbar de estrellas
para ladear
la finitud.

Fuera del tiempo:

Los ojos en estado de abrazo,
masticando los hermosos restos,
respirando la levedad del cuello,
un pie trepa otro pie,
la pierna trenza.

Arrancada la piel del amado atajos
a tajos reedificando el aliento;
lucido lumbre
del roce.
Espanto de la quietud.

La melodía del silencio:

un sueño lúcido.


Nota:Lucio L. Madariaga nació en el barrio de San Cristobal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 15 de agosto de 1985. Estudió la carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires que dejó inconclusa. Actualmente realiza la carrera de Edición Editorial en la misma casa de estudios y periodismo en TEA. Poesía, inédita.

lunes, 8 de agosto de 2011

Martín Prieto



En el ómnibus

Cinco monedas de diez en la mano
hasta antes de ayer ocupada
en oficios,a la vista de los callos, metalúrgicos,
desocupada hasta ayer y desde hoy subocupada
en una actividad más perecedera que humillante,
mientras en el Palacio Vasallo
los que ocupan sus bancas discuten la inconveniencia
de que haya, en los ómnibus, guardas:
"tarjetas magnéticas" dicen unos
y los otros "que corten boletos los colectiveros",
y otros "que log negro vayan a trabajá a gamba"
"¿o no se hicieron, acaso, revoluciones a pie?"










En el banco, cobrando el sueldo de profesor universitario


En el subsuelo del banco de la provincia,
profesores universitarios
como caras de una multitud pintadas
por la mano de un pintor naturalista
que decidió darles, a las menos,
el brillo singular de la inteligencia,
a las más, el gesto adusto del empeño
y de la buena voluntad.
El fondo de la tela, la base, cubierta
de caras incompatibles con el oficio
y con la profesión.





Es la primera vez que hablo en horas.


No había dicho nada
cuando me llamaron por teléfono para avisarme
que la loca se había muerto. Tampoco

dije nada en el viaje de dos horas
con la vista atravesando
el vidrio polarizado de la ventanilla,
mirando de a uno los mojones del camino, "224", "193",
preguntándome cuál de todos los muñequitos
habrá sido el último en ver,
si es que la loca venía, como yo,
atravesando el vidrio con la vista
y no leyendo una revista cualquiera,
el diario, o durmiendo después de una noche
de esas en las que nadie duerme medianamente bien,
por el calor, o por el zumbido
de las paletas del ventilador, o por la falsa virtualidad del ambiente refrigerado.


Tampoco había dicho nada cuando
el covani de saco azul me dió la mano
ni cuando me la dió la covani de blanco
que la iba de enfermera
pero que era de la compañía de seguros.

Tampoco dije nada, ni "mú", cuando el otro,
un hombre negro de cejas rubias, radiantes,
haciéndome pasar bajo un cartel inmenso y colorado
que decía, justo, "no pasar",
abrió algo así como un fichero sin proporción
y con ojos de "yo he visto peor"- y si había visto peor
lo había visto realmente todo, el universo absoluto-
me preguntó si era ella.

Nada, tampoco dije nada
cuando eso que una vez había sido su hermano,
tambaleante en la oscuridad de uno de los pasillos
a la salida de la morgue
trató de sostenerme en un abrazo
ni cuando la otra,
la que sería la cuarta, la décima nueva mujer
de eso que una vez había sido su hermano
me acarició la nuca y a la distraída
pero intencionadamente la base de la oreja.

Tampoco nada había dicho al mediodía
cuando vinieron a buscarme y me sorprendí
de que los árboles estuvieran, como siempre,
con las copas altas hacia el cielo.

Por eso cuando como un latigazo brillante
sobre el anca de un caballo negro
como, propiamente, la noche,
estalló el rayo sobre el tanque de agua
de San Pedro, y miré entonces hacia el cielo
y dije "parece que va a llover",
fue como si el mundo, no sólo el planeta Tierra,
sino también el sistema solar,
éste, el que todos creemos conocer
y también esos otros que dicen, simétricos,
se expanden vaya uno a saber
en qué vericuetos de la imaginación científica,
el mundo entonces, detenido desde que sonó el teléfono
y esa turra me preguntó si yo era quien era
para mandarme después el baldazo de mierda y sangre
se hubiera, ahora,
de un modo perceptible, torpe, mecánico,
a trac mover de trac, trac, nuevo,
y entonces el que está a mi lado
mira también hacia el cielo
y aprovechado de mi locuacidad
me apoya una mano en la pierna, sobre la rodilla,
y me dice, "yo te voy a ayudar".

