domingo, 26 de septiembre de 2010

Valeria Tentoni


PUERCOESPINES (inédito)

Y alguien se fía de mí,
alguien cree que no le miento.
Hay un lugar en mi cuerpo
que se llama vejiga, donde van a hacer hueco mis terrores,
paletas de nácar.

A veces cuando tengo demasiado
tengo
la sensación de un panal en el estómago,
con su abeja reina madre puerca espina.

No, yo no le mentí a nadie, todavía.
No dije de ciertos asuntos sus bordes celestes ni cosa parecida, hay
veces que preferiría el himen muerto a tus córneas.
Lo juro.
¿Se puede jurar en un poema?

Estoy arremolinada en el lomo de mi cuerpo
como un estropajo que intentase darse forma, versión o guarismo:
pero las matemáticas son para mí como monstruos negros
como esas bocas hembras bocas voluta de humo.

Y alguien cree en mis escombros, alguien
todavía se obnubila,
cimienta su fraude privado.

Yo no te merezco, voy a decirlo para que te lo aprendas como un ábaco.

Yo no te merezco, y nadie va a darte una certeza igual de redonda.
Apenas sé mecerme, apenas sé de las hamacas
su margen liviano,
quién te dejó ciego antes de mí,

de esta urdimbre de celofanes secos.

A nadie le debo las gracias ni
la placenta.

Más bien, diríase que alguien que pinta sus ojos con astillas me está en mora
y sus piernas me acechan.

No, yo dije que no había mentido tanto, no dije que nunca ni dije
la corrección como una cabra vencida en la pampa seca de un solo disparo
y todavía en el polígono mi padre me pide que apunte al piso
que nunca, pero nunca, levante el arma
que tenga respeto pero que, mejor, tenga miedo
que cuanto más miedo se tiene menos errores y más cerca
del cuerpo los codos

como para almorzar, a tientas, con las servilletas bajo las axilas
sin que los cubiertos hagan rechinar la cerámica sin
que las flores que alguien les bordó con tinta azul se desmenucen
sin que nadie chiste ni pida postre.

No, yo no dije que mintiese tanto, no dije de mí una sola cosa todavía.

El poema es un panal de abejas en el que se cuecen los hábitos

y la puercoespina, la muy madre, la muy cabra,
zumba dentro de la balacera su iracundia.

No, yo no dije que hubiese mentido,
hubiéramos hecho un pacto de muerte, los ábacos
no saben decir la palabra infinito, todavía
no se atreven al cero.

Creo que todo fue un asunto de matemáticas y salitres y yo no tenía
menos miedo al océano
como una postal de la Grecia que me dieron, sin haber
conocido los hexágonos primero:

Grecia, un nombre para mi hija

pero habrá que advertirle de su madre
que un día se tragará sus huesos sin que las servilletas se caigan
de debajo de sus axilas.


Nota: Bahía Blanca, 1985. Finalizando la carrera de abogacía en la Universidad de Buenos Aires, es investigadora y ayudante de cátedra en esa casa. Publicó su primer cuento a los once años, en un suplemento infantil del diario local. Se formó en el taller literario de Alberto Laiseca. Colabora con reseñas, entrevistas, cuentos, poemas y notas en publicaciones y suplementos culturales de Argentina, Chile y España. Fundó y dirigió la revista La Quetrófila (2007-2009). Es parte del equipo de la revista El Monstruo de la Ría. Publicó el poemario Batalla Sonora (Manual Ediciones, Rancagua, Chile, 2009). Web: www.valeriatentoni.blogspot.com

6 comentarios:

  1. Vale, me encanta TODO lo que escribís. Soy tu fan!
    Besos.

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  2. Ea! Vero, ¿nos conocemos? ¡Muchas gracias!

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  3. Es el segundo poema que leo de Valeria y me gusta muchísimo su estilo.

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  4. buenisimo. genial valeria.te felicito.me encanto el ritmo si se puede llamar asi.

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