domingo, 6 de mayo de 2018

Leandro Llull





EN UN SUBTE ALGUIEN LEE A VIRGINIA WOOLF

Una chica alza el mentón hacia la luz quebradiza del metro,
despega la lectura y sonríe bajo el movimiento de los vagones.
Su cara va tomando la forma más bella de la energía
y yo veo cómo sus labios corren con Virginia
a lo largo de una costa paralela al mundo que habitamos.
Entre las nubes van las dos dejando huellas
sobre la arena rumbo al faro que domina la marea.
Pero al llegar, alguien las detiene:
"No tenemos aquí nada para darles,
ustedes no necesitan recompensa.
Han amado la lectura."


ROSARIO

Seguí riendo así, mi sol,
mi ángel rubio en tu materia de alegría,
todo un cúmulo vital agitándose en el aire
como el chorro más festivo de la fuente,
hablándole a la luna cuando te llama
a través de la ventanilla de los autos.
Con los nombres tocá la piedra de este mundo,
bendecilo a cada sílaba, cada tanteo que hagas con la voz.
Quizás todo se apague, mi sol,
la noche nunca está lejana y a veces nos sacude a mediodía.
Quizá la muerte descargue su mejilla helada contra la nuestra,
pero vos y tu risa van a ser las velas, las estrellas
que soporten el peso de la barca oscura.
Seguí riendo así, sol nuestro,
echada sobre el césped en la sustancia primitiva,
y gritá mamai, gritá papai.
Corré, corré hacia el fondo, mi sol,
hacia lo hondo de aquel pino
y fundite con su aura de resina intacta
hasta que nos incendies y nos cures,
vibrante criatura luminosa.


EN UN TRANVÍA ATRAVIESO LISBOA AL ATARDECER

En el fondo, nadie habla mi lengua.
Veo caras y labios que se mueven,
oigo palabras cubiertas por la niebla.
Cuando la forma de las voces ya se fuga,
como se disuelven los contornos de las colinas
sobre el magma del estuario,
el sol es una ostra rosada que se esconde
y nacen en mí pensamientos contra el vidrio.
Ahora estoy afuera.
Escribo.


KARL BLOSSFELDT

Todos los días recorto flores en los barrios y las dejo morir.
Algunas adquieren anonimato, otras fiereza,
ninguna deja de extrañar con locura
el curso frenético de la vida.
Esta, por ejemplo, tiene la potencia de una cobra.
Su capucha se extiende como aletas por los costados
y el pico empuña un veneno de fuego sin deseo.
Capturo los restos con una máquina.
El cuerpo se convierte en una forma sagrada y monocroma
cuya fragilidad toma la forma de la heráldica,
y ante sus figuras metálicas y óseas,
me pregunto si no estaré pagando mis pecados
como un rey Midas.


NORTH EALING

No te satures.
No dejes que tu piel se vuelva una capa inerte.
El mundo se desmorona, es cierto.
Se expanden las partículas en el vacío y nos expulsan.
Pero a esta hora en la estación de trenes
la noche naciente y fría te hace saber
que detrás del cielo hay un más allá del sueño.
Los árboles a los costados de las vías
y el canto de los mirlos que alza
la poca luz dormida sobre tu cuerpo
te trascienden cuando penetra la llama
del ocaso entre las pequeñas casas. Así,
tus poros húmedos, eternos, se abren
a la construcción de la muerte.


Bio: (Rosario, 1983) publicó los libros Disonancia del jardín (EMR, 2009), Horas menores (Huesos de jibia, 2013), A los pibes crudos (VOX, 2015) y Maratón (Ediciones 27 Pulqui, 2016), y el trabajo La lengua en soledad dentro de la obra colectiva Prueba de soledad en el paisaje (Mansalva 2011). Recibió menciones del Fondo Nacional de las Artes en el año 2008 y 2012, el premio municipal Felipe Aldana 2009 y el premio del Fondo Nacional de las Artes 2013, y las becas de poesía  de Estación Pringles (2010) y del Fondo Nacional de las Artes (2011).

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