Claro: vaya uno a saber si es verdad que se ayuda,
y si es verdad, cómo,
pero qué noble esa mano sobre la rodilla,
y qué noble el mundo en detenerse
y qué noble en volver a girar.




Preludios


8- Era tirar la línea al agua y sacarla con un golpe de muñeca para que el balde se fuera llenando de mojarras; después, era ingresar en la modesta mitología de lo exagerado: 87, 153, 350. Pero antes, entre una cosa y la otra, era la poderosa sensación de que un ser desprovisto de conciencia, insensible al dolor, había, flap, mordido la lombriz que vos como un tejedor experto, habías enhebrado en la agujita doblada. Allá, una, embarazada como un corcho de champagne, tomaba sol con los pies en el agua y otro contaba cuánto cobraba el cura del pueblo por celebrar una boda. Cuerdas pulsadas por nadie y para nadie, en una tarde de calor.

*

10- El relámpago de la juventud se apagó justo cuando te escribía una carta que no te mandé. La carta era imperial: hablaba de un tanque australiano donde nos habíamos bañado un verano y de las flores blancas y amarillas de unos nenúfares que se enredaban en tu pelo y volaban como si fuesen marionetas de mariposas cada vez que vos movías la cabeza para sacártelas de encima –y no se iban. ¿Por qué te escribí? ¿Por qué terminó la tormenta que parecía que iba a durar para siempre? ¿Por qué una cosa sucedió mientras sucedía la otra? Envejecí escribiéndote una carta cuya único objeto era retratarte como fuiste una vez y por cada célula tuya que lograba inmortalizar se moría una mía, una mía se moría, se moría.

*

11- Compro velas para mi santuario personal para, cada mañana, rezar porque mi vida sea, no una felicidad de más, sino un desastre de menos. La chica que vende velas se llama Laura Sandoval. Dice que nunca comió con velas y yo no sé si me lo dice porque me está dando una información de la que yo puedo prescindir en los próximos 50 años, o porque quiere que la invite a cenar a las luz de las velas. Algo de ella me dice que lo primero es la verdad; algo mío me dice que lo segundo es más verdad. Prendo una vela por Laura Sandoval, porque ella ha activado el motor oxidado de la duda.

Nota:Nació en Rosario en 1961. . Tiene publicados los libros de poesía Verde y blanco, La música antes, Los temas de peso, Baja presión, entre otros. Es director del Centro Cultural Parque de España. Perteneció al staff de Diario de Poesía.

domingo, 31 de julio de 2011

Liliana Díaz Mindurry



Juanito Laguna aprende a leer de Antonio Berni

A la memoria de mi primo el doctor Guillermo Díaz Lestrem, víctima de la dictadura

Hay un país simulado
un nombre simulado un tiempo simulado
un viejo país detenido en agujeros negros
el país simulado al fondo
(como un pozo)
oscuro
fabricado en el pozo de los sueños
(ese fondo del fondo)
En un mundo asimétrico lo que está por suceder no termina de suceder porque es posible que no haya suceso
en un mundo asimétrico donde hay carceleros
el carcelero no permite la entrada
aunque dice que la permite y hasta guarda una sonrisa en la pantalla
(Y hay un hombre de negro que mira desde lejos en un hueco del tiempo)
el carcelero dice: el país está cerrado dice: el país es puntual en decir que está cerrado
dice: no
no dice
o está y dice con su presencia
o no está pero es fácil imaginarlo
algo que no termina de suceder

aquí hay marcas y preguntas y zumbidos y ultrajes y perfumes antiguos y hay cosas que llaman el país y el país no se sabe si existe fuera de la palabra fuera del ruido fuera de los signos

fuera del país con pantallas vacías y celulares rotos
fuera del país donde las niñas cibernéticas saltan a la soga
no contestarán las máquinas del sueño
ni los que escriben al departamento de tejido literario
ni los que leen
ni los que escriben a los que leen ni los que leen a los que escriben
y después eso: la repetición de marcas y preguntas y ultrajes y zumbidos y perfumes antiguos y cosas que llaman el país que no se sabe qué es o si existe fuera del movimiento de lengua o de los signos

