viernes, 11 de diciembre de 2015

Alejandro Marzioni

   


-Hojas-

Esas hojas secas
que cantan en las calles
son como yo.
Viven cantando
y saben que nadie
está escuchando.
A veces pasan llorando.
Y no se detienen
si alguien las ignora,
si hieren su canción.
Pero yo las miro
sin poderles demostrar
mi comprensión.
Yo también estoy solo
y hago canciones.
Mis versos vagan en
las calles, vacilaciones.
Son como las hojas:
los ven
pero no los levantan.
Pero ellos bailan,
lloran, cantan.
Aunque nadie los oiga
seguirán cantando;
bailan,
aunque a veces lloran
cuando están bailando.
Quizás también a ellos
alguien los quiera
pero no los recoja.
Y me esté mirando de lejos,
como yo
cuando miro esas hojas.





-Solitaria silenciosa-

No te importa que acabe un claro día
sin que nadie de ti sepa una cosa:
que has pasado y tu paso no se oía,
silenciosa.

Has pasado con un gentil talento
e invocabas aplausos merecidos.
Has pasado, tu paso leve y lento
no hizo ruidos.

Con sus dulces y anónimos favores
frescos frutos del árbol han crecido.
Aunque nadie conozca sus sabores
han caído.

No te importan jamás a ti tampoco
los elogios de un mundo degradado,
aunque nada se sepa o aunque poco
has pasado.

Las envidias del ego no te atañen
ni te tienta la gloria voluntaria,
nunca dañas aunque siempre te dañen,
solitaria.

Yo te amo, y tú también lo haces,
tu manera de amar la vuelvo mía:
aunque nunca en la vida lo notases
te amaría.

Nadie oía tus pasos cuando viendo
los disturbios pasabas sigilosa,
nadie supo que tú te estabas yendo
solitaria, silenciosa.





-Mi vida es una lluvia de un día muy nublado-

Mi vida es una lluvia de un día muy nublado
que cae lentamente sobre las frías tejas.
Mi esfuerzo por decirme, por retratar mis quejas,
se pierde como el agua de un balde que han volcado.

Mi cuerpo es un naufragio de mares sin tormenta
con olas que no cubren siquiera la cintura.
No tengo ni el consuelo de la literatura
porque escribir me duele pero no me contenta.

Padezco el desconsuelo de la rasgada seda.
Imploro alguna noche de paz para que pueda
dormirme con sosiego mientras la luna brilla.

Yo soy el que se esconde, anónimo inquilino
de quien nunca se sabe si parte o si ya vino.
Yo soy el solitario que vive en la bohardilla.





-Los furiosos-

Y hay más frutas, más inviernos,
más jardines,
y una gota fresca ha caído silenciosa sobre un pétalo celeste.
Ideal que todo fuera tan sencillo como aquello
pero ya la flor se arranca,
alguien grita,
alguien mata, alguien odia
y alguien muerde.
Y qué buscan los furiosos,
y qué dicen los furiosos, los furiosos
qué desfile están haciendo. Y hay más viento,
se armonizan las estrellas
pero ellos han querido embestirlas con su furia.
Con su furia hicieron ruedas,
almanaques,
varias hachas, la escalera, un gobierno pavoroso.
Y qué esperan los furiosos
para ya poder caer
como una gota fresca y silenciosa sobre un pétalo celeste,
y qué buscan
y qué aman
y qué esperan los furiosos
y qué odian que no sea
esa misma condición
que los trepa a dar un salto en sus balcones,
qué maldicen que no sea
su razón mal arrastrada
dando bruscas volteretas, qué no aguantan los furiosos
que no sea la condena de jamás poder
caer
sobre un pétalo celeste
como una gota fresca y silenciosa.






-El dolor-

Una aguja diminuta
traspasó la carne de mi dedo. Qué sencillo
que la piel nos arda, sangre.
El dolor, algo tan grande, ha salido de una astilla,
una uña, un minuto bajo el agua,
la palabra nunca.


Bio: nació en Buenos Aires en 1980. Es poeta y Licenciado en Letras. Escribió varios poemarios que fue publicando en diversos medios virtuales y que decidió mantener inéditos en papel. Los cinco poemas de esta muestra pertenecen, cada uno de ellos, a poemarios diferentes.

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