lunes, 11 de octubre de 2010

Ricardo Daniel Piña


Hoy, la superficie del campo de juego
es un felpudo.
Ya no nos importa nada.
Ni las intenciones, ni el peligro.
Nada.


´ta bien, la fantasía puede ser un cáncer
que se lo lleva todo, pero dónde se oculta, entonces, la ferocidad del sentido.”



“El fútbol no es arte.” Dijo el filósofo argentino Alejandro Dolina,
en un reportaje que le hizo Luis Majul,
el domingo cuatro de junio del año 2006, en su programa de canal 2, La cornisa:
“Y nos vamos a encontrar al final del mundial, en el obelisco, festejando...”

El segundo palo
es el palo más alejado con respecto a la partida de la pelota.
El centro al segundo palo
es el pase hacia el final del arco. (O sea.)
Al extremo del arco.
Centro que viaja por el aire,
desde la derecha,
hacia la entrada de Juampi Sorín, por la izquierda.
No interesa cuántos defensores veas delante tuyo.
Bien parados. Afirmados.
Observando y controlando tu posición.
Porque cuando la pelota viene volando,
todos van calculando y te vas acomodando para que te llegue con comodidad.
De la mejor forma.
Pero cuando ese momento se va acercando,
ya no pensás en lo bien que se va a cristalizar esa combinación ofensiva,
sino que empezás a pensar en llegar...
y no importa cómo
(aunque sea con una uña)...
... y te movés con la trayectoria,
y medís la curva,
el efecto,
la parábola...
y el movimiento, que antes era acomodarte contra el defensor,
se transforma en un salto hacia adelante.
Una zambullida.
No se trata de la matemática ni de la física cuántica.
Esto es el timing.
(La percepción del tiempo y la distancia, incluyendo el movimiento y los tiempos
del rival.
Es algo básico, es como una pulsación. Lo ves o no lo ves. Te pasa o no.)
Confiás en interceptar ese esférico en el aire.
Y en el aire, el balón choca tu cabeza.
La pelota te machuca el pelo, la piel de la frente.
El agua pegada a la bocha, el barro y el pasto te golpean los ojos.
Eso no es arte, Alejandro.
Eso es amor.
¿Pero te acordás, Alejandro, cómo era...?
¿Cómo era ver la profundidad; esa superficie desde el aire?
El arquero manoteando el aire, tu marcador que no llega.
Las líneas señaladas con cal, el barro casi seco...
Los compañeros y los rivales que estaban cerca son manchas de colores caídas por el piso...
Y uno seguía siendo uno, pero transformado en una bestia sin alas
que iba hacia eso redondo que volaba.
Y después sentir que vos seguías en el aire y la pelota iba entrando...
Y no tocabas el piso y ya estabas gritando...
Caías al lado del palo.
Llegabas a la tierra.
Juampi está levantándose del piso. Con las manos húmedas de barro y con pasto.
Lo abrazan Hernán, Javier y Román... (Y llegan los demás...)
Todos miramos la tele y gritamos el gol enloquecidos.
Algunos se tiran al piso. Fatal.

Esto es algo transparente para ver el mundo.
Otra vez., distinto.
O nuevo.

Pero eso no es arte, Alejandro.
La magia no es nada, si uno lo piensa,
pero siempre es algo.

De “Pekerman Saborizado”
Epígrafe de Javier Adúriz
( Buenos Aires – 1948)







La consecuencia de permanecer
incólume, sumido en la hermosura.


El pez anaranjado, encerrado en la pecera, sigue siendo un gesto del mar. Siento tu presencia en la equivocación permanente de las noches.
La enseñanza sería:
“Las cosecuencias de perseverar en la hermosura. (?)

Las distancias se han acortado. Y el océano está copiado, dolorosamente.
El tiempo es diferente. Las cosas quieren semejarse en la pecera.
Todo pretende aliviar el sufrimiento.

Cuando el pez respira y abre sus branquias,
comprendo que no es el mismo sorbo de agua.
Todo es una copia fantasmal. (Una prisión transitada por objetos.)
Esto hace declinar mi amor.

"Después de hoy
nada volverá a ser igual. ¿Lo sabías?"
Me dijiste.
Te respondí que sí. Como diciéndote
que me da seguridad volver a
la pecera.

¿Qué estamos tratando cuando nos devolvemos las miradas?

Nunca volveré
a sentir esa emoción
salvaje
por contemplar las marcas que dejaron los anzuelos en tu piel.

De “Poemas a Mario”
22de mayo de 1999







“La lengua es producción”. H de Campos.