Un país en blanco y negro donde el futuro parece una mala copia del pasado, un revival extraño
no hay Ley que una estos sangrientos pedazos
un pedazo y otro
sueltos
vacíos
y sin embargo unidos perfectamente en una pantalla
con virtuales páginas de seda
que siguen después de "todavía estamos en la Argentina"
y nunca terminan
hacer entonces como si hubiera mundo
como si el viajero de las sábanas fuera inmortal
como si hubiera un hombre de negro
un resplandor
dentro del pozo de las cosas
como si el pozo de las cosas
no fuera el pozo de las cosas
como si las cosas no fueran un pozo
como si el pozo contuviera cosas
como si hubiera cosas
como si hubiera pozo
como si la palabra por sí misma
diera existencia al pozo de las cosas
a la Ley que ordena las cosas dentro del pozo
o el pozo dentro de las cosas

entonces como si hubiera país
en la noche del país
la Ley abre la boca y dice en la boca de las pantallas
dice
no lo que está bien
sino que está bien lo que ella dice
porque lo que dice está bien porque lo dice
porque el decir es belleza
porque es la posibilidad de seguir viviendo
de llevar el traje de los recuerdos
como si existieran los recuerdos

hace frío aquí
aunque los Poderosos no quieran
hace pánico
el país hace creer que es
hace creer la fe
hace creer que la palabra es
hace creer algo atrás de un ruido
hace creer en un ruido
simula caminos de buena hierba
un país hace creer en un orden
que desgarra la noche

como si hubiera caminos
como si hubiera algo que simulara caminos

y no parece
y hasta se ve la silueta de un carcelero atrás del carcelero
y hasta parece que se inclina y habla
y hasta parece que habla de otros carceleros uno en cada puerta otros carceleros que dicen que no dicen que simulan decir que ni siquiera nombran o que nombran la escritura

para desintegrarla en balbuceos sílabas letras desunidas letras que ya no forman ninguna palabra marcas en el papel rumores en la selva del silencio
y hasta parece que es una infinidad de mundos de simulación de mundos cada uno con una puerta y un carcelero como una infinidad de espejos de simulación de espejos cada uno con una puerta y un carcelero
y en los sueños
hay épica y sufrimiento
hasta que llega dulcemente
la gratuidad
el sinsentido

hasta que algunos borrados se levanten de la inexistencia
son como si no hubieran sido nunca
una brisa olvidada
una brisa entre dos intentos de brisa

hace pánico
digo

pienso en los que borraron en pantallas blancas
la mandíbula que guarda mi lengua

tiembla
se cierra
se cae

hace pobreza
hace dolor aquí adentro de esta pantalla donde vivo
los Poderosos no me guardan del frío ni del miedo
de mala hierba los caminos de la muerte
hasta la tentación de decir injusticia iniquidad
una vez desaparecidos los carceleros
me acuesto
sueño
las posibles palabras que contie¬nen otras puertas posibles
sueño un país
donde la rabia
me devuelva los muertos)







El guitarrista ciego de Pablo Picasso

Se nos habló del ojo como del único sentido para construir el sentido,
las líneas de significaciones.
Algún francés nos habló de la evidencia.

Un español hizo del ojo el único sentido para construir el sentido,
sin buscar claves ni líneas de significaciones evidentes,
juntó casi burlándose
la ceguera y la música
como si la música fuera una cuerda rota,
como si la música fuera por fin
un dejar de ver las formas del mundo,
como si nada,
no quería entregar ninguna llave:
una simple música en un azul de ojos cerrados.

