domingo, 2 de enero de 2011

Claudia Caisso


Café Müller

La tardanza humedecida del hocico
por encima de la madera, su rocío
de sombra cavernosa, sus arenas…
Me supendía el morder
en aquella vieja toalla roja,
los lamparones de hilos raídos
desde lejos, todavía,
tan de los cajones, de la línea negra
que, a cada uno, preanuncia la muerte.
Ese rasgo, era tu trasto de verdad:
puro reflejo muscular,
en los latiguillos del hueso tensados por la luz
cuando flotabas rítmicamente por el sendero
que iba hacia el galpón con tejas.
Sobre los techos dulcemente fraternos,
husmeando nardos, oliendo a despojo,
a espejo nuestro por el lado de afuera.
Tan de la transparencia del vidrio,
por entrar a la morada
entre los cuerpos oscuros de Goya,
las asas y guedejas de las jarras.
¿Porque para qué mundo
labraban tus gestos
al variar algún “grand-plie” entre gladiolos?
Nunca de alcatraces:: sino del tutú con madreperlas
pequeñitas que te poníamos
para que giraras, para que te dieras vuelta
entre los espasmos de Domique Mercy,
cautivado por la “luna llena”.
Teros que mataste a dentelladas,
desafueros que embestías, otra vez,
líquidamente sereno. Hacinándote,
quebrándote hacia arriba, parecido al animal
que se golpea contra las paredes o cae lento,
antes de ahogarse…


…Cavo mi paciencia menuda de estar al sol
cuando eras quieto, y solo;
lijo claveles de plástico: polillas del estercolero…


(de El tímpano de la epifanía, 2009)









El Cautín

Envuelto al azar por el viento helado,
con el “lewén”, el espejo hacia arriba
de la hoja acerada al aire, en el vaivén
largamente añorado entre pinares
donde la voz de Jorge Teillier
hilará todavía sus “muertes y maravillas”:
el resplandor ya te arrulla,
te abriga hasta ser “arqueólogo”
de la oscura mitad
olvidada, donde habiten para mí
las mismas luces ásperas, las bien frías…

Las que ligan la palabra “Tupambaé”
a la era de una jarra lejana
o a tu talle intacto en el Rincón
que sin embargo te derramaba
elástico, y desde siempre más allá,
en algún corazón de la provincia
de los cien ríos,
o en la tarde del Cautín
yacente entre los cerezos,
con la ternura leal
del telar sostenido por fantasmas,
las ranuras dobles del alma
que tiemblan a veces de pie,
inconsistentes e inocentes,
según quiera cada uno...


Según fuera quieta la lisura de la vida,
llano el llanto y el camino
frágil como la lengua circunvalar
agitándose sin pesar y sin pasar
entre aquellas frases que por entrañables
habrían de nacer también
en los molinos de tu pueblo,
en los silbidos de algún lar de extramuros
con el silencio ensimismándose en las veletas…


(de El tímpano de la epifanía, 2009)







Fiel de lides


Una parábola traza la línea en azul
donde Cadmo ha renunciado a sembrar
los dientes de la ira: el viento estéril
de la piedra arrojada
hacia regiones de cruel rivalidad.

Ese ulular de aves invisibles,
las alas sonoras de las hojas ceñidas
en la humedad de la lluvia, son la miel
del crepúsculo, o de la dicha.

Todavía recibo en el día de mi fiesta
una caja musical. Y veo el confín
de la vida en los seres de ancha orilla :
un puente cortado sobre el río,
la silueta lenta del sonido
alentada por otro movimiento inspirado.


He alcanzado el giro
donde te ovillas perturbada por el brillo
de unos ojos amarrados a la distancia
abierta por la grandeza del animal.


Oigo el renglón enardecido de una voz
- su temblor fragilísimo -,
cuando afirma que es posible “ terminar
con el juicio de dios ”. Entonces, me dejo llevar
por la extrañeza del torrente
alzándonos en el escándalo
de los instantes unitivos.

(de Fiel de lides, 2004)






Kew Gardens

“... the ghosts beneath the trees...”

Virginia Woolf

La nervadura de la muerte,
cuerpo tieso de la polilla
antes zigzagueante
en el alféizar, ajeno a la humedad
de la tierra arada; las redes alzadas
de los cuervos sobre el cielo
¿ serán de este “ estampido de vacuidad” ?...

Así de distante llega
desde otra lengua
la pulsión orgiástica del “memento mori”
que liga el ámbito de “death”,
con el de “ghosts”, y el de “moth” ...


Un jardín engañosamente edénico:
fluyente diálogo recurrente
en tardes de otoño, cuando dejábamos volar
mi estancia larga “ bajo las lilas ”,
en sillitas primorosamente blancas para el té.

A la hora de ser visitada
por el viento de la fantasía,
que era de la más bella letanía
ante la presencia variada de las hojas.
La errancia debajo de napas
de palabras
vibrantes como álamos,
orquídeas resecas, anémonas,
soportadas por el diccionario
hasta la llegada íntima del aria.


Entonces, las voces recordarían
antes de la puerta decisiva,
un único instante de altura:
los sonidos en rápida fuga
hacia el golpe memorable,
hecho de olvido y eternidad...


(de Fiel de lides, 2004)


Nota: nació y vive en Rosario. Se doctoró en Letras en la Universidad Nacional de Rosario bajo la dirección del prof. Dr. Nicolás Rosa. Es investigadora independiente del Concejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario (C.I.U.N.R.) y docente de literatura latinoamericana en la F.deH.yA.
Ha publicado numerosos ensayos en revistas académicas de crítica literaria del país y el extranjero, así como también varias colaboraciones en volúmenes colectivos.
Libros de su autoría: De vértigo, asombro y ensueño: ensayos sobre literatura latinoamericana (2000); Fiel de lides (poemas, 2004); El tímpano de la epifanía (poemas, 2009); Estudios de cultura y literatura latinoamericana (en prensa).

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