El uso del lenguaje en el pensamiento, en la comunicación,
en las ideas es producción.
Produce capacidad poética. Ganancia y beneficio.
Nos produce como humanos. Produce felicidad.
Producir es estar dentro del sistema.
Producir es no quedar excluido,
es estar y formar parte del sistema.

El sistema carcelario propone justamente lo contrario.
Anula la producción.
Te aparta del sistema.


El razonamiento positivista y segregador sería:
si vas contra el sistema , que es el soporte de las individualidades que forman el capitalismo, te sacamos la libertad en el cuerpo.
Te privamos del lenguaje.
Te alejamos de la capacidad de producción.

Viernes 23 de abril de 2010.
Ricardo Daniel Piña
Buenosayres Miserable
Para Alejandro y Alberto compañeros del taller en la U.23 –
rdpina@yahoo.com







Eso que nunca deja de ser asombroso entre María y Multilith.



Como escaleras negras empetroladas como cormoranes caídos en las playas patagónicas y agonizando de veneno negro, nos llevarán siempre al cielo de las palabras, y sabrán decir a tiempo que ésta es la tarea de imprimir el libro para la enseñanza de los niños argentinos, por el gran maestro y mejor poeta Ernesto Camilli. Me llevará una ráfaga de petróleo, tolueno o xileno.
Perfumes gruesos y rústicos como piedra nocturnas.
Oscuras y negras con brillos azules.
Químicos para limpiar los elementos de impresión: desengrasantes, solventes, goma arábiga, correctores. El balde de agua está asfixiándome de tanta sustancia que se disuelve y forma figuras psicodélicas que se componen en seres imaginarios recurrentes y familiares. Y ella en la luz sucia y filtrada por el color de las palabras de témpera del ventanal de la calle, sigue enchastrada de tinta negra.

Todo comenzó hace mucho tiempo.
Aprendió a operar la imprenta a fuerza de observar y preguntarle a Renzo
(el imprentero) absolutamente todo. Y desde esas escaleras negras se animó a subir y usar lo que había aprendido y rampas oscuras aceitosas de cuentos bellatinezcos, o en novelas mejicanas pachequenses supo que sería la llamada que se esperaba. Supo que la poesía lamborghinesca no es solamente poesía, si habla de historia de civismo de ideología de multitudes de fragor civil de odio terrestre. Supo que desde chile nos atraviesa el poema millanezco. Contundente y precavido de las garras del facismo.

Cada tizne en sus mejillas y su nariz es su forma de renunciar a la belleza desordenada y fácil. Disfrazada de operario con su musculosa blanca, su atracción endemoniada, y el cabello suelto en off-set.
El papel doble carta booksel llegará por un extremo. La imagen atravesará
las pupilas de los que asistimos a tremendo espectáculo de la producción de plusvalía hasta llegar al recipiente que retiene uno de los papeles más refinados
que acompañará las sensaciones increíblemente suaves y hasta celestiales que ése color despierta a la lectura y al tacto.
Sus dos bebés cariñosos debajo de su escote se moverán de lado a lado dejando túneles subterráneos en la cordillera de los Andes anegados de poesía chilena y peruana. No hay límites en Atacama.
¿Quién de todos nosotros puede embanderar la luz descompuesta en prismas que atraviesa el ventanal? ¿Quién resistirá hasta soportar el extremo del odio entre los hermanos peruanos y chilenos en la guerra del guano?

Booksel, te digo:
esos dos coquitos redonditos hermosos debajo de su remerita blanca musculosa está apenas manchada de tinta negra de operaria imprentera.
Doble carta, booksel, te repito: el silencio es la bandera de nuestros compañeros que se proyectan desde sus corazones a un poster erótico de gomería de la calle Warnes.
El silencio es la máquina impecable y perfecta que reduce los trofeos, la vanagloria, a lo que se debe hacer, y nada más.
El perfume a tolueno o a solventes que se usan para descongestionar los mecanismos repletos de tinta de la máquina reproductora de palabras fósiles,
me parte la nariz. Me lima las neuronas y me hace soñar emborrachado.
Me alucina.
Me duerme.

II-

La oscuridad de los verdes y rojos se atreve a persistir en tres rodillos de caucho. Lentitud es enmudecer al descubrir el alimento de las palabras en un extremo.
Casi con el respaldo del empuje, se provee de la corriente de 220 voltios que salen de la pared. La ventana, la puerta abierta de par en par, todos miramos, absortos.
El arrebato está en nuestras fosas nasales y el lóbulo frontal que llena el universo
de telones negros de tinta y de las letras.
Ella se refrega la manos una y otra vez entre sí, con crema limpiadora.
Se le fabrica una pasta astringente que remueve cada resto industrial.
Se enjuaga con agua.
Se seca con papeles usados.
Acomoda su pelo y sus ideas.
Vuelve a la música blanca del contraste.