(Y por favor,
que no se espere nada de los colores de una tela
ni aunque sea azul y un joven Picasso haya inventado a un guitarrista ciego).


Como si no sucediera nada hay quien la mira en un azul de ojos cerrados,
como si la ceguera fuera una cuerda rota,
un viejo que toca una guitarra ciega en un vacío.

O sólo eso: nada,
una música que como la muerte,
cierra los ojos.

* * *

Parece que hay dos,
una pareja, dicen,
parece que es un hombre ciego, enfermo y una música ciega, enferma
y parece que es sentarse y llorar la ceguera del hombre, la música que no quiere ver nada,
y no parece pero la música se come al hombre
y el hombre sangra.

Y no parece pero hay una muerte por asomar la cabeza
en alguna parte. Y no parece pero también hay una muerte
ciega
por aplastar a la música,
por aplastar al hombre.
(O la misma música es la muerte).
Y no parece pero es el amor,
o una forma de amor al menos,
una música rota,
la ceguera de dos que no se encuentran nunca.

* * *
Nada de importancia, por supuesto, entonces,
ese hombre ciego puede ser cualquier hombre, de esos que andan en los trenes,
de esos que tienen ojos pero no miran porque alguna música les estalla en las sienes.
Cierta locura.

Cierta locura, dije, cierta locura fría
de mosca que sueña paraísos;
nada de importancia, entonces,
cualquier hombre,
cualquier muerte asomada en una música.

Cualquier forma de no mirar el mundo.
* * *

Es posible que la música
sea una forma ciega de tomar las cosas,
una astilla en el ojo,
la astilla de un ojo que no quiere ver más.


O al menos una forma de guardar la noche,
esa noche donde nada es seguro.

Es posible que la música
sea una forma ciega de verificar las relaciones,
y el ojo abierto,
apenas una trampa desde lo virtual.

Una pequeña bofetada a las ilusiones de este mundo.


Ya se sabe:
la música lo dice:
Estamos hechos para la muerte.

* * *

Si el ciego sabe que la oscuridad es una luz que no espera,
si el ciego sabe que los sonidos son una forma de guardar la extrañeza en el oído,
el ciego sabe
que la música habla de una especie de universo ya extinguido.


Fue cuando los hombres no quisieron ver más la rotación de los días y las noches
y se llagó la piel de la fotografías
y desapareció el tan dulce engaño de las cosas.


El ciego no sabe
que también la música ha dejado de servir
para los ciegos.


Dice la música:
ya no hay nada que hacer.
El peine al peinar arranca pedacitos de cerebro,
hay una araña escondida en los cajones.

(En los cajones aguarda
el temor de los ciegos,
el miedo
de la música).

O es la enorme tristeza.

* * *

Debe haber en el ojo de los ciegos
una sórdida luz de pasillo donde avanzan los bastones blancos,
un pobre pez que se pudre en el agua del mar sin que nadie lo advierta,
una zona sin defensa,
el vientre de las noches sin luna. Se sospecha:
una minuciosidad oscura,
un detalle
que se escapa del cuadro.

Y la música no cura.
Cerrar el ojo e inventar sonidos no inventa
otra luz. Ni siquiera una luz oblicua.

Debe haber un cielo roto de antemano.

* * *

No hay fe.

Ya es tarde para ahuecar aún más el hueco de los ojos
e inventar la música.


Peor aún para juntar
desechos de palabras.

* * *

¿Y si detrás de los ojos
se pudiera
mirar
a la música?

¿Ver el color y la forma del sonido?

* * *

Como si las imágenes fueran otra cosa que el silencio,
como si las imágenes fueran otra cosa que una hierba
para que devore
un ojo
triste.

* * *
Con la mitad del ojo de Picasso
habrá medio ciego azul, media guitarra.

Con la mitad de la música de medio guitarrista ciego
aún es posible abrasarse.

Abrasarse es imaginar algo más que un silencio.
Todavía medio amor
es más fuerte
que cualquier forma
de muerte.


* * *


Tal vez la muerte no sea música
ninguna música,
ni siquiera
una música pintada
o escrita.


