miércoles, 29 de abril de 2015

Nerina Durán




La nieta de Carolina

Dicen que
la viuda de la esquina ya está bien
que, ¡qué rápido se olvidan las viudas del marido!

dicen que
el vecino, de jovencito se drogaba
y que se juntó con una minita a los veinte

dicen que
el viejo al que mataron el año pasado
andaba en algo raro

dicen que
hay pica entre Ernesto y Nicolás
y que es por la rubia del Renault gris

dicen que 
el pitbull de otro vecino le mordió la pierna
al pibe de la esquina porque estaba entrando a afanar

y cuando volvía del colegio
escuché que una señora le comentaba a la que iba al lado:
¿Viste Rosa,
lo que le pasó a la nieta de Carolina?

dicen que
a la nieta de Carolina, el gato le arañó la frente
justo el día de la foto del jardín.




Entonces llego a Dock Sud,

y me hago referencia
a doce años atrás
cuando el viejo y yo
mirábamos por la ventana del departamento
y él me explicaba no sé qué de los barcos.

Todavía hay algunas palabras flotando,
barrio,
buque,
dársena,
humo,
gris,
enorme,
dársena de nuevo.

Paso por el puestito de choripan que está entrando al barrio,
ahí en la vereda
nos sentábamos con el abuelo los domingos.

Torre cuatro,
los edificios están desordenados,
pero sé que el del viejo
es el que le sigue a la cabina con la cara del Indio Solari.

No hay gente entrando ni saliendo,
las puertas son horribles,
adentro está oscuro y helado.
Los ascensores tienen espejos.
me miro en ellos,
tengo ojeras, como siempre
y ganas de llorar, pero está bien.

Llego al piso doce y
a penas doblo a la derecha, lo veo.
Él parado ahí, tan igual,
tan esquelético.

Me mira,
empuja el labio inferior hacia arriba,
junta
las cejas,
sube
los brazos
despacio,
me acerco y miro cómo se le mojan los ojos
celestes atrás del vidrio.

Abrazo su grupo de huesos,
en un abrazo que dura doce años
y una columna de lágrimas sube desde el pecho
con fuerza
y
aunque las cosas estén mal en todos lados,
Dock Sud me sigue gustando.




*



Es increíble cómo
se puede hacer tanto 
en la vida
y que el mérito sea
tan poco,
como ese nene
que va sólo al colegio
que carga en la espalda
a demás de la mochila
todo el peso
del siglo XXI,
como quien es poeta
y sabe que
la propia poesía
es una bomba,
que no va a explotar 
ahora
ni va a explotar 
mañana
sino el día
en que ya no espere nada.




Las miras

Otra vez hay problemas
en los departamentos
donde vive mi abuelo
esos chicos
son como las abejas:
si nadie los molesta
ellos no molestan a nadie.
El disparo salió
desde una de las torres
y alcanzó a un policía
en el peaje de Dock Sud
según el diario.
Diez días después
el peaje ya no existe.
Desde el puerto
y con largavistas
se puede ver a los chicos,
infantes concentrados,
apoyados
en los vértices de las ventanas
atrás de las miras
.


A veces te imagino

subiendo por la rampa de la estación 
te hago zoom
te escucho respirar.
Entonces me acuerdo de la terraza,
del color de tu cara 
o de los ojos que se cruzan
tomando una taza de café.
Ahora estás en el andén 
mirando y
jugando con tus pies
después con el cordón de la campera,
con el cierre de la mochila
y así 
hasta que llega el tren,
y vos subís 
y dejás solo en la estación 
al sol,
que rozaba tu mano cuando la arrastrabas por la baranda de la escalera
que rozaba tu sien cuando dejabas de jugar y subías la cabeza
que rozaba tu boca
como la rozan 
mis ojos
cuando no me mirás.




BIo: Nació el 18 de Julio de 1996, en Monte Grande. "El efecto es malísimo", publicado por La Carretilla Roja, es su primer libro.

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