III-Cuando sueño con la manía de acercarme a los rodillos hasta que me retuerza los dedos, recién me fijo en la bomba de succión. Debajo de lo aparentemente indispensable. Si es como el hígado de la multith, es la esperanza del alimento.
Succiona el aire por unos tubos de silicona hasta el otro extremo, que termina en unos delicados “chupetitos” que apoyan en el papel.
Se balancea desde arriba hacia abajo, hasta la bandeja de papel doble carta.
Baja. Apoya. Succiona. Levanta el papel. Todos miramos invadiendo con la mirada
y las opiniones el increíble cuerpo metálico de María y la máquina.
Las significadoras de los mundos.
Somos Aira, Piglia, Lamborghini. Cucurto. Caicedo. Casas. Calveyra.
El papel es soltado al subir. Se suspende la succión y los cuhupetes vuelven a bajar.
Son dos, uno en cada extremo.
Todo el transcurrir de la operación es de tres segundos...

Los engranajes y el aceite. La constante peregrinación de las palabras que salen debajo de la plancha de chapa impregnada de tinta y texto. Reproducción.
Las hojas de papel son estrujadas por el primer par de rodillos.
Se deslizan a lo largo de la máquina. Y caen a las fauces de los juegos del caucho. Juegos de giros y contragiros.
Si tu corbata terminase chupada por los rodillos, en dos segundos, tu cabezota de pepino sería un puré de huesos y ojos.
Todo sería una gran piscina de sangre.
O la alternativa de una muerte por estrangulación con la corbata.
No miramos la luz. Entrecerramos los ojos.
La calle es la habitación de un barrio obrero.
Todos pensamos en lo que debería ser.
Y los resultados se van pareciendo a eso.
La vuelta de Rocha a pocas cuadras. Los resultados se parecieron a la valentía de nuestros antepasados patriotas.

La vuelta de Rocha es un gran charco de 1000 metros de diámetro.
Parece el pozo donde Ale, Juan, Myriam o yo, vaciamos el balde de agua donde María estruja la esponja con que limpia constantemente los rodillos entintados.
La lubricación me parece que es la finalidad última.
Lubricación es amor.
La garantía máxima de satisfacción es el deslizamiento, no la fricción.
La fricción desgasta las superficies de los cuerpos.
Deslizamiento es apoyar pero no intervenir sobre las moléculas de materia
de las superficies en cuestión.

Vuelta de Rocha.
Alcanzo a ver las casas en el otro margen del “Arroyuelo”.
(El “Tano” de “Gris de ausencia” asociaba rápidamente riacho con arroyo en una mala jugada del latín.)
Cuando miro, siempre hago el mismo cálculo: podría llegar nadando hasta el otro lado, pero me ahogaría al clavarme en tremenda inmundicia putrefacta, tóxica y espesa como un guiso de porotos y mondongo.

La vuelta de Rocha.
Los patriotas del cabildo creo, ¿o había sido uno de los gobiernos de Rosas?
Deciden ponerle resistencia a la invasión y al atropello y colocan barcos
sujetados unos al lado del otro con cadenas.
Creo que fueron los ingleses que tuvieron que volverse al río abierto porque estando a tiro desde la costa, los patriotas descargaban sobre los yonis rubios todo el odio de la resistencia.
Hoy igual nos siguen robando y los dejamos seguir llegando con sus empresas, pero eso es otro tema.



Nota:Ricardo Daniel Piña. Capital Federal. 22 de agosto de 1962.
Incluído en una antología de poesía joven argentina de Ediciones Del Dock (1995) “Poesía En La Fisura” antologada por Daniel Freidemberg.
Participa de la “Historia de una editorial latinoamericana y antología de jóvenes autores.” (Bilingüe)
de Eloísa Cartonera. Editada por Akademie Schloss Solitude, Stuttgart, Alemania.
Se desempeña en calidad de trabajador del libro artesanal en el proyecto editorial solidario “Eloísa Cartonera”. (Aristóbulo del Valle 666, La Boca, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.). Desde el 2004 hasta el 2007. Y egresó de la primer escuela latinoamericana de agitadores culturales de Washington Cucurto. Se fue de Eloísa en mayo del año 2007 e ingresó nuevamente en noviembre del año 2008.Publicó en Eloísa Cartonera, Sentimiento Bielsa-2005- Ortega No Se Va-2009 y La Bicicleta-2010-

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