Tal vez la muerte sea
un ciego que partió hace mucho de una tela de Picasso
y se le quebró la guitarra
y el azul.


Tal vez Picasso muerto
sea una tela con un guitarrista
que ya no significa;
el azul, el color de una mancha de pintura,
y el ciego,
una teoría sin demostración.

Todo el cuadro:
la irregularidad de un ojo de vidrio que se rompe.
Los pedacitos volando en el espacio,
un vestido de novia comido por hormigas.

Tal vez ese cuadro que alguien mira haya dejado de existir,
porque sólo existía para Picasso.


Es que ese guitarrista de los poemas
ya no es el mismo guitarrista del cuadro.

Es un guitarrista de un azul de palabras
y su ceguera
son unas cuantas letras

para desfigurar el vacío
de la hoja en blanco.



Nota:Liliana Díaz Mindurry: 1º Premio Municipal de Buenos Aires en cuentos editados (90-91), el 1ºPremio Municipal de Córdoba, el 1ºPremio Fondo Nacional de las Artes en novela, Premio Centro Cultural de México, Premio El Espectador de Bogotá (concurso Juan Rulfo de París 93y 94), el 1º Premio Jiménez Campaña de Granada, Premio Municipalidad de Puebla, y otros premios en el exterior. Logró el Premio Planeta 1998 por Pequeña música nocturna. Tiene 17 libros publicados. En poesía: Premio Fondo Nacional de las Artes, el Premio de Antorchas, el 1ºPremio Embajada de Grecia, el 1ºPremio First, etc. (Libros de poesía: Sinfonía en llamas, Paraíso en tinieblas, Wonderland y Resplandor final )

sábado, 30 de julio de 2011

Irma Elena Marc


EL CHARCO DE LÁGRIMAS



Yo le hablo, pero mis palabras ya no surten efecto,

se oyen como leídas por la voz de una ahogada,

hablo para que me oiga, como si Ella oyese.

Fui tras Ella a la comarca de las Mujeres Mudas,

usando una sombra como polvo enmudecedor para vocecitas

de la penumbra. Caí en un charco de lágrimas y Ella dijo:

¡Oh, ratón!, ¿sabes cómo salir de este charco? Estoy muy cansada

de estar nadando por aquí. ¡Oh, ratón!

Se oyó decir:

Toda habla es falsa y, como tú, cae.

Con un relampagueo de agujas tembló mi voz depositada

a sus pies como una ofrenda .

Toda mi vida es algo que jamás comprenderás,

grité desde la orilla del charco.

Ella pareció comprender

y haciéndome esperar la noche

soltó mi voz que ardía

dando vueltas con el movimiento de las sombras.








EN LO FEROZ




Ella habla en los sitios donde yo era una persona

que no está más.

Ella habla de zonas más allá.

En el caos, en el estupor de donde proceden mis sueños, desguaza mi corazón

y manda al mundo las carnecitas a modos de pulsaciones de la ausencia.

Ella trata de conmoverme con el recuerdo de la infancia

(no es tan fácil, amiga mía, no es tan fácil).

Ahora intenta elevarme a la contemplación de lo maravilloso

(Ella trama conflictos cuando se pone sentimental).

Y dice: “Alguien me hizo comprender que el sexo está acá”

y gatilla sobre su sien un dedo descargado.

(Cómo explicarle mi incertidumbre de lo que es carne,

de lo que no).

Con palabras líquidas como las formas del sueño digo:

“Ven”

(El deseo es pulpa inhabitable,

carneviva cavada en lo feroz del cuerpo,

cómo- de qué modo- quién- cuándo- me llamó,

y es pavor y dulzura

el llamado del amor).







FINAL DE GUERRA O DESPEDIDA



Darle alimento celeste al cuerpito de la rosa

El general Oku fue, además, conde y

samurai. Tomó Nanchán

y venció en Telissu y Tachichao.

Ella lanza hacia mí el corazón como un resplandor

de la guerra,

tiene la estirpe de la tragedia, el linaje del desastre.

El zar Nicolás II reparte imágenes sagradas

a los soldados que van al frente

Ella abre grietas en la muralla que defiende

de la fragmentación el palacio del cuerpo

- lo que brilla habitable en la palabra,

el alabastro del silencio, la opacidad del deseo,

ramas y floraciones en la sangre,

el rumor, el estruendo y el ritmo de la noche y el día-
bendición de cadáveres en Sha-Ho, 1904

puentes de una blandura insoportable

entre mi corazón y la caída de la rosa

dos grabados de la batalla naval de

Tsushima acontecida el 27 de mayo de 1905

dos monedas cubriendo tiernamente

los ojos, el cuerpito danzando

para nadie.

Fiesta de la victoria en el parque

Hi-Ni-Yo de Tokio, al término de la guerra.

La larga espera comenzó de nuevo,

la larga espera en ausencia de la guerra.








TRANSFORMACIONES



Qué horadó tan lejos mi inocencia más inocente

mi nombre más puro y desde entonces

mi pena se renueva sin cesar

y Ella está cada vez más perdida

ante mis ojos

Algo la cautivó en la noche tejiendo sus

vestidos con qué a qué a quién

en cada abandono pero por qué el retorno

al inmenso continente

que la separó de la ganancia deseando otra

carne para su alma otra alma para mi carne

en la distancia de lo expulsado del paraíso

y engullido por la sombra

aproximándose a la muerte

para que obtenga mi placer

matándolo



Nota:AÑO 2003: 1ra.mención género poesía Concurso Internacional Fundación Honorarte. AÑO 2004: Finalista Concurso nacional de cuento fantástico, Fundación Ciudad de Arena. Finalista Concurso Internacional, en el marco del III Congreso de la Lengua Española, género poesía. Seleccionada (18 de todo el país) para un seminario coordinado por Diana Bellessi, en la Casa de la Poesía de Bs. Aires. AÑO 2005: 3er. Premio Concurso Nacional Suplemento Literario El Subsuelo, (Buenos Aires), género microrrelatos . Finalista del Premio Municipal de poesía F. Aldana de Rosario. AÑO 2007: Finalista concurso de Poesía: Junín-País y Palabra viva de España. AÑO 2008: Finalista Concurso de Narrativa de la Editorial de la Universidad Nacional de Rosario. Antología de Poetas del Tercer mundo 2008. Finalista Concurso Nacional de Cuento Macedonio Fernández. AÑO 2009: Finalista concurso nacional de narrativa- Casa de la Cultura de Adrogué. AÑO 2010: 1er. Premio Concurso Nacional de Novela de la Municipalidad de San Martín-Pcia. De Buenos Aires- Integra numerosas antologías, blogs, portales, páginas, nacionales e internacionales.

miércoles, 27 de julio de 2011

Vanesa Cuello


I

cada palabra
me lleva a otra,
y a otra
y a otra más
insuficiente.
así comienza
la larga retahíla de
vacíos.
infestos anagramas
que me comen.




II


la voz se arrulla
al oído para decirle;
“nadie puede cometer
un error y equivocarse”.





III


un calambre
en la lengua
titubea;
no decir
no es lo mismo
que callarse.





IV

acaso entiendas que
hay de mí pedazos.
trozos míos.
humos andrajosos.
asma y obsecuencia.
camino de serpientes
que adhiero a tu ropaje.
todo de mí en tu insomnio.
yo no sueño.
me voy en pesadillas.




V

una mujer
abraza a otra.
se dicen
palabras de amor
y desamor,
cosas obscenas.
una mujer
la toca a otra.
el aire
es más liviano
cuando el beso.
una es ella.
la otra
yo.

Nota: nací en Buenos Aires. Parte de la infancia y algo de la adolescencia viví en Villa Mercedes donde a los 13 años tuve el privilegio de conocer a Patricio Torne. Fue en el taller de Patricio donde encontré el lugar y el espacio que necesitaba para aprender el uso de herramientas que me permitieran decir cómo y lo que quería decir. No sólo encontré un maestro y formador sino un gran, gran amigo.Volví a Buenos Aires, tuve un bar, anduve haciendo un par de cosas (talleres de guión, teatro, etc) Hace cuatro años volví a Mercedes.